El océano Pacífico puede sostener el turismo, pero no puede absorber indefinidamente la presión urbana, los residuos y la contaminación.
El océano Pacífico puede sostener el turismo, pero no puede absorber indefinidamente la presión urbana, los residuos y la contaminación.
Siempre en esta época, cuando el calor comienza a sentirse con mayor intensidad, el deseo de muchas personas de visitar la playa y veranear hace que el litoral reciba miles de turistas que llegan a disfrutar, pero casi siempre también a contaminar.
El rastro del plástico en nuestra costa pacífica es impresionante y, más allá del aspecto cultural y la mala educación de algunos visitantes, también influye el precario sistema de recolección, donde los pobladores de estas zonas cavan hoyos, entierran la basura o la queman.
Esto genera contaminación que va degradando los ecosistemas y propiciando la proliferación del microplástico, el cual es dañino para la salud humana.
Respecto a la divulgación educativa sobre la separación y el reciclaje, esta es muy limitada por falta de voluntad de los actores involucrados: empresas, gobierno local, autoridades ambientales y ciudadanía en general. A todos parece no importarles avanzar en este tema.
Y solo cuando lo consideran conveniente, o cuando es necesario impulsar la imagen corporativa o institucional, se preparan brigadas de limpieza de playas que van recogiendo todo tipo de basura en nuestro litoral.
Pero esto es solo momentáneo. En otras ocasiones, en mis colaboraciones pasadas con este respetable medio escrito, he enfatizado y subrayado que estas acciones deben ser permanentes.
Por otra parte, la prevención y la educación para evitar la contaminación del océano a través de medios informativos siguen siendo insuficientes. En las redes sociales predomina una dinámica ociosa de entretenimiento; hay abundante tiempo del espectador para consumir contenido, pero con poca retroalimentación y nula enseñanza.
Es importante filtrar y promover material educativo que nos ayude a ser más civilizados y a construir valor en torno al tema ambiental y la preservación del océano.
¿Por qué no se despierta el interés por crear canales y vías informativas más rápidas para gestionar los desechos y fomentar, como corresponde, la economía circular, especialmente en tiempos de crisis e inflación, donde la vida cuesta más?
O hay impedimento o hay facilidad. ¿De qué lado debemos estar para que la situación de los desechos avance en nuestra franja litoral, tan descuidada y sucia?
¿Hasta cuándo vamos a sistematizar de forma correcta la gestión de residuos? ¿Cuándo vamos a ser un ejemplo en la región de una gestión óptima y eficiente?
El océano y nuestra costa son reconocidos a nivel mundial por su belleza y biodiversidad, en una zona privilegiada. Sin embargo, en los últimos años ha tomado un matiz más político por parte de esta administración gubernamental. Se ha convertido en un emblema nacional que se proyecta a nivel internacional como muestra de que el país se ha vuelto confiable y que los grupos criminales tienen nula incidencia en el territorio.
Esto ha permitido la llegada del turismo regional, que atrae a guatemaltecos y hondureños a disfrutar de las etapas de Surf City y de una seguridad ciudadana que no siempre se encuentra en los países vecinos de Centroamérica.
Esto nos lleva a plantear el equilibrio entre el desarrollo turístico y la protección del océano Pacífico. En definitiva, el avance de este proyecto busca posicionar a El Salvador como el destino predilecto para el surf a nivel mundial.
Detrás de las inversiones que se están realizando, el país busca recibir millones de visitantes en los próximos años, por lo que la infraestructura costera debe evolucionar para soportar esa presión.
Y no es hipotético. Ya estamos viendo el interés de importantes grupos empresariales en invertir en infraestructura hotelera y habitacional en la costa del Pacífico salvadoreño. Proyectos privados de alto valor frente al mar buscan capitalizar el crecimiento del turismo costero.
Algunos desarrollos superan los 150 millones de dólares en inversión, reflejando el creciente interés de inversionistas por el litoral salvadoreño.
Pero esto también significa mayor presión sobre los ecosistemas marinos y costeros. Más turismo implica más generación de residuos, mayor consumo de agua, expansión urbana y mayor descarga de aguas residuales si no existe una infraestructura adecuada.
El océano Pacífico puede sostener el turismo, pero no puede absorber indefinidamente la presión urbana, los residuos y la contaminación.
La experiencia de Costa Rica en el manejo del turismo internacional y la conservación ambiental es muy importante, y debemos aprender de ella en nuestro país, ya que han construido un modelo relativamente exitoso basado en regulación, conservación y una sólida marca ecológica.
Costa Rica cuenta con un sistema fuerte de parques y áreas marinas protegidas, administradas por el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC). Existen zonas donde no se puede construir, no se permite la pesca y hay límites estrictos de visitantes.
La certificación turística también es clave para hoteles y restaurantes que aplican buenas prácticas ambientales y sostenibles.
En síntesis, no es en el desorden ni en lo anárquico donde se encuentra la solución, sino en un orden lógico y coherente que garantice el resguardo de los recursos, incluso para el sostenimiento de la propia industria turística.
No se trata de dar luz verde a la depredación ni de hacer más vulnerables las playas de nuestro país, sino de asumir el reto de diseñar planes inteligentes que protejan lo poco que nos queda.
Especialista en temas ambientales.
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