El mundo y nuestra vida suele ser una fábula del Divino Escritor de Fábulas. Como género literario -dirigido especialmente a niños- las fábulas nos enseñan valores morales de la existencia. Escritas en prosa o en verso breve, ejemplifican los enigmas de la vida, el destino y la felicidad, animando animales que hablan y actúan el drama como seres humanos, con el fin de ejemplificar los personajes del relato. En este caso extraigo de mis fábulas escritas a través del tiempo la de un ángel que sufre una caída en los orígenes de la Historia. La misma dice así: “En los principios del mundo. Cuenta la fábula que a un ángel mensajero se le rompió el ala quedando varado en los desfiladeros. Truncado del vuelo se puso a llorar su desventura. Entonces sus lágrimas se hicieron lluvia. La lluvia se hizo río que –brotando en los montes- se hizo milagro. Sus aguas se fueron cuesta abajo y formaron un mar. Del agua evaporada en las mareas nacieron nubes y celajes… “Antes de llorar –dijo el ángel- no había lluvia, ni río, ni mar, ni rosas en el viento». Tiró un puñado de lágrimas al cielo y surgieron las estrellas. “Padre –dijo a Dios- Yo que renegué de mi ala rota no pude comprender que con ello estaba siendo instrumento de tu obra creadora. A través de mi tristeza creaste una lluvia, un río, nubes y el mar. ¡Y hasta astros en mi noche! Otra vez que pase dura prueba, soportaré estoicamente la pena –agregó al Gran Espíritu–. Pueda ser que entonces necesites nuevamente de mis lágrimas a fin de crear un sueño y un mundo mejor…” (De “Fábulas sin Tiempo” de C.B.) ©