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Don Ricardo Poma, el hombre que escogió dar esperanza

Don Ricardo era un hombre brillante, que no sólo levantó un imperio financiero, sino un imperio filantrópico, porque creía en la educación.

No, porque no puedo decir que conocí en persona a don Ricardo. No fué como con Don Bobby Murray, que era «el vecino de la colonia». Pero recuerdo una noche, a principios de marzo de 1977, en que estaba sentada en mi camita con mamá, y la televisión estaba encendida. Una mujer lloraba en lo que creo que fue una cadena nacional, pidiendo que le devolvieran a su esposo. Y recuerdo una frase que hasta hoy me quiebra el alma: «Háganlo, por sus dos pequeños hijos».

El hermano de Don Ricardo, Don Roberto Poma, Presidente del ISTU, había sido secuestrado el 27 de enero de ese año. La familia ya había pagado el rescate y Don Roberto no aparecía. 

Los Poma, en ese entonces, aún estaban construyendo su fortuna y Don Roberto trabajaba como cualquier persona. La familia había pagado DOS MILLONES DE DÓLARES (una suma enorme en aquel tiempo) como rescate. Pero la guerrilla exigía además al gobierno la liberación de una comandante guerrillera, Ana Guadalupe Martínez. Nunca entregaron el cuerpo de Don Roberto. Se encontró enterrado el 13 de marzo de ese año, en una tumba en el jardín de una casa en Los Planes. Lo habían matado el 29 de enero. 

La familia se pudo haber ido, como muchas familias hicieron, pudieron haber tenido el mismo imperio (o quizás más grande) en Guatemala, Costa Rica o Miami. 

La gente no asimila que escogieron apostarle a El Salvador. Siguieron adelante, a pesar del dolor, la pérdida y la guerra. Y no sólo hicieron fortuna, la dieron. Don Ricardo era graduado de Harvard, un hombre brillante, que no sólo levantó un imperio financiero, sino un imperio filantrópico, porque creía en la educación. Son incontables las becas al talento que dio a través de Fundación Poma, fundó la ESEN, becó a alumnos de la ESEN,  contrató a muchos en sus empresas, ayudó a que los salvadoreños de nivel medio tuvieran viviendas dignas, apoyó las artes. Sobre todo, fue un hombre que no olvidó sus raíces, pero sí tuvo la grandeza de no intentar vengarse de uno de los asesinos de su hermano: Joaquín Villalobos, quien eventualmente se distanció de la izquierda, se graduó de Oxford y se convirtió en un experto en Resolución de Conflictos. Lo pudo haber hecho, como también pudo haber sido Presidente. Pero prefirió hacer país.

Como les digo, no lo conocí más allá de un saludo exquisitamente cortés y humano, pero la historia habla. En un país donde hay tanto odio por el «rico», y tan poca memoria histórica, la familia Poma debe ser un ejemplo. El país no fue generoso con ellos, pero ellos sí han sido generosos con el país, sin andarlo proclamando. Esa es la definición de ser patriota.

 Descanse en paz, Don Ricardo, y brille para usted la luz perpetua.

 Sírvanse corregir, copiar y compartir. La historia debe contarse.

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