Los españoles entraron en México con Hernán Cortés y su pequeña tropa a caballo. A ello se agrega que el rubio don Pedro de Alvarado fue, en un principio, confundido con Quetzalcoatl, el mítico dios de los indígenas, seguramente asociándolo con los navegantes noruegos que llegaron a América antes que los peregrinos que desembarcaron en las costas del norte del continente, pero que no iban a caballo.
El caballo, al igual que los bovinos, fue un detonante para que, una vez pacificado México tras finalizar las guerras entre las diversas etnias indígenas, pudieran crearse los primeros caminos entre asentamientos urbanos. Esto, a su vez, llevó a que la rueda dejara de ser parte de los juguetes de los niños para convertirse en un elemento esencial en la construcción de carruajes de toda clase, utilizados para transportar personas y carga, además de propiciar tanto el transporte como el intercambio de bienes entre las ciudades y poblados que fueron surgiendo al pacificarse el país.
México, por lo mismo, fue la primera nación del Hemisferio Occidental que introdujo y fue perfeccionando las redes viales, algo que civilizaciones europeas y orientales tenían desde hacía milenios, como puede verse hoy en la Vía Apia y la Vía Flaminia, donde vehículos de motor aún pueden transitar.
Tan solo eso debería matizar la acusación de funcionarios de México de que los españoles hicieron más daños que aportes positivos al país, pues, como ya señalamos, haber terminado con los sacrificios humanos y los brotes de canibalismo es una contribución significativa.
Las relaciones entre ambos países han atravesado tensiones en años recientes, especialmente desde que en 2019 el entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) solicitara a España una disculpa por los agravios de la conquista, petición que no fue respondida.
No obstante, en meses recientes ambas partes han dado señales de distensión, en medio de llamamientos a profundizar el diálogo histórico y político entre México y España.
Por desgracia, tanto acusaciones como “insinuaciones” no han cesado, pese a los señalamientos y la gentileza con la cual tanto la Casa Real como otras entidades españolas han respondido desde el primer momento en que la presidencia mexicana lanzó dichos cargos.
Como ya dijimos, el solo hecho de haber aportado el idioma español a México —una lengua más que hermosa y rica en contenidos, fruto del trabajo de insignes poetas, novelistas y estudiosos— compensa en gran medida cualquier error o abuso cometido durante la conquista.
España fue la intermediaria entre la herencia clásica y la modernidad
En México, es bien sabido, subsisten comunidades con su propio idioma. Esto también ocurre en regiones como las naciones bálticas —Lituania, Estonia y Letonia—, cuyos habitantes no siempre se entienden entre sí. Asimismo, en los pequeños poblados del mar Negro se hablan decenas, si no centenas, de idiomas sin elementos comunes, lo que equivaldría a que en el oriente, centro y occidente de El Salvador no pudiéramos entendernos, ni tampoco con nuestros países vecinos.
Un hecho muy relevante es que los grandes literatos, poetas y cronistas mexicanos escriben y cantan en español, como el gran Agustín Lara.
Agreguemos a todo esto que los conocimientos en filosofía, lógica y matemática que llegaron del Viejo al Nuevo Mundo son inmensos, pues en los juicios públicos y privados, en las querellas y en la argumentación que las partes enarbolan, se encuentran anclados en el Derecho universal, similar al que el gran reformador Mustafa Kemal Ataturk introdujo en su país al sustituir la Sharia.
La inmensa mayoría de personas en estas tierras damos gracias a Dios por pensar y actuar conforme a las formas cívicas y morales heredadas del cristianismo y de la antigüedad clásica a través de España.