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En tiempos difíciles

El actor, lejos de aislarse y desaparecer de los ojos del público, comenzó a través de entrevistas y de sus redes sociales, a relatar sus vivencias con el tratamiento y a compartir sus percepciones sobre su existencia.

La vida da giros inesperados, dramáticos algunas veces, y puede ser que un viernes estés celebrando con tus amigos, con la sensación de que todo va yendo bien, y el viernes siguiente estés en la cama de un hospital con un diagnóstico desconsolador.

Precisamente, esto fue lo que le ocurrió al actor James Van der Beek, el principal protagonista de la serie Dawson’s Creek de finales del siglo pasado e inicios de este. Casado y con seis hijos pequeños, trabajando siempre como actor y obteniendo algunos papeles; a finales del año 2023 le diagnosticaron cáncer colorrectal de etapa III (con invasión de ganglios linfáticos próximos).

Esta etapa es especialmente complicada, pues no está en la fase inicial, cuando hay buenas posibilidades de curación; ni en la etapa ya muy avanzada, donde las recomendaciones son simplemente que arregles tus asuntos pendientes. Está justo a la mitad, donde lo que procede es un tratamiento agresivo con el fin de salvar la vida. James Van der Beek no hizo público su diagnóstico hasta un año después; y lo que realizó posteriormente fue algo muy valiente, algo que ha dejado muchas enseñanzas y que permite hacer importantes reflexiones sobre la vida y su sentido.

El actor, lejos de aislarse y desaparecer de los ojos del público, comenzó a través de entrevistas y de sus redes sociales, a relatar sus vivencias con el tratamiento y a compartir sus percepciones sobre su existencia. Refirió cómo la enfermedad le había dado un vuelco a su vida, de ser un actor activo a pasar en terapias continuas, de ser el proveedor de su familia a quedar sin ingresos y ver cómo sus ahorros se evaporaban, de ser un hombre fuerte (había sido jugador de fútbol americano y un senderista experto) a ver disminuir progresivamente su vitalidad. Se hizo un activista de la lucha contra el cáncer colorrectal, una condición que va en aumento, que cada vez se presenta en personas más jóvenes y que produce síntomas hasta que está avanzado. Se puso como ejemplo para hacer énfasis en la importancia de pruebas de detección temprana (colonoscopía y pruebas especiales de sangre).

Pero tal vez lo más impresionante fueron sus reflexiones sobre su percepción de la vida y de cómo su enfermedad le permitió comprender los misterios que tiene y sus objetivos. Compartió que de joven se percibía como actor pero que eso no lo llenó realmente; que después se definió como esposo, que eso fue mucho mejor; y que después se definió como padre, y que eso fue lo máximo.

La enfermedad, expresó, le quitó bruscamente esos roles. Sin poder proveer y cuidar de su familia, viendo la muerte cara a cara y cada vez más débil y dependiente, se preguntó quién era y cuál era su papel en el mundo. Después de mucha reflexión, la respuesta le llegó, así sutilmente como llegan las respuestas a las grandes incógnitas de la existencia. Se dio cuenta, dijo, de que no era únicamente un tipo débil con cáncer, encerrado en una habitación sin poder hacer mayor cosa, sino que era digno del amor de Dios simplemente por existir, y que, si era digno de ese amor, también era digno de amor para consigo mismo. Su enfermedad, concluyó, le ayudó a comprender todo eso.

James Van der Beek murió el pasado 11 de febrero a los 48 años. Que descanse en paz y que su aprendizaje nos ayude a todos.

Médico Psiquiatra.

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