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El mapa y el territorio

Tantas promesas parecen “demasiado buenas para ser ciertas” y cuando uno mira con lupa se descubren contradicciones, injusticias, corrupción, fruto directo de posturas menos institucionales, menos partidistas (es decir, sin más ideología que la de mantenerse en el poder) y asentadas en una confianza ilimitada en el líder de turno

Es ya un tópico decir aquello de que “el mapa no es el territorio”, con ánimo de ilustrar que una cosa es un plan, un proyecto, un diseño, y otra distinta la realidad que resulta de su puesta en marcha.

También en política.


Como en todo, y más en esta época de hiper comunicación, también los modelos sociales se presentan de un modo en la teoría y de otro en la realidad. No escapan del manido “meme” que nos aparece de vez en cuando en las redes sociales: aquél que te pone una foto fantástica con la leyenda “lo que viste en Temu”, al lado de un remedo del producto que esperabas con el texto “lo que recibiste”…

Como sea, en política se habla ahora mucho de lo que a alguien se le ha ocurrido etiquetar como “nueva derecha”. No porque haya detrás una ideología de derecha, o cuente con teóricos políticos que sustenten intelectualmente el proyecto, sino, simplemente porque “no es izquierda”.

Una forma de hacer política que descansa en cinco pilares que sostienen una realidad -¿virtual? No importa, ya se verá por qué- muy convincente: me refiero a lo que se podría denominar un “estado de bienestar” ampliamente difundido en redes construido sobre estos cinco principios no negociables:

1. liderazgos personalistas, muy convenientes cuando no hay ideas que sustenten el proyecto;

2. comunicación directa con los ciudadanos a través de las redes, lo que podría llamarse una comunicación “sin filtros”, aunque, ya se sabe pero se calla, los filtros los pongan quienes comunican;

3. desconfianza ante lo institucional, desde la Constitución política, pasando por los partidos y los mecanismos de regulación del poder;

4. prioridad de la seguridad y del orden público, que suele ser el primer resultado tangible que todos los ciudadanos pueden disfrutar como venido directamente de la mano del gobernante de turno;

y, el último pero no menos importante…

5. una narrativa contra las élites, paradójicamente liderada por alguien que en sí mismo es parte de una élite. Una receta perfecta sobre todo cuando se aplica en América Latina, donde los partidos tradicionalistas y los dinosaurios políticos que los lideran se han enquistado en estructuras de poder rancias y exclusivas, cuya legitimación para mantenerse no solo en el poder sino también en la contienda política es de corte conservador.

Un discurso que choca de frente contra una masa de votantes que están ávidos de cambios (que por conservar solo conservan el ánimo de novedades)… Personas cuya nueva sensibilidad política les lleva a acoger de mil amores las promesas de cambiar la Constitución, que -política y socialmente hablando- se ha dejado de ver como faro o guía y hoy día es presentada como una camisa de fuerza de la que es urgente deshacerse.

Sin embargo… el mapa no es el territorio. Tantas promesas parecen “demasiado buenas para ser ciertas” y cuando uno mira con lupa se descubren contradicciones, injusticias, corrupción, fruto directo de posturas menos institucionales, menos partidistas (es decir, sin más ideología que la de mantenerse en el poder) y asentadas en una confianza ilimitada en el líder de turno que, basándose en realidades que cacarea (la seguridad, por ejemplo), oculta otras que chirrían fuertemente, como la de las libertades políticas de los ciudadanos y, la más “dolorosa”, una economía que sigue favoreciendo un puñado de ciudadanos mientras las mayorías ven reducirse considerablemente no solo su poder adquisitivo, sino en algunos casos la pura y dura seguridad alimentaria.

Como siempre, habrá que darle tiempo al tiempo, pues cuando se depende sólo de liderazgos personales y no se cuenta con un plan de nación, o se tiene pero se desprecia, queda todo a merced de caprichos y genialidades cuyos resultados en el mediano plazo carecen de métodos o mecanismos de corrección o re enrutamiento. Ni modo.

Ingeniero/@carlosmayorare

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