Vemos a diario a personas que se van del país por miedo a represalias y creemos que «él se lo buscó».
Vemos a diario a personas que se van del país por miedo a represalias y creemos que «él se lo buscó».
El cambio, sin duda, es parte de la evolución humana y sería retrógrado oponerse a él. Pero es importante preguntarnos cuánto en verdad debemos cambiar y analizar cómo el entorno general de la sociedad nos afecta de manera directa en nuestra vida diaria, y si se quiere, incluso, en nuestra parte más íntima de la vida.
Hace unos años vivimos inmersos en mucha violencia y en algún punto de la vida deseamos que eso terminara a cualquier costo. Ahora parece que la violencia terminó y que ese «cualquier costo» nos blindó los ojos para ver todo lo demás.
No comprendo, y jamás voy a comprender que decidiéramos entregar la seguridad jurídica, así, el intercambio nos llegara a parecer necesario.
No puedo comprender que cada día las voces que buscan la verdad se vean silenciadas por la sola razón de no compartir la misma opinión que otros, porque somos incapaces de entender que el escrutinio es un contrapeso esencial en toda sociedad. Y lo más grave, creemos que eso no nos interesa, que no es nuestro problema y actuamos con total indiferencia.
¿A caso no vemos que estamos convirtiéndonos en una sociedad sin empatía?
Vemos a diario centenas de personas estafadas en redes sociales, y ya normalizamos que este mundo es de los más «vivos».
Vemos a diario a personas que se van del país por miedo a represalias y creemos que «él se lo buscó». Vemos a personas procesadas y condenadas sin un debido proceso, e inmediatamente pensamos que «seguramente se lo merece», y algunas veces, pese a estar conscientes que algunos de ellos son inocentes, lo aceptamos al creer, que es el precio para que estén condenados los verdaderos culpables.
Y como si fuera poco, detrás en una pantalla nos burlamos de a quienes les toca el lado oscuro de la historia actual de El Salvador, porque no somos incapaces de entender que todos somos hijos, padres, o hermanos de alguien más. Y así, poco a poco hemos aprendido a tolerar los abusos, porque nos convencimos de que quizás es mejor así y creemos que todo esto no nos importa o nos afecta, porque no vemos que esa falta de empatía ya es parte de nuestro día a día
Poco a poco hemos llegado a obviar que esa falta de empatía por las generalidades de la sociedad, si tienen una incidencia directa en lo más íntimo de nuestras vidas. Y es que, hoy día, hay personas que prefieren autopercibirse como animales, como si ser un humano no fuera un regalo maravilloso de Dios, mientras que,paradójicamente hay quienes que con decidía maltratan a otros seres vivos, cuando el amor se demuestra amando a los más indefensos.
Eso no es todo. La falta de empatía social nos llevan a ensimismarnos a tal punto de convertirnos en personas que solo piensan en sí mismas, y vemos cómo ahora ya nadie quiere tener hijos, porque, «la vida es muy cara», como si se nos hubiera olvidado que existe un Dios que nos ama y que nunca nos deja desamparados; las señoritas normalizaron no ser tratadas como verdaderas damas, y a los jóvenes ya no les interesa ser auténticos caballeros. ¿Dónde quedaron las flores y los poemas? ¿Será que se quedaron atrapados en las redes sociales, o soy yo quien sigue viviendo en otra época?
Desde lo más general de la sociedad hasta lo más íntimo de nuestras vidas importa, y no podemos seguir aceptando normalizar lo inaceptable, porque todo es necesario para una mejor sociedad.
Hubiera querido no ser tan romanticista en un artículo de opinión social, pero es que en verdad creo, que a la sociedad actual le está faltando amor.
Abogado
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