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Movilidad humana: La seguridad integral – La visión estratégica del documento Bases para el Plan de Nación de El Salvador

Para mí la unidad es siempre superior al conflicto, es mejor que la enemistad, que las distancias…los puentes son mejores que los muros

Papa Francisco

Cuando se piensa en la seguridad integral, en el caso de El Salvador, resulta importante analizar el documento Bases para el Plan de Nación que presentó la Comisión Nacional de Desarrollo en 1998, porque se ocupa tanto de la seguridad pública como de la seguridad humana.

En ese Plan se afirma que la “eliminación de las condiciones de marginación y exclusión social, es política y económicamente indispensable para la paz y el progreso del país”, ya que “la conflictividad social” que generan “atenta contra la estabilidad política e impide el pleno aprovechamiento de las capacidades y las potencialidades productivas de los distintos sectores del país”. También hace hincapié en que una “concertación del esfuerzo de diferentes agentes sociales requiere sólidas bases”, que enumera en detalle:

  1. “El Ser humano como destinatario natural de los beneficios del desarrollo y principio y fin de toda actividad pública y privada”.
  2. “La Familia como centro de integración social y formación de valores”.
  3. “El Trabajo como fuente para la generación de riqueza y realización del ser humano”.
  4. “La Libertad como condición necesaria para potenciar las fortalezas del ser humano”.
  5. “La Justicia en aplicación de derechos y en cumplimiento de deberes”.
  6. “La Seguridad como garantía de la seguridad y de la justicia”.
  7. “La Solidaridad como valor indispensable para la integración y la paz social”.
  8. “La Excelencia como elemento perfeccionador del progreso”.
  9. “La Democracia como método de vida para asegurar el equilibrio político, la estabilidad social y el progreso ordenado y sostenido”.

El documento establece objetivos bien definidos para lograr que el país supere la exclusión, la marginación, desarticule las causas de la violencia y lo conduzcan a la democracia y al desarrollo sostenible. Así, los objetivos son:

  1. “Una sociedad sin marginación, para erradicar efectivamente la pobreza”.
  2. “Una sociedad participativa, con autoestima e identidad cultural basada en el sentimiento de pertenencia”.
  3. “Una sociedad segura, fundada en el Estado de Derecho y con un sistema judicial efectivo”.
  4. “Una sociedad con una economía integradora y competitiva, con más y mejores oportunidades de trabajo”.
  5. “Una sociedad sin fronteras, que permita la efectiva inserción del país en el mundo”.
  6. “Una sociedad comprometida con la gestión racional del medio ambiente”.
  7. “Una sociedad con firmes estructuras familiares, interactuando a partir de valores fundamentales para la convivencia social pacífica”.

Además, el documento dedica tiempo al desarrollo y concluye que debe:

  1. Ser “amplio”, de “carácter social, político, cultural y económico”.
  2. Ser “participativo” con su sostenibilidad “basada en el crecimiento económico vigoroso y equilibrado”.
  3. Promover “la realización plena de todos los salvadoreños y su bienestar material y anímico”.
  4. Desplegar “en todos los sectores, la capacidad y el espíritu de excelencia, en el marco de políticas equilibradas en el orden poblacional y en el orden territorial”.
  5. Trascender “el horizonte del presente vinculado a su efectividad con la salvaguarda de los derechos de las generaciones futuras”.

Sin embargo, va más lejos, pues presenta el “concepto de desarrollo compartido” con:

  1. “la democracia en todos sus niveles y áreas: política, socio económica y cultural;”
  2. “la necesidad de participación plena de la ciudadanía, tanto en el esfuerzo como en el beneficio de la actividad nacional en su conjunto”;
  3. “la autorrealización personal y colectiva de los salvadoreños y su consiguiente bienestar”;
  4. “la eficiencia, tanto productiva como funcional”;
  5. “la permanencia de la visión estratégica del tiempo”; y
  6. “la preservación y el fortalecimiento del patrimonio nacional, tanto histórico como natural”.

