Este domingo iniciamos la preparación espiritual. Retomemos el calendario de Adviento, la corona de Adviento que nos invita a sentir la diferencia de la época haciendo una oración y encendiendo una vela por cada domingo.
Este domingo iniciamos la preparación espiritual. Retomemos el calendario de Adviento, la corona de Adviento que nos invita a sentir la diferencia de la época haciendo una oración y encendiendo una vela por cada domingo.
La palabra Adviento proviene del latín adventus Redemptoris, que significa “Venida del Redentor”. Es el tiempo en que la Iglesia católica se dispone a prepararnos para acoger a Cristo que viene, recordando su nacimiento en Belén (o, si lo ubicamos mejor, en la tristemente conocida zona de guerra en Palestina). Es un tiempo que invita a mirar hacia adentro, a fortalecer la fe y a abrir el corazón para recibir al Señor.
El primer domingo de Adviento nos recuerda la promesa de la venida del Mesías, el Niño Dios, Jesucristo, y nos invita a mantener viva la confianza en Dios. Hasta aquí la introducción religiosa; sin embargo, revisando, llevo cinco años escribiendo en esta época, y posiblemente muchos saben y comprenden más que yo esta preparación. Pero aquí hago la unión con lo que vivimos a diario, y vale la pena revisar cómo está nuestra relación con Dios: si nuestro corazón es un lugar digno para que el Señor toque a nuestra puerta, o si nuevamente no pasamos de ritos externos.
Hemos tenido casi un año para prepararnos; sin embargo, parece que los católicos nos vamos enfriando. No entendemos que no deben existir fechas especiales ni fiestas religiosas para estar preparados para recibir a Dios. Este momento es una oportunidad para que cualquiera pueda acercarse a Él, viendo su dulce rostro en el indigente, en el sufrimiento del enfermo, en la persona que espera la noticia de un trasplante renal y ya tiene un donante, en el enfermo con cáncer que libra la batalla, en las familias que viven el duelo por la muerte repentina de un ser querido —como en un accidente de tránsito o un infarto—. En fin: tantas formas de ver y aprender a valorar la vida.
No se trata solo de pensar, sino de actuar. Puede ser poco, pero para quien lo recibe será mucho. Es hacer algo por el migrante, el recién deportado —haya hecho bien o mal—, por los ancianos de los asilos. Aquí hago una pausa: en noviembre y diciembre las agendas de muchos asilos están topadas para “hacer caridad”. Entonces, ¿hay que esperar hasta Navidad para acercarnos, unir esfuerzos, visitar un asilo y llevar alegría?
Lo mismo ocurre con los hospitales. Hay muchos niños ingresados, y siempre se piensa solo en un hospital “por excelencia”, pero todos los hospitales de la red tienen niños internados. También allí se puede llevar un momento de alegría.
Pero ¿todo esto es lo único que sirve para prepararnos espiritualmente? ¿Estamos preparados para recibir a nuestro Señor? Cada quien debe responderse. Tenemos dos opciones —no hay más—: una es seguir las huellas que deja a su paso nuestro Jesús e imitarlo en todo. Nada fácil, pero hacerlo, como acto de amor, nos dejará sin duda un corazón preparado para recibir a Dios. No sabemos cuánto tiempo viviremos, por lo tanto, nuestro “personal Primer Domingo de Adviento” no debe regirse por fechas, sino por ver cómo nuestra vida se vuelve cristocéntrica, dando inicio a una época que no solo es luces, fiesta, árboles de Navidad, convivios, cenas navideñas y toda clase de actividades que no son malas, pero no deben marcar las fechas. Es momento propicio para girar alrededor del amor de Jesús, como inocentes niños que dan vuelta y vuelta en la rueda de caballitos. Así debe ser nuestra vida: inocente. Si es inocente, es porque vivimos en total comunión con lo que agrada a Dios, y seremos nosotros los ganadores de ese amor infinito que Él nos prodiga.
La otra opción, y la más común, es recibir al Señor desde el paganismo. Por eso invito a proponernos una preparación diferente para esta Navidad. Y qué mejor momento que este primer domingo de Adviento, para vivir una época en la sencillez que agrada a Dios: una cena sencilla, una linda tertulia y una oración en familia, dando gracias por permitirnos celebrar su nacimiento.
Que esta época sirva de guía o de reflexión para alguien, para que vivamos estas fechas con todo el amor y con toda la preparación para el Señor. Que esta Navidad sea el ejemplo de lo que debemos hacer cada día de nuestras vidas, donde Dios sea el invitado especial a nuestra mesa, nadie más.
Este domingo iniciamos la preparación espiritual. Retomemos el calendario de Adviento, la corona de Adviento que nos invita a sentir la diferencia de la época haciendo una oración y encendiendo una vela por cada domingo. Que este año los temas de conversación no inicien hablando de la última y más adictiva serie de televisión de tal o cual plataforma, como si esa fuera nuestra carta de presentación. Invito a retomar la tradición de los nacimientos: nos recuerdan a Jesús niño, a su llegada a esta tierra, y a través del nacimiento y la imagen del Niño Dios, que está ahí frente a nosotros, podemos elevar una oración de gracias y pedir por tantos olvidados: los enfermos terminales, los lesionados por accidentes de tránsito, los privados de libertad, las familias desintegradas y todos aquellos que no conocemos, pero que quizá también necesitan una oración. Posiblemente su oración sea para mí, y mi oración sea para usted.
Médico.
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