Es muy del caso que Colombia se ciña a las normas mundiales para el manejo y trato de encarcelados, establecidas en honor de Mandela
Es muy del caso que Colombia se ciña a las normas mundiales para el manejo y trato de encarcelados, establecidas en honor de Mandela
La alcaldía de Medellín –y según palabras de sus representantes, «siguiendo el ejemplo de El Salvador»– avanza en la construcción de una megacárcel con capacidad para 1,300 reclusos.
Es obvio que no podría construirse en la capital, Bogotá, por su altura sobre el nivel del mar, que implica riesgos tanto para los custodios como para reos con males cardíacos. Ni en sitios muy altos ni en zonas muy calientes; siempre hay que buscar lo que menos afecte al personal, a los reclusos y a los familiares de ambos grupos que buscan estar cerca de ellos.
Medellín es la segunda ciudad del país y llegó a ser una de las más violentas del mundo antes de la muerte del narco Pablo Escobar en 1993.
Es importante reconocer que torturar a los detenidos, además de recibirlos a patadas y golpes, como en un país cuyo nombre no recordamos en estos momentos, no encaja con la trayectoria de los colombianos, que mal que bien, y pese a una historia con toda clase de vaivenes, han logrado preservar el sistema democrático, aun cuando las amenazas de los carteles de la droga obligan a choques armados entre las fuerzas estatales y las bandas.
Es muy del caso que Colombia se ciña, en lo posible, a las normas mundiales para el manejo y trato de encarcelados, establecidas en honor de Nelson Mandela, un personaje que pasó treinta años detenido por oponerse a la política del apartheid en Sudáfrica, que trataba a los negros y hasta a los indios como gente «inferior».
Las megacárceles no tienen sentido, pues inclusive en El Salvador hay una especie de «archipiélago» de cárceles, incluyendo las de mujeres. Fue el premio Nobel, Alexander Solzhenitsyn, quien acuñó la expresión «ARCHIPIÉLAGO GULAG», refiriéndose a la red carcelaria que se inició en Rusia, seguramente bajo los zares y que se mantiene al día de hoy.
Toda entidad «mega», en el sentido de gran tamaño, mucho personal y el correspondiente papeleo, sufre del gigantismo en una forma u otra, traducido en falta de control y atención de la población, de allí que optar por menos tamaño generalmente se traduzca en más eficiencia, pues problemas y soluciones se encuentran con mayor facilidad.
La mayor mancha sobre un régimen son los presos políticos, gente inocente…
Venezolanos deportados de Estados Unidos y encerrados a toda costa en la megacárcel en Tecoluca denunciaron que fueron torturados sistemáticamente, a lo que se suma el encarcelamiento de personas por el solo hecho de «desagradar» al régimen y otras inocentes capturadas bajo el «estado de excepción» sólo por el hecho de que iban pasando por un retén.
El régimen ha tenido que reconocer que dejó en libertad a cerca de ocho mil capturados a los que no les pudo probar vínculos con pandillas y grupos delincuenciales. Estos desafortunados tuvieron que pasar semanas y hasta meses en prisión, además de perder sus trabajos, dejar de proveer sustento a sus familias y quedar estigmatizados sin que ninguna autoridad, hasta donde se sabe, les haya pedido disculpas y les haya resarcido por los daños. Y vale aclarar que no nos referimos a delincuentes torvos, probados y sin posibilidad de redención, sino a personas injustamente detenidas y vejadas.
Por otra parte, los presos políticos son una grave mancha para cualquier régimen y que es lo usual en las dictaduras, como se ve en Venezuela y fue el horror del régimen de los Assad en Siria y con los ayatolas en Irán.
En las cárceles hay que dar oportunidad a los reos, inclusive aquellos condenados a cadena perpetua, a superarse en el sentido de darles ocupación en una forma u otra, sea fabricando artesanías, estudiando, haciendo música, aunque hay casos en que lo primordial del castigo es precisamente aislarlos cuando han perpetrado crímenes sádicos, particularmente los relacionados con niños o personas que, por uno u otro motivo, se encontraban en una indefensión absoluta.
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