Tal como seguramente hace un año, se planteó sus expectativas para el 2025 y revisó las realidades del 2024, en estos días viene bien pensar en las expectativas para el 2026 y si las del 2025 pudieron convertirse en realidades y cuáles no fueron posible.
Pero eso, no es ni bueno ni malo; es como es, lo que hay y no más, pero si usted hizo todo lo que pudo, nadie le puede exigir más, pues las cosas ni son fáciles ni gratis ni de un día para el siguiente.
¿Y qué hacer para el 2026? Definir sus expectativas en términos medibles, observables y prever los recursos y el tiempo para realizarlas.
Si quiere ampliar sus conocimientos en alguna materia, defina el curso que quiere hacer, los días que estudiará, las horas que le dedicará y si es presencial, el tiempo que requerirá, el dinero para los materiales y el medio de transporte.
Si su expectativa es bajar de peso para recobrar su figura, escriba cuántas libras quiere bajar, cuánto tiempo hará ejercicio en su casa y qué dieta decidirá para mantenerse en forma y con salud física y mental.
Si no dimensiona sus expectativas, cualquiera de las variables, que por alguna razón no la disponga, será la autojustificación, para seguir sin haber realizado el curso, y seguramente, con más sobrepeso.
Para las expectativas de hace un año que cumplió, pregúntese por qué fue posible y refuerce su actitud y habilidades que le sirvieron para conseguirlo…
Y de las que no fue posible, cuáles fueron las causas que dependiendo solo de uno y sabiendo que eran importantes, las pospuso y volvió a posponer.
Es importante analizar, si lo que se propuso y no realizó, en realidad y en el fondo, quizás no lo quería hacer.
¿Eso es posible? Sí. Y la razón es lo que hoy sofisticadamente llaman «procrastinación», que en la versión sencilla, como decía mi abuelo, es «huevonería», o como dicen los especialistas en el estudio del cerebro, se trata de una enfermedad cerebral… Yo creo, que todo lo que hacemos, bueno y menos bueno, tiene su origen en los instintos, la voluntad, buena o mala y las satisfacciones que se desean tener que nos motivan a realizar lo necesario para alcanzar las expectativas.
La sabiduría del sentido común enseña: «No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy»… Pero a los que mi abuelo califica de «huevones», su principio es posponer para «pasado mañana», así se aseguran de que mañana por alguna razón no lo harán. Y así, posponiendo y posponiendo, se pasa el año.
Otra cosa, ya empezó a resonar «Yo no olvido en año viejo» porque me ha dejado cosas muy buenas: me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra…». Por si no lo sabe, la escribió el compositor colombiano Crescencio Salcedo y fue popularizada en 1953, hace más de 70 años, por Tony Camargo.
Por un lado, todos los años en todos los países y en todos los idiomas vuelve para Navidad, «Noche de paz», y para fin de año en el mundo de habla hispana, «Yo no olvido el año viejo».
Pues haciendo balance antes del «treinta y uno», piense cuáles fueron para usted las cosas buenas que le dejará el 2025: la chiva, la burra negra, la yegua blanca y la buena suegra.
Pero como también hubo –y nos pasa a todos– cosas menos buenas, lo conveniente es: de las buenas, recordarlas y potenciar las habilidades, y de las menos buenas, no calificarlas como fracasos, sino como lecciones aprendidas y prever que no sucedan más.
Pues sí, amigos, reciban mis mejores deseos por un mejor año para todos y para nuestro pequeño y querido gran país.
Ingeniero
Todo es más fácil y más sencillo con sentido común.