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Irán–Venezuela: nuevos enfoques internacionales contemporáneos

Desde hace semanas, Washington ha incrementado la presión sobre Teherán. ¿Cuál sería el objetivo? Sin duda, el tema nuclear es central, al igual que el energético. En pocas palabras: ¿sería más estable un mundo con armamento nuclear iraní? Evidentemente no, y menos aún en un contexto global marcado por la emergencia de una bipolaridad económica y tecnológica sino-estadounidense.

Después de Venezuela, a raíz de la increíble captura de Nicolás Maduro y su esposa el 3 de enero, Irán ha quedado bajo la mirada de la actualidad internacional. Menos de un año después de la «Guerra de los 12 días», del 13 al 24 de junio de 2025 entre Irán e Israel, surge la pregunta: ¿se estarán preparando los Estados Unidos para una intervención militar en Irán?

¿Habrá sido la operación «Midnight Hammer» contra instalaciones iraníes un paso previo hacia una intervención norteamericana más amplia? Dicha operación contribuyó a debilitar el potencial nuclear iraní al atacar centros de producción de uranio como Isfahán, Natanz y Fordo. Asimismo, este periodo favoreció la destrucción de parte de la defensa antiaérea iraní.

Las bajas humanas no faltaron: oficiales superiores del régimen como Mohammad Baghari, de máximo rango, Hossein Salami, comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, sin olvidar a 16 científicos vinculados al programa nuclear de Teherán. Como represalia, se produjeron disparos de misiles contra Israel —neutralizados por el Domo de Hierro— y ataques contra la base militar estadounidense de Al-Udeid, en Catar, luego de que Washington fuera advertido. Nada de ello logró amenazar seriamente la capacidad militar de Estados Unidos y sus aliados en la región.

Hoy en día, el régimen de los ayatolas ha reprimido una insurrección masiva. Diez mil, veinte mil, treinta mil muertos: ya no se sabe cuántas víctimas provocó la reacción del sistema de seguridad de Teherán. Pero el descrédito es total. Hezbolá ha sido debilitado desde los terribles ataques del 7 de octubre de 2024. Irán acaba además de perder un aliado en América Latina y miembro de la OPEP: Venezuela.

Con la caída de Maduro, a pesar de las declaraciones nacionalistas de Delcy Rodríguez, se reveló una economía oculta del petróleo y de recursos financieros vinculados tanto a esta materia prima como a la protección del negocio de las drogas. El vínculo entre ambos regímenes quedó ilustrado por las visitas, a lo largo de los últimos 20 años, de varios presidentes iraníes, como Mahmud Ahmadineyad en 2013 y Ebrahim Raisi en 2023.

En este contexto, caracterizado por un nuevo intervencionismo norteamericano a escala global, Irán aparece como el eslabón débil del cual emergen diversas realidades hostiles a Estados Unidos, tanto en Medio Oriente como en Asia e incluso en América Latina.

Después de la operación naval «Southern Spear» desde agosto de 2025 en el Caribe, Estados Unidos desplegó otra flota en el mar de Omán y el golfo Pérsico. Con el portaaviones USS Abraham Lincoln, se encuentran destructores como el USS Petersen Jr. y el USS Murphy, equipados con sistemas de misiles interceptores antiaéreos y de superficie «Standard SM-6», además de misiles de crucero Tomahawk con un alcance de 1,600 kilómetros.

Los sistemas de defensa aérea THAAD y Patriot figuran entre los más modernos y robustos. En total, este potencial militar moviliza actualmente entre 40,000 y 50,000 efectivos en la región, lo que demuestra que no se trata solo de un instrumento de disuasión, sino de una fuerza preparada para actuar y cumplir su misión «con rapidez y violencia, si es necesario», según afirmó el presidente estadounidense en su red social Truth Social.

Desde hace semanas, Washington ha incrementado la presión sobre Teherán. ¿Cuál sería el objetivo? Sin duda, el tema nuclear es central, al igual que el energético. En pocas palabras: ¿sería más estable un mundo con armamento nuclear iraní? Evidentemente no, y menos aún en un contexto global marcado por la emergencia de una bipolaridad económica y tecnológica sino-estadounidense.

Estados Unidos ha desplazado a Oriente Medio una flota encabezada por el portaaviones estadounidense Abraham Lincoln, junto con su grupo de escolta, en medio de las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de atacar si Teherán no negocia un acuerdo sobre su programa nuclear y si continúa con la represión de los manifestantes.

Irán ha sido durante años un factor de desestabilización para Estados Unidos, mientras su régimen se muestra cada vez más debilitado tras décadas de sanciones económicas, conflictos regionales y el refuerzo de la presión norteamericana.

Trump parece decidido a hacer evolucionar la situación. ¿Un cambio de régimen a raíz de una intervención militar terrestre? ¿Apoyo a una transformación interna que permita a una oposición reorganizada presentarse como alternativa creíble? ¿O negociaciones bajo coerción para que Irán abandone su proyecto nuclear con fines militares?

Todo es posible, mientras Venezuela, pese a las diferencias de contexto, aparece como un caso de «jurisprudencia» en intervención externa. Con la desaparición del líder —en este caso Maduro— se atacaron los fundamentos simbólicos del régimen, evitando una implosión total del sistema, pero abriendo espacios inesperados. El «electrochoque» fue fuerte, y el mensaje de poder por parte de Estados Unidos, claro.

En Irán, la meta podría ser similar, aunque las consecuencias serían aún más profundas en el ámbito internacional, además de una nueva desestabilización regional, cuando otros teatros activos de guerra siguen desarrollándose, como en Ucrania.

Irán advirtió este sábado que sus Fuerzas Armadas están «con el dedo en el gatillo» y monitorean de cerca los movimientos del «enemigo», en referencia a Estados Unidos, que ha desplegado una gran flota en Oriente Medio para una posible acción militar contra Teherán, y amenaza con declarar terroristas a ejércitos europeos en represalia a medida de la UE.


Politólogo francés y especialista en temas internacionales.

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