Light
Dark

Donald Trump: ¿Consejo de Paz o anuncio de un nuevo sistema internacional?

Se perfila así una nueva batalla internacional: por un lado, una visión de mercado de las relaciones internacionales, promovida por Donald Trump a través de una diplomacia del “deal”; por otro, un enfoque multilateral basado en el respeto de las fronteras y la integridad territorial.

Esta semana se celebró en Suiza el Foro Económico Mundial, conocido como el Foro de Davos. Líderes internacionales —jefes de Estado, dirigentes empresariales y representantes de la sociedad civil— se reunieron en un contexto de tensiones globales inéditas en décadas. Ningún continente permanece al margen de los focos de conflicto: desde América Latina hasta la región del Atlántico Norte, atravesada por la cuestión de Groenlandia, cuyo control ha sido evocado por Donald Trump; África, marcada por la guerra en Sudán, la inestabilidad en la región de los Grandes Lagos (este de la República Democrática del Congo, Ruanda y Burundi) y el Sahel; Medio Oriente; Europa, confrontada a la prolongación de la guerra entre Ucrania y Rusia; y Asia, con las disputas en el mar de China y la persistente presión ligada al riesgo de proliferación nuclear en Corea del Norte. A ello se suma la crisis de los aranceles aduaneros. Rara vez el mundo pareció tan próximo a la fractura como en este 2026.

¿Estamos asistiendo al fin del “orden internacional” surgido tras el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945? El presidente de Estados Unidos, al reafirmar la potencia norteamericana en los planos geográfico, tecnológico y militar, parece acelerar un movimiento iniciado de manera paradójica por países y regímenes que, desde la década de 2010, han buscado proponer una alternativa al sistema de gobernanza mundial establecido tras la guerra. El denominado “Sur Global”, pese a su heterogeneidad y a la diversidad de intereses que lo atraviesan, ha intentado influir en un cambio de la gobernanza global. Este espacio reúne a los países del BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a los que se sumaron desde 2025 Irán, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos y Egipto), así como a Estados con posiciones abiertamente antioccidentales, como Nicaragua o Venezuela bajo el mando de Nicolás Maduro. Sus esfuerzos se han concentrado tanto en la arquitectura institucional —Consejo de Seguridad de la ONU, organismos financieros multilaterales, alianzas de seguridad— como en los equilibrios de poder.

Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump parece haber acelerado este fenómeno. Para los aliados tradicionales de Estados Unidos, especialmente los europeos y varios países de Asia como Japón, Corea del Sur o India, el proceso resulta inédito, por no decir sorprendente. Las tensiones en torno a Groenlandia ilustran esta dinámica, que algunos analistas asimilan a una inversión de alianzas. Como consecuencia, se pone en tela de juicio la OTAN, fundada en 1949 por iniciativa de Estados Unidos junto con Canadá, los países de Europa occidental y Turquía, uno de los pilares de la arquitectura de seguridad global que hoy aparece desequilibrado.

La “Nueva Estrategia de Seguridad Nacional”, hecha pública por la Casa Blanca en noviembre de 2025, expone la nueva visión internacional de Estados Unidos. Proteger a la “nación estadounidense” implica asumir una “preeminencia” en el continente americano, controlar las migraciones y garantizar el suministro de materias primas, en un mundo que se encamina hacia una bipolaridad sino-estadounidense. Estas orientaciones se reflejan en el “Consejo de Paz” anunciado por Donald Trump en Davos, cuya primera referencia estuvo asociada al plan estadounidense para Gaza presentado en septiembre de 2025. Hoy, el objetivo declarado es “garantizar una paz sólida en las regiones afectadas o amenazadas por conflictos”.

La iniciativa aspira a tener carácter permanente. Hasta el momento, una veintena de países se han adherido, previo pago de una “cuota de entrada” de mil millones de dólares. Con la voluntad de alejarse de enfoques que, según sus promotores, “mantienen una dependencia perpetua” de las poblaciones y fomentan “la institucionalización de las crisis”, el Consejo de Paz aparece como una organización potencialmente competidora de las Naciones Unidas. Israel, Hungría, Azerbaiyán, Marruecos, Egipto, Arabia Saudita, Catar, Baréin, así como Argentina, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Jordania, han anunciado su adhesión. Rusia y China, entre otros, han optado por reservar su respuesta. Francia, al igual que Noruega y Ucrania, ha rechazado de forma definitiva la iniciativa.

Se perfila así una nueva batalla internacional: por un lado, una visión de mercado de las relaciones internacionales, promovida por Donald Trump a través de una diplomacia del “deal”; por otro, un enfoque multilateral basado en el respeto de las fronteras y la integridad territorial. Los efectos ya comienzan a sentirse y podrían acelerar la emergencia de “dos Occidentes”, portadores de visiones culturales, sociales y de influencia internacional divergentes. Es uno de los rasgos del cambio de gobernanza global en el que el mundo parece estar entrando.

Politólogo francés y especialista en temas internacionales.

Patrocinado por Taboola