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«Que 20 años no es nada» en el tiempo universal

El tiempo pasa y de pronto descubrimos que ya no hay tiempo para desandar los veinte abriles; las veinte estaciones del tranvía llamado destino. Se agotan en el verso las dos décadas perdidas del amor.

“Que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombra” decía el “Caruso” inmortal del tango, el franco-argentino Carlos Gardel. Y es que para los 13,500 millones de años, aproximadamente, que suponen tiene nuestra galaxia, veinte años es un espacio totalmente imperceptible en el tiempo cósmico. No importa lo que hayamos vivido o dejado de vivir. Era más breve la ópera de la vida, de lo que habíamos imaginado. Y así más pequeña nuestra grandeza. Era más breve el tango de los veinte años perdidos. Era fugaz al fin, la edad del bandoneón. La Sierra Madre (Miramundo, Las Pilas, el Trifinio) tiene según los geólogos 82 millones de años, en tanto la cadena volcánica 18 millones. En tanto verso del tango ¡apenas veinte años! Y al volver la mirada errante hacia la disipada veintena de anuarios, descubrimos que era más corto el camino y más desnudo el desengaño. “Amores de estudiante, flores de un día son” decía el tango. Lo mismo que nos dice la vida a los humanos capullos de la floresta. El tiempo pasa y de pronto descubrimos que ya no hay tiempo para desandar los veinte abriles; las veinte estaciones del tranvía llamado destino. Se agotan en el verso las dos décadas perdidas del amor. Se agotan los veinte soles de la nostalgia. Es cuando comprendemos la verdad de que la vida es “hoy” y que la vivas ¡Ahora!

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