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Quieren obligar a periodistas a revelar fuente sobre rescate de aviador de EE.UU. en Irán

El secreto profesional de los periodistas está protegido por la legislación en varios países y pretende precisamente que los informadores y sus fuentes no estén expuestos a represalias del poder u otros sectores.

Un peligroso precedente contra la democracia y la libertad de prensa y expresión se sentaría si periodistas son obligados por el Gobierno de Estados Unidos a revelar la fuente de las informaciones sobre el operativo de rescate de un aviador en Irán.


El propio presidente Trump anunció ayer que llegaría hasta ese extremo para saber quién fue el funcionario que habló con los medios.


Hacerlo sería un retroceso que hablaría mal de la democracia estadounidense y un funesto ejemplo para los autoritarios y dictadores en potencia que pululan por estas tierras y que cada vez amenazan más las libertades de prensa y expresión, a los periodistas y a los medios.


EE.UU. rescató este fin de semana a dos pilotos de la Fuerza Aérea de territorio iraní después de que el caza en el que volaban fuera derribado por las fuerzas militares de ese país.


Pero el viernes por la tarde varios medios de comunicación, incluyendo el diario The Washington Post y el portal Axios, informaron, citando a funcionarios del Gobierno anónimos, sobre el rescate de uno de los pilotos y que el segundo seguía desaparecido dentro de Irán.


“Vamos a encontrar quién fue, es seguridad nacional, y la persona que hizo el reportaje irá a la cárcel si no lo dice”, dijo Trump y acusó a los funcionarios que filtraron la información de haber complicado el operativo.

En estas tierras ha habido reiterados intentos por abolir el secreto profesional de los periodistas, que está protegido por la legislación en varios países y pretende precisamente que los informadores y sus fuentes no estén expuestos a represalias del poder u otros sectores cuando revelen los abusos o la corrupción del poder.


Los gobiernos alegan que están obligados a investigar o impedir que se compliquen operaciones, pero su obligación es hacer su papel y tomar sus medidas, como el papel del periodista es investigar e informar con ética. No es sano llegar a extremos y retrocesos.


No hay duda de que a los regímenes autoritarios les pican las manos no sólo para censurar, sino también para, si pudieran, entrar a las conciencias de sus críticos y opositores y escudrinar sus pensamientos. Como no pueden hacerlo, paren engendros de leyes absurdas o decretos para obtener las fuentes de los periodistas a toda costa. De esa manera no sólo están obstruyendo el trabajo de los periodistas, sino el derecho de todo un país a saber cómo están procediendo los gobiernos y a exigir que rindan cuentas de sus actos.

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