No podemos resolver nuestros problemas con el mismo razonamiento que usamos cuando los creamos
Albert Einstein
No podemos resolver nuestros problemas con el mismo razonamiento que usamos cuando los creamos
Albert Einstein
Unos años después de terminada la guerra El Salvador, se creó la Comisión Nacional de Desarrollo con un grupo de personas de alta representatividad y vasta experiencia en lo político, económico, social y cultural. En enero de 1998, la Comisión presentó el documento titulado Bases para el Plan de Nación que propone sustituir el sistema económico y social “basado en la exclusión” por un sistema “basado en la participación”, con entendimientos de largo plazo en un marco de seguridad jurídica con pleno respeto del principio de libertad, tanto política como económica, pues considera que el sistema de exclusión lleva a un “nudo gordiano [que] es la pobreza estructural,” y que “aunque se vuelve causa de otros múltiples efectos políticos, socio económicos y culturales, se asienta en una realidad aún más profunda: la marginación socio cultural”.
Si bien esto refiere a El Salvador, se trata de una realidad que puede encontrarse en algunos otros países de América Latina y de otras regiones del mundo, que lleva a muchas personas a abandonar sus países porque allí no hay espacio para ellas. Además, con frecuencia se escucha a los expertos que preguntan: ¿Por qué muchos países de América Latina no salen de la trampa de los ingresos medios? Y esto lleva a pensar en otra pregunta: ¿No será que este nudo gordiano también tiene algo que ver?
La simple verdad, sin embargo, es que hay conciencia del “nudo gordiano”, pero muchos simplemente se niegan a buscar la forma de desatarlo. Ahora bien, la realidad siempre termina por imponerse, y si bien las migraciones pueden ser, en algunos casos, una válvula de escape, no lo son de manera absoluta, pues la falta de cumplimiento con los derechos económicos, sociales y culturales está vinculada también con la delincuencia, la violencia a todos los niveles de la sociedad, incluida la violencia doméstica y de género, representa un importante y evidente obstáculo para el desarrollo económico y social y exige el uso permanente de diversos grados fuerza para mantener el orden establecido.
Así las cosas, la resolución de conflictos, tanto nacionales como internacionales, la prevención de nuevos conflictos y el mantenimiento de la paz no pueden lograrse en ausencia de los derechos económicos, sociales y culturales, y esta es, por ejemplo, una visión fundacional de las Naciones Unidas, pues sus fundadores, conscientes de esta realidad, decidieron que uno de sus cuatro objetivos sería “Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”. Además, para realizar ese objetivo decidieron crear un Consejo Económico y Social (ECOSOC).
Como recuerda Stephen Schlesinger en su libro Act of Creation: The Founding of the United Nations (Acto de creación: La fundación de las Naciones Unidas), en aquella época la vinculación entre conflictos y derechos económicos, sociales y culturales era muy clara y, por eso, en su discurso ante el Senado de los Estados Unidos el 2 de julio de 1945 para promover la ratificación de la Carta de las Naciones Unidas, el presidente Harry Truman aseveró que la Carta tenía los nobles objetivos de evitar la guerra, solucionar disputas por medios pacíficos, promover el bienestar económico y eliminar la pobreza como causa de malestar social. De igual manera, como también recuerda Stephen Schlesinger, la prensa lo tenía muy claro, pues con gran entusiasmo afirmó que el Consejo Económico y Social podía lograr un mundo cada vez más ordenado, económica y socialmente, cada vez más tranquilo y, por lo tanto, cada vez menos impulsado a tomar las armas para resolver sus problemas.
En todo caso, en materia de resolución de conflictos la experiencia demuestra que los logros importantes, genuinos y efectivos en materia de derechos civiles y políticos y de democratización, pueden llegar a un punto de estancamiento que va transformándose en un proceso regresivo al no ir acompañados por los derechos económicos, sociales y culturales porque, entre otras razones, las personas se desencantan al no ver mejoras en su cotidianidad, y esto, sin duda, lleva a muchos a emigrar.
Ahora bien, en algunos casos el incumplimiento de los derechos económicos, sociales y culturales no solo se debe a la falta de voluntad de revisar la organización interna de un país, ya que puede verse afectado, por ejemplo, por factores como el interminable pago de deudas con intereses variables. Por esta y otras razones, en 2023 el secretario general de las Naciones Unidas pidió una “transformación radical del sistema financiero mundial para hacer frente a los retos globales urgentes y lograr al mismo tiempo un desarrollo sostenible alcanzable”, resaltando, inter alia, que «El elevado coste de la deuda y los crecientes riesgos de sobreendeudamiento exigen una acción decisiva para poner a disposición de los países en desarrollo al menos 500.000 millones de dólares anuales y convertir los préstamos a corto plazo en deuda a largo plazo a tipos de interés más bajos.» Así las cosas, para algunos países esta es una dimensión que no se puede obviar cuando se considera el ejercicio pleno y efectivo del derecho a permanecer de sus ciudadanos.
Abogado y diplomático salvadoreño.
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