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Los desafíos de la juventud salvadoreña

Es verdad que muchos jóvenes quieren migrar porque sienten que aquí no hay oportunidades. Y sí, la situación no siempre es fácil. Pero también es cierto que El Salvador necesita jóvenes preparados que crean en su tierra. Si todos los que tienen talento se van, ¿quién va a construir el país? Tal vez el reto no es solo buscar oportunidades, sino crearlas. Emprender, estudiar, capacitarnos, aprender tecnología, idiomas, oficios. Soñar con negocios propios, proyectos sociales o profesionales que ayuden a mejorar nuestra comunidad.

Ser joven en El Salvador no es fácil. Muchos de nosotros crecimos escuchando que “el futuro está afuera”, que aquí no hay oportunidades, que lo mejor es irse. Al mismo tiempo, enfrentamos presión social, problemas económicos, tentaciones como las drogas y una cultura que muchas veces nos empuja a hacer lo que todos hacen, aunque no siempre sea lo correcto. Uno de los temas que más nos cuesta como jóvenes es la obediencia a nuestros padres. A veces pensamos que obedecer es ser débiles o no tener carácter. Creemos que sabemos más que ellos o que están “pasados de moda”. 

Pero con el tiempo uno entiende que los padres, aunque no sean perfectos, quieren lo mejor para los hijos. La Biblia dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.”(Efesios 6:1) Obedecer no significa dejar de pensar por uno mismo, sino aprender disciplina y respeto. Y la disciplina es clave para cualquier meta que tengamos. Si no aprendemos a obedecer en casa, difícilmente sabremos respetar normas en la universidad, en el trabajo o en la vida. Otro desafío fuerte es la rebeldía. A veces sentimos enojo, frustración o ganas de demostrar que nadie nos manda. 

Y en medio de esa rebeldía aparecen las drogas. Muchos jóvenes caen en ellas por curiosidad, por presión de amigos o por querer escapar de problemas. Pero lo que parece diversión termina dañando sueños, familias y futuros. Las drogas no solo afectan el cuerpo, también afectan la mente y las decisiones. Un mal paso puede cambiar todo. Por eso es importante rodearnos de buenas amistades y buscar apoyo cuando nos sintamos perdidos. No es vergüenza pedir ayuda; vergüenza sería perder el futuro por orgullo.También está el tema de irse del país. 

Es verdad que muchos jóvenes quieren migrar porque sienten que aquí no hay oportunidades. Y sí, la situación no siempre es fácil. Pero también es cierto que El Salvador necesita jóvenes preparados que crean en su tierra. Si todos los que tienen talento se van, ¿quién va a construir el país? Tal vez el reto no es solo buscar oportunidades, sino crearlas. Emprender, estudiar, capacitarnos, aprender tecnología, idiomas, oficios. Soñar con negocios propios, proyectos sociales o profesionales que ayuden a mejorar nuestra comunidad.

Aquí es donde me impacta mucho lo que dice la Biblia en Josué 1:8-9: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” (Josué 1:8-9).  Este texto me deja algo claro: el éxito no es magia. Es esfuerzo, valentía y constancia. Dios no le dijo a Josué que todo sería fácil; le dijo que fuera fuerte y valiente. Y eso también aplica para nosotros.

Ser joven en El Salvador hoy significa decidir qué tipo de generación queremos ser. ¿Una generación que se rinde, que cae en drogas y rebeldía sin sentido? ¿O una generación que respeta a sus padres, que se esfuerza, que estudia y que sueña en grande? Yo creo que podemos ser una generación diferente. Una generación que ame a Dios, que construya su futuro aquí, que emprenda y que no tenga miedo de trabajar duro. No será fácil, pero ningún sueño grande lo es. Al final, el futuro de El Salvador también depende de nosotros. Y si decidimos esforzarnos, ser valientes y no desmayar, podemos convertir los desafíos en oportunidades.

Todo empieza con una decisión: obedecer, apartarnos de lo que nos destruye y atrevernos a soñar en grande, porque el esfuerzo de ahora será la gloria del mañana, el estudio de ahora serán las puertas que se abrirán en el futuro.

Estudiante de Derecho Universidad Matías Delgado

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