La foto en Oslo —Machado alzando el premio, rodeada de líderes democráticos y personalidades del mundo— será un acto de legitimación internacional sin precedentes.
La foto en Oslo —Machado alzando el premio, rodeada de líderes democráticos y personalidades del mundo— será un acto de legitimación internacional sin precedentes.
La líder opositora venezolana, hoy en la clandestinidad, asegura que viajará a Oslo para recibir el Nobel de la Paz. Su posible salida del país expone las fisuras internas del régimen de Maduro y amenaza con desmoronar la narrativa de control absoluto que sostiene al chavismo.
En Venezuela, cada movimiento político relevante ocurre bajo la sombra de un control férreo, una vigilancia permanente y una represión que se intensifica cuando el poder se siente amenazado. Por eso, que María Corina Machado, hoy en situación de clandestinidad, anuncie que viajará a Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz —escoltada por presidentes, líderes políticos y artistas de renombre mundial— no es una declaración casual. Es una jugada estratégica que puede redefinir la percepción del control del poder en Venezuela.
La magnitud del gesto no radica únicamente en la complejidad logística o en el simbolismo diplomático. Lo decisivo es que este movimiento podría revelar tres fisuras profundas en el aparato represivo del régimen de Nicolás Maduro.
Las fisuras de un aparato represivo que presume invulnerabilidad: La sola posibilidad de que Machado llegue a Oslo expone al menos tres grietas:
1. La primera grieta: el límite real del control territorial: Durante años, el régimen ha construido un cerco de control absoluto: “nada se mueve en Venezuela sin que el Estado lo sepa”. Es una narrativa funcional e ideal para sembrar el miedo. Sin embargo, la posibilidad de que -con los apoyos adecuados-Machado burle la vigilancia interna para llegar a Oslo pondrá a prueba el corazón operativo de ese cerco, que ya fue violado en 2024, cuando, a través de la llamada Operación Guacamaya- se logró extraer a los miembros del equipo estratégico y comunicacional de su Partido Vente Venezuela, estando secuestrados en la Embajada de Argentina, con la custodia de Brasil. Si Machado sale del país, el régimen autoritario perderá la narrativa del control, justo en momentos en que enfrenta amenazas creíbles para ser atacados por la administración Trump.
2. La segunda grieta: la competencia interna entre los operadores de la represión: En el régimen no hay homogeneidad en el control de la represión.
En su interior conviven grupos de poder con intereses, agendas y lealtades distintas. Cada uno busca demostrar que es más “duro”, más confiable, más represivo, más útil al liderazgo central. Entre ellos destacan: el círculo de Diosdado Cabello, la estructura del Fiscal General,los mandos del SEBIN, los jefes del DGCIM e incluso los invasores cubanos y rusos, listos para mostrar su disposición natural para hacer el mal. Para todos ellos,impedir que Machado salga del país es una prueba de fuego. Pero lograrlo requiere coordinación absoluta. Y esa coordinación no existe. Si ella sale-como creo que saldrá- la humillación buscará un nombre y un apellido dentro del poder. De hecho, cualquier intento de un grupo por culpar al otro, podría generar vacíos de acción y una ventana de oportunidad para Trump,que no se ha abierto hasta ahora. Por eso su salida no sólo es un golpe simbólico: es un golpe interno que puede cambiar correlaciones de poder dentro del chavismo.
3. La tercera grieta: el efecto contagio de una fuga exitosa: muchas das dictaduras no caen por debilidad operativa. Caen cuando pierden la percepción de invencibilidad. La foto en Oslo —Machado alzando el premio, rodeada de líderes democráticos y personalidades del mundo— será un acto de legitimación internacional sin precedentes. Y un régimen autoritario no puede permitirse que su enemiga número uno obtenga ese nivel de reconocimiento sin pagar un costo interno gigantesco. Ese cambio en la psicología social tiene un potencial explosivo. No es una foto.
Es un precedente histórico, que me recuerda aquella foto, cuando en el año 2005, fue recibida por el Presidente Bush hijo, cuando ni siquiera Chávez le fue permitido esa oportunidad.
En resumen, estas tres debilidades estructurales, combinadas, podrían transformar un viaje en un punto de inflexión político.
Hay un componente adicional: la foto de Machado en Oslo.Sonriente, reconocida, aplaudida por el mundo democráticoy rodeada de personalidades, con el mensaje: esta es una líder que venció la clandestinidad para recibir el máximo reconocimiento internacional en materia de paz. Para Maduro, esa imagen sería devastadora porque coloca a Machado en un plano donde él nunca podrá estar: el plano de la legitimidad moral global.
¿Atrapado sin salida? El régimen está atrapado en un dilema sin salida:
• Si impide su salida, queda expuesto ante el mundo en el año del Nobel, reprimiendo con brutalidad a la líder que hoy simboliza la alternativa democrática no solo en Venezuela sino en el mundo.
• Si no logra detenerla, quedará demostrado que su aparato represivo tiene grietas profundas y que ya no controla el tablero nacional. Información clave para la estrategia de Trump.
En ambos casos, Maduro pierde, por ser un desafío directo al corazón del aparato represor venezolano. Y esa es precisamente la fuerza de la estrategia de Machado. Ella no está actuando sola ni improvisando.
Y nada de esto debería sorprender. Como he analizado su liderazgo durante los últimos años, Machado posee una capacidad singular: crear realidades que otros consideran imposibles. Su superpoder —como lo describí en MCM: La mujer que venció al dictador (Barra Libros, 2024)— es el Saber Elegir: saber hacia dónde quiere ir y actuar en consecuencia, sin desviarse. Está eligiendo el punto en la historia donde quiere estar, y moviéndose hacia él, incluso cuando el entorno parece insalvable.
Por eso, lejos de ser un gesto simbólico, este viaje a la vez representa una amenaza real para su vida y para el aparato represor venezolano. Y lo que ocurra esta semana no solo definirá su destino personal, sino también el capítulo decisivo en la historia política de Venezuela.
Y esa sería la señal más clara de que Venezuela ya entró en una nueva etapa.
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