Light
Dark

Remembranzas diplomáticas: La inauguración del nuevo canal de Suez -Realidades alambicadas y embrolladas 

Así las cosas, y como casi siempre en aquella región del mundo, lo que se ve no es necesariamente lo real, ya que puede tratarse de un espejismo

El bien social es lo que trae paz a las familias y a la sociedad

Proverbio egipcio

Cuando se inauguró el “nuevo” canal de Suez en 2015, la situación en la región era sumamente complicada, y diez años después sigue siendo complicada y, como siempre, de enredada compresión. En todo caso, y sin la pretensión de hacer un riguroso análisis académico preciso y certero, en aquel momento había convergencia de intereses entre algunos enemigos jurados, por lo menos en público, porque países como Arabia Saudita, Kuwait y otros del golfo Pérsico coincidían con Israel en querer estabilizar Egipto, eran contrarios a Irán, pues querían impedirle que llegara a tener armas nucleares y no aceptaban su apoyo a Hezbollah (que significa Partido de Dios), y a Hamas (acrónimo del árabe Harakat al-Muqawamati al-Islamyya, que quiere decir resistencia islámica). Además, en Yemen, Arabia Saudita y otros países del golfo Pérsico combatían indirectamente a Irán. 

Asimismo, Arabia Saudita y otros países de la región se enfrentaban, y siguen enfrentándose, a Irán por el profundo cisma entre sunitas (proveniente de la expresión Ahl al-Suna, que significa gente de la tradición), y chiitas (derivado de la palabra shi’a que quiere decir partidario o facción), que viene del siglo VII por la sucesión del Profeta Mahoma, pues para los primeros el sucesor lo debía escoger la comunidad, pero para los segundos el líder era Ali, primo y yerno del Profeta. 

En todo caso, mientras que Israel y Egipto eran contrarios al Estado Islámico, cuyos grupos afiliados actuaban con tenebrosa violencia en algunos países de la región, la posición de algunos países del golfo Pérsico no era clara, pero Irán también era contrario al Estado Islámico y su apoyo a las milicias chiitas que luchaban en su contra en Irak, según el decir de algunos analistas, era efectivo. La coalición occidental liderada por los Estados Unidos era contraria al Estado Islámico y en Siria apoyaba a los opositores al presidente Bashar al-Assad, pero Irán lo apoyaba. 

Pero las cosas no  terminaban allí, pues Turquía, flanco oriental de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), era también contraria al presidente el-Assad, y si bien en un primer momento había tenido una actitud un poco ambivalente frente al Estado Islámico, después había bombardeado algunas de sus posiciones, aunque algunos observadores insistían en que se trataba de ataques al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo), que luchaba contra Turquía para lograr un Estado independiente. No obstante, Turquía había desarrollado relaciones estrechas con el Kurdistán iraquí que combatía de manera efectiva al Estado Islámico, pero sus relaciones con Israel, cercanas en una época, habían comenzado a enfriarse. También se había distanciado de Egipto por la postura del presidente turco ante el golpe de Estado que había depuesto al presidente Mohamed Morsi, y desde hacía poco, en aquel momento, permitía a los Estados Unidos el uso de la base aérea en Incirlik para bombardear posiciones del Estado Islámico.

Y mejor ni entrar a considerar Afganistán, Irak, Libia, que como Somalia parecía un país sin Estado, Mali, Sudán, el sur de Argelia y el problema entre israelíes y palestinos que nunca encuentra solución. 

Así las cosas, y como casi siempre en aquella región del mundo, lo que se ve no es necesariamente lo real, ya que puede tratarse de un espejismo, y la distancia más corta entre dos puntos definitivamente no es la línea recta.

En su discurso, el presidente, ya sin el uniforme militar con el que llegó a bordo del yate, destacó la batalla que había librado su país contra el terrorismo, y dedicó bastante tiempo a este delicado y espinoso asunto. El objetivo de su discurso era demostrar a nacionales y  extranjeros que el gobierno controlaba la situación y que la inestabilidad era asunto pasado, pero que un golpe de Estado había sido inevitable y necesario para evitar el caos al que el islamismo radical conducía al país. De esta manera, según su decir, Egipto estaba a la vanguardia y en la primera línea de la batalla contra esa forma de terrorismo y, por lo tanto, el mundo debía reconocérselo y agradecérselo.

La manera en que pronunció su discurso, interrumpido por las estruendosas sirenas de dos enormes portacontenedores que cruzaban el canal, fue también para involucrar al pueblo egipcio, pues desde el inicio dijo que le hablaría directamente y que por eso no leería el discurso que le habían preparado. Así, recalcó que la obra de ampliación se había financiado a 100% con recursos egipcios y que se trataba, como decía el lema de la inauguración, de “el regalo de Egipto al mundo”. También hizo hincapié en los grandes proyectos económicos que llegarían como resultado de la obra, en una zona de 500 kilómetros cuadrados a ambos lados del Canal, 100 para actividades portuarias y 400 para instalaciones industriales e inmobiliarias.

Algunos observadores consideraron que el método ideado para financiar la ampliación del Canal había sido brillante porque había logrado amplia participación de la población, mientras que otros coincidían en que había sido brillante, pero para manipular a la población atizando el nacionalismo y el sentido de grandeza del país: se emitieron bonos que producen intereses, pero que solo los egipcios, individuos y entidades, podían adquirir. En solo seis días se había recaudado la cantidad requerida para financiar la obra: 8,200 millones de dólares.

Durante la ceremonia, algunos participantes dijeron, sotto voce, que, si bien era cierto que la ampliación se había financiado con fondos egipcios, no había que olvidar que en marzo de ese mismo año 4 países del golfo Pérsico habían anunciado que darían a Egipto una ayuda económica que sumaba 12,500 millones de dólares.

Ahora bien, algunos participantes en la ceremonia dijeron que la ampliación del cañal era algo así como un costosísimo espejismo, pues prácticamente todo el comercio entre Asia y Europa ya pasaba por allí, y que para llegar a las cifras que Egipto vislumbraba el comercio tenía que crecer de manera exponencial. Otros comentaron que lo invertido en la ampliación hubiera sido mejor aprovechado en renovar la vetusta infraestructura del país, vial y ferroviaria, por ejemplo.

Todo impresionante, sin duda, grandes proyectos y enormes aspiraciones, pero con un telón de fondo complicado, pues durante la celebración el Estado Islámico había hecho saber que ejecutaría a un rehén croata que había secuestrado en las afueras de El Cairo, y el 12 de agosto se supo que había cumplido su amenaza. 

Abogado y exdiplomático

Patrocinado por Taboola