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Producción de alimentos en San Salvador Centro

Mas allá de lo que no hacen las autoridades competentes por nuestra agricultura y economía familiar, hoy más que nunca estamos demostrando que con VOLUNTAD todo es posible, hemos retomado espacios que antes eran utilizados como botaderos y los hemos transformado en huertos donde hoy se están cultivando más de 15 alimentos entre hortalizas y granos básicos.


Para incentivar la producción de alimentos sanos, hábitos de consumo saludables a nivel familiar y dinamizar la economía local, el programa Cosechando Sonrisas bajo mi dirección está desarrollando huertos comunitarios en el corazón de la capital.


Con mucho esfuerzo les brindamos a las familias beneficiadas la semilla, el abono, foliar y la asesoría técnica desde la siembra hasta la cosecha de manera gratuita.


Mas allá de lo que no hacen las autoridades competentes por nuestra agricultura y economía familiar, hoy más que nunca estamos demostrando que con VOLUNTAD todo es posible, hemos retomado espacios que antes eran utilizados como botaderos y los hemos transformado en huertos donde hoy se están cultivando más de 15 alimentos entre hortalizas y granos básicos.


Dentro del Programa Cosechando Sonrisas, uno de sus ejes principales es el desarrollo de la Agricultura Urbana que tiene como objetivo transformar comunidades para que sean productoras de sus propios alimentos y generar conciencia en los vecinos sobre el uso sustentable de los recursos naturales y fortalecer la economía familiar.
La agricultura urbana enriquece la dieta familiar, crea áreas verdes, genera ingresos a familias en situación de vulnerabilidad y hace un uso sustentable de los recursos naturales, respetando el saber y las tradiciones locales.


El programa Cosechando Sonrisas contribuye a la Soberanía alimentaria, entendida como el derecho ciudadano a la alimentación producida de forma autónoma, local, sostenible y justa. Y esto depende de los sistemas de manejo, de la organización sociocultural de la producción agraria y su interrelación con el mercado, así como de las estrategias de comercialización.


La producción es consumida por los productores y el excedente se vende en mercados urbanos. Dado que los alimentos producidos a nivel local requieren menos transporte y refrigeración, puede abastecer a los mercados cercanos con productos más frescos y nutritivos a precios más competitivos.


Las hortalizas tienen un ciclo de producción corto, algunas se pueden recolectar a los 60 días de la siembra, lo cual se adecua a la agricultura urbana. Los huertos pueden ser hasta 15 veces más productivos que las fincas rurales. Un espacio de apenas un metro cuadrado puede proporcionar 20 kg de comida al año.


Totalmente comprobado que los agricultores urbanos gastan menos en transporte, envasado y almacenamiento, y pueden vender directamente en puestos de comida de sus comunidades y en el mercado. Así obtienen más ingresos en lugar de que vayan a parar a los intermediarios.


Una grave amenaza que atravesamos es el fantasma del hambre, que vuelve a rondar a miles de hogares salvadoreños de bajos ingresos, ya sea por la pérdida de ingresos y por el aumento del precio de los alimentos.
Las importaciones agrícolas se han disparado, perjudicando a los productores nacionales y haciendo que el país dependa cada vez más de los alimentos extranjeros.


Es aquí donde les digo que la agricultura familiar puede generar un empleo por cada 100 metros cuadrados de huerto con la producción, suministro de insumos, comercialización y el valor añadido del productor al consumidor.
La agricultura urbana puede convertirse en un motor de transformación y desarrollo no solo de San Salvador si no de todas las ciudades de nuestro país, haciendo frente a grandes desafíos sociales económicos y ambientales, asociados a la producción de alimentos. Todo enfocado en conseguir un marco urbanístico más sostenible.


Algo muy importante es que la agricultura urbana adquiere un valor agregado para las mujeres, ya que les permite trabajar cerca de sus hogares, al mismo tiempo que pueden combinar esta actividad con sus múltiples responsabilidades diarias. Se han identificado casos en los que las mujeres de familias en las zonas urbanas ganan más en la producción de alimentos que sus cónyuges en un trabajo formal. Además, la actividad productiva y los ingresos independientes generados fortalecen su posición social a nivel familiar y comunitario.


Personalmente yo planteo la Agricultura Urbana como una estrategia de desarrollo socioeconómico alternativa a los programas asistencialistas, promoviendo, además de la seguridad alimentaria de las comunidades empobrecidas, la generación de fuentes de ingreso y empleo sostenidos en el tiempo, mediante redes de comercialización e intercambio de productos.


El desarrollo del programa Cosechando Sonrisas impacta favorablemente en los cambios de condición y posición de la mujer y del adulto mayor, favoreciendo la participación, el afecto, la creación, la identidad y la autonomía.

Ingeniero.

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