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La presión es contra la dictadura, no contra el pueblo de Cuba

Se trata de disfrazar y hasta sublimar a una dictadura que ha mantenido en la represión y la miseria a un pueblo indefenso.

No es de extrañar, pero indigna que el expresidente de México, López Obrador, trate de distorsionar la sensibilidad de la gente al decir que «me hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba».

Hubiéramos esperado que se condoliera por los sufrimientos del pueblo cubano y no que tratara de sublimar a una sexagenaria dictadura que se ha mantenido a sangre y fuego. Pero está claro que Estados Unidos no está presionando al pueblo cubano, sino a la dictadura que se resiste a dejar el poder y permitir la democracia, porque los opresores perderían sus privilegios y quedarían expuestos a ser juzgados por su corrupción y crímenes de lesa humanidad.

Actualmente, sólo para unos ilusos Cuba es «el paraíso de los trabajadores», «el faro de la libertad», «la revolución de los obreros y campesinos». La humanidad pensante repudia y detesta ese «viejo gobierno de difuntos y flores», como decía uno de sus poetas.

Que sepamos, salvo para vacacionar o recibir instrucciones, ninguno de esos fervientes defensores del castrismo ha decidido irse a vivir a Cuba y pasar las necesidades que sufren los cubanos, convivir con ellos, ser blanco de los orejas o espías del régimen y exponerse a ser capturado, como cada semana les sucede a las Damas de Blanco al salir de misa.

Eso es lo que debería herirle a este señor si de verdad cree en la democracia, no la presión de Estados Unidos contra los déspotas.

Ya no es tiempo de salir con esos trasnochados romanticismos después de observar la represión desplegada por el régimen chavista en Venezuela y sus satélites en la región por medio del Alba y su cadena de corrupción e hipocresía, por un lado enarbolando causas populares, y por el otro, promoviendo que se dispararan los precios del petróleo para castigar precisamente a los pueblos que decían favorecer.

No se vale hablar de democracia y estrechar la mano ensangrentada a Pol Pot con sus dos millones de muertos en Camboya, después de que el régimen comunista declarara que ellos son el único dios, que creaban el mundo en ese momento y que mandaran a todo mundo a los «campos de la muerte».

No se vale hablar de libertades y sentirse inspirado por individuos como Chávez y Maduro, que acabaron con la idea de una izquierda democrática y empoderaron a déspotas y corruptos. No se vale hablar de justicia y enaltecer a Stalin, Hitler o los ayatolas iraníes carniceros y seniles. La gente ya no cree en esos cuentos de camino real como los de López Obrador, hasta con música de violines y llanto en los pañuelos, pues ha visto la realidad de los venezolanos buscando comida entre la basura mientras los Chávez, los Maduro, los Cabello y los Rodríguez vivían en la opulencia.

Los cubanos sufren toda clase de limitaciones, mientras los Castro viven como jeques y se codean en el jet set internacional. Y lo mismo en Nicaragua, donde los sandinistas llevaron al país a la peor de las miserias tras desatar una guerra contra el régimen de Somoza para instalar otra dinastía peor.

Jóvenes, no se dejen engañar por mercaderes de ilusiones

López, citando al expresidente Lázaro Cárdenas, dijo que «no es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra», pero más bien es la indiferencia ante el sufrimiento de los cubanos bajo el régimen castrista lo que los ha llevado al límite.

En lo que tiene razón es que la suerte o mala suerte de los cubanos puede ser la de los demás países democráticos de la región si los pueblos no reaccionan ante los dictadores en potencia y oportunistas que detentan el poder.

El reto de las nuevas generaciones es no dejarse a engañar por mercaderes de ilusiones y desterrar a todo el que lo intente; en pocas palabras, no repetir la historia…

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