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La inocencia imposible

El cristiano responsable no actúa para salvarse a sí mismo, sino para responder al prójimo y a Dios en una situación concreta. Esa responsabilidad implica: asumir la complejidad de la historia, renunciar a la autojustificación moral e incluso aceptar la posibilidad de culpa al actuar en un mundo caído. Frente a un régimen que ha perdido la humanidad la simple pasividad no era inocencia.

Las tareas de Dietrich Bonhoeffer dentro de la resistencia política alemana fueron diversas. Aunque desde hacía varios años se le había prohibido enseñar, seguía siendo una figura conocida y respetada. Por su prestigio como teólogo y pastor, su participación otorgaba a la resistencia un importante respaldo moral ante quienes todavía ignoraban que, dentro de Alemania, existía una oposición al nazismo.

A través de sus contactos con iglesias en Europa y en los Estados Unidos, Bonhoeffer actuó como mensajero discreto con líderes eclesiásticos y políticos que conspiraban contra el régimen nazi. También participó en la llamada «Operación 7», que consistió en ayudar a judíos a salir de Alemania hacia Suiza en 1942. En esa labor clandestina, colaboró en la gestión de documentos falsos y visados, valiéndose de sus vínculos internacionales. La operación fue exitosa y logró salvar la vida de catorce judíos.

La «Operación 7» permite comprender mejor las reflexiones éticas que Bonhoeffer desarrolló durante esos años. ¿Era éticamente correcto que un cristiano facilitara documentos falsos a personas amenazadas? ¿Era lícito mentir si con ello se perseguía un bien mayor? No debe extrañar que los años en que militó en la resistencia fueron los mismos durante los cuales escribió su obra «Ética», la cual, muchos eruditos la consideran su obra cumbre.

La tesis central que desarrolló en «Ética» es que la vida cristiana no puede pensarse desde principios abstractos aislados de la realidad histórica, sino desde la responsabilidad concreta ante Dios en medio del mundo. Eso significa que la ética cristiana no se debe reducir a simples normas. Cristo es el centro en el que se reconcilian Dios y mundo, y por tanto la acción moral del cristiano debe hacerse cargo de la realidad, no escapar de ella.

Bonhoeffer se negaba a aceptar una moral que pretendiera conservar la pureza personal a costa de desentenderse del sufrimiento ajeno. Para él, una conciencia «limpia» conseguida por no involucrarse en nada podía ser, en realidad, una forma de irresponsabilidad. Hay situaciones históricas en las que no actuar también es volverse culpable.

En «Ética», Bonhoeffer también combate la idea de que el cristianismo se puede vivir separado del mundo real. La encarnación de Cristo significa que Dios ha entrado en la realidad histórica, social y política. La fe cristiana no puede refugiarse en la interioridad o en el culto privado, mientras el Estado destruye vidas humanas. El Estado posee legitimidad solo mientras sirva al orden, la justicia y la preservación de la vida. Cuando se vuelve destructor de la vida, pierde su validación moral.

El cristiano responsable no actúa para salvarse a sí mismo, sino para responder al prójimo y a Dios en una situación concreta. Esa responsabilidad implica: asumir la complejidad de la historia, renunciar a la autojustificación moral e incluso aceptar la posibilidad de culpa al actuar en un mundo caído. Frente a un régimen que ha perdido la humanidad la simple pasividad no era inocencia.

Bonhoeffer alcanza el fondo de su razonamiento cuando escribe que una acción responsable puede implicar entrar en la zona trágica de la historia. En un mundo profundamente corrompido las cosas no son perfectas, a veces no hay opciones totalmente puras. Entonces el cristiano debe actuar no desde una pretensión de inocencia, sino en confianza en la gracia de Dios. Así como Jesús actuó por los otros, el cristiano está llamado a cargar responsablemente con los otros.

Todo esto se entiende mucho mejor en relación con su contexto histórico. Bonhoeffer escribió los manuscritos de «Ética» entre 1940 y 1943, los años en que el régimen nazi había consolidado su dominio, aplastado la oposición y corrompido buena parte de las instituciones. Ya no bastaba una protesta eclesiástica general. La pregunta se había vuelto dramáticamente concreta: ¿qué significa obedecer a Dios cuando el Estado se ha convertido en una maquinaria de mentira, idolatría y asesinato?

La «Operación 7» fue un caso concreto en el que Bonhoeffer llevó a la práctica lo que venía escribiendo en «Ética»: que la fidelidad cristiana no consiste siempre en conservar una inocencia formal ni en resguardar la legalidad, sino en asumir responsablemente decisiones riesgosas para defender al prójimo, aun sabiendo que ello puede implicar una culpa histórica; en tal caso, el creyente debe aferrarse a la gracia de Dios.

Pastor General de la Misión Cristiana Elim.

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