El Salvador atraviesa un momento clave en la revisión y actualización de sus libros de texto escolares. Esta tarea no es únicamente técnica o pedagógica: está profundamente ligada al tipo de sociedad que queremos construir para los próximos años. En un mundo marcado por crecientes tensiones, discursos de odio y expresiones de xenofobia contra las personas migrantes, nuestro país tiene la oportunidad de dar un paso distinto: educar para la comprensión, la inclusión y el respeto a la diversidad migratoria.
Durante décadas, la experiencia migratoria salvadoreña se ha contado principalmente desde la salida: quienes se fueron, las remesas, las historias de quienes buscaron oportunidades lejos. Hoy, sin embargo, la realidad se ha complejizado. Estamos viendo el retorno de personas salvadoreñas y de sus familias, incluyendo niñas, niños y jóvenes que nacieron en otros países y que traen consigo idiomas, acentos, costumbres y referencias culturales diversas. Al mismo tiempo, por el nivel de seguridad alcanzado en los últimos años, El Salvador comienza a perfilarse también como un posible país de destino para personas migrantes de otras nacionalidades que buscan un lugar más seguro para vivir y rehacer su proyecto de vida.
En este contexto, los nuevos libros de texto no pueden seguir pensados únicamente para una población homogénea y estática. Es urgente que incorporen la realidad de la migración de retorno, la presencia de personas migrantes en tránsito y la posibilidad de que cada vez más familias extranjeras decidan establecerse en nuestro territorio. La escuela será el primer espacio donde muchas niñas y niños retornados, o hijos de migrantes de otros países, se encontrarán con sus pares salvadoreños. Lo que pase en esas aulas marcará su sentido de pertenencia y la forma en que serán vistos y tratados por la comunidad.
Si los contenidos educativos ignoran estas realidades, se deja espacio para el prejuicio, la burla o la discriminación cotidiana. En cambio, si los libros de texto explican la historia migratoria de El Salvador, reconocen los aportes de las diásporas, muestran experiencias positivas de convivencia intercultural y abordan de forma crítica la xenofobia que hoy se observa en otras partes del mundo, estaremos formando generaciones mejor preparadas para convivir en la diversidad.
La educación puede ayudar a que las y los estudiantes comprendan que ninguna persona debe ser tratada como extraña o menos valiosa por su lugar de nacimiento, su acento, su color de piel o su estatus migratorio. Incluir la temática migratoria en los libros de texto, desde un enfoque de derechos humanos, no es un añadido opcional: es una necesidad para evitar que en El Salvador se reproduzcan los discursos de odio que hoy amenazan a millones de migrantes en el planeta.
Esta reforma educativa es una oportunidad para que el país se piense a sí mismo no solo como expulsor de población, sino como un territorio capaz de acoger, integrar y aprovechar los talentos de quienes llegan. Si queremos un El Salvador con más oportunidades, más seguro y más justo, debemos empezar por nuestras aulas. Adaptar los libros de texto a la diversidad migratoria es una inversión educativa y ética que nos permitirá construir una sociedad más cohesionada, abierta al mundo y libre de xenofobia.
Director AAMES, Asociación Agenda Migrante El Salvador