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El futuro de la energía

El estudio sostiene que, en las próximas décadas, la energía solar será la tecnología dominante, multiplicando por seis su capacidad instalada actual. Hacia 2040, siete de cada diez autos nuevos serán eléctricos, y la logística pesada (camiones, trenes, barcos) se incorporará progresivamente a sistemas híbridos o impulsados por hidrógeno. La inteligencia artificial y los centros de datos provocarán un aumento inesperado de la demanda eléctrica.

El ser humano siempre ha soñado con fuentes de energía infinitas capaces de solventar todas sus necesidades. Incluso los hombres más ricos del mundo (Musk, Slim, Gates, Bezos) se plantean esa posibilidad mediante sus propias tecnologías, pero, como siempre, con conclusiones muy cortas y poco eficaces. Todos los recursos de la Tierra son finitos y, tarde o temprano, el ingenio humano deberá buscar otras alternativas energéticas, probablemente a precios altos y, en el peor de los casos, con un elevado costo ambiental.

Según el informe Global Energy Perspective 2025 de McKinsey & Company, la descarbonización será desigual, compleja y dependerá de la realidad económica de cada país. En nuestro caso puntual, esto nos pone en desventaja, porque, si bien existe el conocimiento y las herramientas informativas al respecto, muchos tomadores de decisiones se rehúsan a promover planes y acciones sostenibles que nos encaminen hacia la descarbonización.

En nuestro país, la seguridad energética ha venido evolucionando después de enfrentar grandes desafíos. Uno de ellos fue el conflicto armado, cuando la infraestructura sufrió sabotajes y destrucción por parte de la exguerrilla, que buscaba frenar la actividad productiva del país. En respuesta, la constante reparación y restablecimiento de los servicios energéticos por parte de los gobiernos y administradores de turno provocó grandes atrasos y racionamientos en esa época.

Con el fortalecimiento, la reconstrucción del país y la inversión en áreas estratégicas como la geotermia y la energía hidroeléctrica —recursos que El Salvador posee y de los cuales saca provecho— se ha logrado disminuir la dependencia de los combustibles fósiles. Por estos dos grandes recursos, El Salvador siempre ha soñado con la autosuficiencia energética.

Sin embargo, no lo ha conseguido, porque, a pesar de la capacidad de generar energía limpia mediante los factores mencionados, el modelo económico se rige en base al petróleo. La dependencia de la importación incrementa la vulnerabilidad frente a variaciones del precio internacional, interrupciones de suministro o choques externos.

A pesar de ello, en materia de seguridad energética, los beneficios de las energías limpias en El Salvador reducen la dependencia de combustibles fósiles y fortalecen la seguridad energética nacional, generando beneficios económicos y sociales como creación de empleo, desarrollo comunitario, atracción de inversiones e incentivos fiscales.

Volviendo al estudio de McKinsey: los combustibles fósiles aún cubren el 78 % del consumo mundial; el petróleo seguirá siendo relevante hasta 2040; y la demanda de electricidad se duplicará hacia 2050 debido a la expansión de la inteligencia artificial (IA), los centros de datos y la movilidad eléctrica.

El estudio sostiene que, en las próximas décadas, la energía solar será la tecnología dominante, multiplicando por seis su capacidad instalada actual. Hacia 2040, siete de cada diez autos nuevos serán eléctricos, y la logística pesada (camiones, trenes, barcos) se incorporará progresivamente a sistemas híbridos o impulsados por hidrógeno. La inteligencia artificial y los centros de datos provocarán un aumento inesperado de la demanda eléctrica.

Respecto a la matriz energética de El Salvador, el 53.83 % es térmica (incluye gas natural), el 20.25 % es geotérmica, el 12.82 % es hidroeléctrica, el 7.56 % es solar y el 2.74 % es eólica.

Dentro de la búsqueda de soluciones y alternativas de generación de energía, los desechos orgánicos, que representan más del 40 % a nivel nacional (más que el plástico y el papel), ofrecen una gran oportunidad. Aprovechando estos desechos y canalizándolos hacia infraestructura adecuada con tecnología de punta —junto con inversión extranjera— es posible obtener biogás y subproductos como biometano y biofertilizantes, brindando soluciones energéticas a la población.

El desecho orgánico, que genera lixiviados, moscas y graves enfermedades, debe transformarse en una oportunidad que consolide la seguridad energética y genere beneficios para la población. Esto implica ordenarse por sectores, municipios, distritos e industrias; afinar la iniciativa; planificar; y hacer realidad proyectos que lleven energía a los hogares que, en pleno siglo XXI, aún pasan las noches iluminándose con candelas.

Experto en temas ambientales y descarbonización.

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