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El negocio de la desinformación migratoria

Detrás de estafas de este tipo -que por cierto existen en muchos rubros- no solo hay dinero perdido; hay ilusiones, tiempo, confianza y, muchas veces, el proyecto de vida de una familia…

Lic. Sandra Guevara

Hace algunos años, cuando una persona quería iniciar un proceso migratorio, lo más difícil era encontrar información. Hoy ocurre justo lo contrario.

Hay tanta información disponible que, paradójicamente, cada vez resulta más difícil para el ciudadano común distinguir cuál merece confianza y cual debe descartar en el acto, o no consumir.


Basta abrir una red social para encontrar videos que prometen revelar «el secreto para obtener una visa», transmisiones en vivo donde alguien responde preguntas migratorias durante horas, publicaciones que anuncian “oportunidades únicas” para ingresar a determinado país, páginas que ofrecen puestos de trabajo con “contratación inmediata” o mensajes que aseguran conocer «lo que las autoridades no quieren que usted sepa».

El problema es bastante grave y complejo. Porque no es únicamente que esa información pueda ser incorrecta -que ya es complicado-, es que además, detrás de buena parte de ella, existe un incentivo.

Es decir, estamos viviendo un fenómeno en el que la desinformación también puede ser un negocio. Y es que pareciera que ya no importa mentir descaradamente, difundir rumores o incluso hacer el ridículo con tal de obtener visualizaciones. Hay quienes reciben regalos durante transmisiones en vivo mientras responden consultas sobre un tema del que claramente carecen de preparación y experiencia.

También están quienes venden supuestos formularios «especiales», ofrecen citas inexistentes, prometen procesos garantizados o utilizan el nombre de instituciones reconocidas para generar una confianza que nunca se ganaron.

Y, por supuesto, existe el nivel más grave: organizaciones o personas que crean páginas casi idénticas a los sitios oficiales, clonan logos, copian formularios e incluso simulan plataformas gubernamentales con el único propósito de obtener dinero o información personal.

Todas estas situaciones parecen diferentes; sin embargo, tienen un elemento en común: alguien que obtiene un beneficio aprovechándose de la necesidad, la esperanza o el desconocimiento de otra persona.

Quizá el ejemplo más doloroso -al menos para mí-, y el que más me indigna es el de quienes engañan a adultos mayores o a personas con poco conocimiento de tecnología. Les hacen creer que están ingresando a un sitio oficial, les cobran por trámites que no existen o les solicitan información personal (datos de tarjetas de crédito) bajo la apariencia de ser una empresa legítima o un sitio web oficial, y eso simple y sencillamente es inaceptable.

Detrás de estafas de este tipo -que por cierto existen en muchos rubros- no solo hay dinero perdido; hay ilusiones, tiempo, confianza y, muchas veces, el proyecto de vida de una familia…

En este mar de la desinformación, algunas veces pareciera que no siempre se tiene la intención de estafar.

Es decir, una persona puede compartir un “consejo” convencida de que está ayudando, o bien puede repetir lo que escuchó de un conocido, o interpretar incorrectamente un cambio en las políticas migratorias y en cuestión de horas, ese contenido puede llegar a miles de personas.

Lo preocupante e irónico a la vez, es que la información falsa no suele presentarse con dudas, se maneja con absoluta seguridad, con frases tipo: «así me aprobaron la visa», «responde así, y te darán la visa”, «tenemos 80 puestos de trabajo»… lastimosamente quien escucha ese mensaje, no siempre tiene los elementos para cuestionarlo.

Como he dicho en otras oportunidades, en temas migratorios cada caso se evalúa de forma individual, y eso es así porque cada persona tiene antecedentes diferentes, objetivos distintos, circunstancias familiares particulares que hacen que lo que fue válido para una persona no lo sea para otra, por ello las generalizaciones son peligrosas.

Pero las respuestas o afirmaciones simples tienen una enorme ventaja: son fáciles de consumir y fáciles de compartir.

En cambio, la verdad suele ser más compleja, por eso casi nunca se vuelve viral.

Vivimos en una época en la que muchas personas sienten que, después de ver varios videos sobre un tema, ya lo conocen lo suficiente como para “orientar” sobre él, lo cual no es cierto. Existe una gran diferencia entre repetir datos y tener la capacidad de analizarlos, contextualizarlos y aplicarlos responsablemente a un caso concreto.

Con esto no estoy diciendo que todo el contenido en internet es incorrecto. Existen profesionales serios que utilizan las redes sociales para orientar, explicar cambios y acercar información útil al público. Pero hay una diferencia importante en cómo comunican.

Quien trabaja con responsabilidad suele reconocer que no todos los casos son iguales. Evita las promesas absolutas. Explica los límites de la información general y enfatiza la importancia de presentar los casos con honestidad.

Informarse nunca había sido tan fácil, pero informarse bien, quizá nunca había sido tan difícil.

Por eso, antes de tomar una decisión migratoria, vale la pena que se detenga un momento y se pregunte no solo qué información está escuchando, sino también quién la está diciendo, cuál es su experiencia y qué interés puede existir detrás de ese mensaje.

Y es que en temas de inmigració la información no debería elegirse por cuál es la más viral, debería elegirse por cuál es la más confiable.

Directora de COIMSAL, Asesoría Migratoria

www.asesoriamigratoriacoimsal.com

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