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Nos unimos al dolor por las muertes y destrucción tras el incendio en el Centro Histórico

Los incendios en el Centro Histórico son un golpe de mayor magnitud de lo que se cree: «Se está perdiendo el Centro Histórico», advierten profesionales de la cultura

Los capitalinos se levantaron el viernes sorprendidos por el incendio en el Centro Histórico, que cobró las vidas de cinco personas y destruyó decenas de casas de estructura antigua.

Nos unimos al dolor por la muerte de estas pobres personas que, se sabe, venían del interior del país a luchar en la venta de verduras y otros productos, pero también causa tristeza la destrucción de inmuebles que nos reflejan el rostro de la antigua capital.

Es evidente el abandono de edificios o casas en la zona que languidecen sin que ninguna autoridad los rescate o alguna entidad emprenda alguna campaña para tutoriarlos y preservarlos, sino que muchos de ellos se han convertido en burdeles, bodegas o chiqueros.

Es sintomático cómo han proliferado los incendios desde hace unos años, sobre todo en el corazón de San Salvador, acabando principalmente con mercados, incluyendo al viejo San Miguelito en 2021 y una parte del Central tiempo después.

Los siniestros se han producido en otras partes del país, como en Santa Ana, pero no se sabe que se extremen medidas de inmuebles para evitarlos, como las inspecciones o el control y preservación de inmuebles antiguos con potencial peligro.

Los bomberos, policía y otras entidades de auxilio actuaron con diligencia para sofocar el fuego y evitar que se extendiera a otras áreas, pero ya son hechos consumados. Estos siniestros ni siquiera deberían de suceder.

En este punto es de reconocer los esfuerzos de sucesivos alcaldes desde los años 90 por recuperar el Centro Histórico y ordenar el comercio, sobre todo el informal, pero todo volvía desordenarse.

Ahora se ordenado un gran sector, pero no se cuidan muchos inmuebles que en el pasado fueron joyas de construcción y se están interviniendo algunos, como el Palacio Nacional, sin respetar su estructura original, como se ha señalado. De esa forma también se pierde el estatus de histórico.

Tampoco se da solución al problema de los vendedores informales, que necesitan ofrecer sus productos pero no incorporan al sistema de mercados.

El actual Mercado Central se fundó en 1974 para albergar a los vendedores del Centro, pero muchos siguieron vendiendo en las calles y manteniendo el desorden a ciencia y paciencia de las alcaldías, sobre todo en lo que era la zona del viejo Telégrafo, entre la 5a. Avenida y la calle Rubén Darío.

El desparpajo se terminó de desatar cuando la alcaldía democristiana estableció las «zonas peatonales», que prácticamente fueron tomadas por las ventas ambulantes que ahogaron los negocios formalmente establecidos y convirtieron al corazón de San Salvador en un mercado al aire libre, anárquico y peligroso.

«Se está perdiendo el Centro Histórico»

Los incendios en el Centro Histórico son un golpe de mayor magnitud de lo que se cree: «Se está perdiendo el Centro Histórico», advierten profesionales de la cultura, quienes presagian que en el futuro sólo habrá construcciones nuevas y nada que refleje el pasado, las tradiciones, la identidad.

En los últimos 70 años, los capitalinos han visto la destrucción de verdaderos monumentos, como la antigua Catedral Metropolitana junto al Teatro Nacional en agosto de 1951, la iglesita de San José en 1976, de la que sólo ha quedado el parquecito, el templo de San Esteban, las cuadras de los grandes almacenes en la 2a. Avenida Norte y 6a. Calle y tantos otros.

A este ritmo, con terremotos e incendios, como dice el estimado Carlos Cañas Dinarte, se acabará el viejo San Salvador y no habrá nada que mostrarle a las nuevas generaciones sobre nuestro pasado.

La prioridad no debería ser ordenar el Centro Histórico sólo para levantar el comercio y los negocios formales, sino también hacer que sea una puerta a un pasado como hay en otros países, como el Viejo San Juan en Puerto Rico, pero también procurar la sobrevivencia de comerciantes informales que podrían ordenarse y competir.

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