El Papa León XIV ha hecho uno de sus primeros viajes al exterior a Turquía, donde los cristianos desde hace muchos años enfrentan persecuciones, ataques a sus templos y asesinatos de parte de enloquecidos musulmanes radicales, a lo que se agrega que el dictador Erdogan ha convertido antiguas iglesias cristianas en mezquitas, cubriendo con cortinas sus frescos y mosaicos.
Eso faltó hacer a Ataturk, que liberó a los turcos del fez que por obligación debían llevar en la cabeza, de la «Sharia», para imponer un código penal a la europea, y de otras similares costumbres, las que el dictador Erdogan trata de revivir.
Tanto musulmanes como judíos ortodoxos prohíben la representación de figuras humanas, animales y árboles, lo que es un férreo candado sobre la creatividad individual. De haber seguido esa disparatada regla, quienes tenemos la suerte de regirnos por las normas occidentales enriquecemos nuestro ambiente no solo con el arte de niños y modestos pintores, sino con las inmensas creaciones artísticas que nos llegan desde los griegos y romanos para desembocar en el arte románico, en obras como los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel Buonarroti, en los grandes pintores del Renacimiento europeo, incluyendo a figuras como Velásquez, Goya, Tiepolo, Gian Lorenzo Bernini, en la creaciones de los impresionistas, el arte de Van Gogh, los «Rafaelitos» del siglo XIX, Kandinsky, Claudio Monet como Picasso, los retratistas americanos del siglo XIX y los innovadores que en estos momentos vienen surgiendo.
La pintura va aparejada con la escultura, que desde antes del florecimiento de las civilizaciones babilónicas y aun en pueblos primitivos tiene su sitial, alcanzando su mayor esplendor entre los griegos y los romanos, que pintaban sus estatuas y sus templos, colores que con el paso del tiempo han desaparecido, pero que se mantiene en obras hechas con mármoles y piedras duras de distinto color, muchas que pueden verse, entre otros, en los museos vaticanos.
Algunas de las monarquías árabes del Medio Oriente están formando sus propios museos de arte pasando por encima de la regla musulmana…
A lo que puede llegar el fanatismo musulmán lo comprueba la destrucción de los grandes Budas de Kandahar, que tuvo lugar pese a la súplica de imanes y líderes musulmanes, un horror que se comprende al contemplar los Budas en el sur de la India, la representación más perfecta de la serenidad del espíritu.
Precisamente el mensaje del Papa León fue desterrar el fanatismo y no usar la religión para fomentar el odio.
El pontífice pronunció su mensaje en las ruinas de lo que fue la ciudad de Nicea (en la actual Iznik), donde hace 1,700 años se reunió el Concilio que unificó la naciente cristiandad en el credo en un solo Dios trinitario, al cual se representa en el arte y la iconografía popular como Tres Divinas Personas.
En la época romana, Nicea se convirtió en uno de los principales centros culturales de la zona y fue un próspero enclave comercial emplazado en el camino de Constantinopla, ahora Estambul.
Desde hace milenios los hombres pintan dejando su huella en muchas cavernas. Las alturas excelsas, como ejemplo, a la que llegó el arte de China, se expone en el museo de Taiwán: esculturas, pinturas… lo que escapó de la «revolución cultural» del demente Mao Zedong, máximo dirigente del Partido Comunista Chino, que ahora domina esa gran potencia…
Un conocido nuestro que estuvo poco más de una semana en Taiwán nos dice que hubo días en que visito dos veces el Museo Nacional del Palacio, dadas las excelsas obras que allí se exponen y que cubren casi todas las épocas del arte chino, superando en gran medida lo que se atesora en museos occidentales, incluyendo la colección Gaylord en Kansas City.
El hombre busca la representación de animales y de si mismo desde las épocas de las cavernas, dejando su huella en lugares como Les Caux en Francia y las cuevas de Altamira al norte de España…