La seguridad humana como un fin, no como un medio está muy claro en el documento, y es evidente que sus autores estaban pensando tanto en la seguridad humana como en la seguridad pública. Su enfoque es claramente que la seguridad, para ser efectiva, tiene que combinar la seguridad humana y la seguridad pública en un enfoque integral. En otras palabras, hace una propuesta de integración nacional para desarticular las causas de la violencia, enrumbar el país por la vía del desarrollo sostenible y lograr que los salvadoreños no se vean obligados a salir de su país para buscar mejores perspectivas de vida en el extranjero.

Esta concepción integral de la seguridad considera que la seguridad humana es una parte primordial de la seguridad pública, porque cuando se han limado las fracturas que generan exclusión y marginación y se cuenta con un sistema basado en la participación, disminuye de manera exponencial la necesidad del uso de la fuerza del Estado para mantener la seguridad pública. La seguridad pública puede tener logros, pero no serán sostenibles en el tiempo sin la seguridad humana y habrá graves problemas de violaciones de los derechos humanos.

La seguridad humana busca brindar a las personas los medios y las oportunidades para que puedan valerse por sí mismas. En el caso de El Salvador, los autores del documento mencionado consideraron que se debía desatar el “nudo gordiano” que se manifiesta como “la pobreza estructural”, pues “dicha pobreza, aunque se vuelve causa de otros múltiples efectos políticos, socio económicos y culturales, se asienta en una realidad aún más profunda: la marginación socio cultural”.

Así las cosas, los autores del documento proponen un cambio de enfoque porque “los conceptos y métodos en que se ha enfrentado el tema de la pobreza en el país, son insuficientes y por consiguiente, insatisfactorios”, pues “Ni la ilusión del rebalse económico ni la rigidez del intervencionismo estatista son vías de solución a este problema”, porque la “pobreza hay que enfrentarla a partir de un enfoque realista de sus raíces…y solo puede volverse funcional si todos los sectores del país se comprometen a hacerlo viable”.

Para lograr ese objetivo, su planteamiento es claro: la construcción de “un país moderno en el que todos los habitantes tengan cubiertas sus necesidades básicas; en el que se multipliquen y aseguren las opciones de presente y de futuro para nuestros hijos. Queremos un país en el que se desate y aproveche toda la energía individual y colectiva de la población; un país en el que todos nos sintamos seguros y contribuyamos decididamente a crear una nueva cultura de responsabilidad, productividad, solidaridad, tolerancia, humanismo y respeto a las leyes. Queremos también un país limpio y verde; un país abierto, sin fronteras y decidido a impulsar la integración centroamericana. Queremos, en resumidas cuentas, un país del que todos podamos sentimos orgullosos”.

Así las cosas, el documento Bases para el Plan de Nación tiene un enfoque estratégico claro que consiste en una visión integral de la seguridad y de los derechos humanos, tanto civiles y políticos como económicos, sociales y culturales para lograr:

  1. el desarrollo económico sostenible y parejo del país con un salto efectivo al capitalismo moderno;
  2. limar las fracturas en lo económico, social y cultural que generan exclusión y violencia y requieren el uso permanente de diferentes grados de violencia para mantener el estado de las cosas;
  3. terminar la construcción del Estado, pues pese a su estrechez territorial siempre hubo más país que Estado con zonas apartadas sin escuelas, puestos, de salud, jueces, policía, infraestructura y proyectos de creación de empleo y de oportunidades; y
  4. lograr la integración nacional que permite desarticular las causas de la violencia.

La aplicación de las recomendaciones de este documento seguramente hubiera frenado la mutación de la violencia y hubiera hecho efectivo el derecho a permanecer, pero, lamentablemente, se desaprovechó y la mesa quedó servida para la tenebrosa mutación de la violencia que ya empezaba a manifestarse en aquel entonces.

Abogado y diplomático salvadoreño.

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