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Día Mundial contra el Cáncer

Debemos saber y ver que todos tenemos derecho a la luz: a un diagnóstico oportuno, a un tratamiento oportunísimo y a dar oportunidad de tener esperanza. Que la batalla que puede estar por iniciar es una batalla que se puede ganar.

Traigo esta frase que nos recuerda a una mujer famosa como lo fue Olivia Newton-John: «El susto de mi cáncer cambió mi vida. Estoy agradecida por cada día que tengo».

En una vida saturada de redes sociales e información desmedida —alguna veraz, otras de dudosa veracidad—, con un ritmo de vida tan acelerado, a pocos parece importar el daño que el cáncer hace a un país y a la humanidad misma desde siglos anteriores hasta el presente. No cabe duda de que la humanidad sigue buscando soluciones ante este flagelo que sorprende a millones de seres humanos cada año con su diagnóstico, al tiempo que cobra vida a millones más alrededor del mundo.

Este año, el Premio Nobel de Medicina se otorgó a tres científicos que trabajan en «cómo mantenemos nuestro sistema inmunitario bajo control para poder luchar contra todos los microbios imaginables y, aun así, evitar las enfermedades autoinmunes». Nuevamente, la ciencia nos está regalando más años de vida a la humanidad, pero algo tan importante y relevante pasó a ser casi invisible porque todas las noticias se enfocaron en el Premio Nobel de la Paz —para lo cual no me extenderé—, opacando al de Medicina, que ayudará tanto a la humanidad.

Lamentablemente, vemos y vivimos el cáncer con tanta resignación y naturalidad que siempre pasa a un segundo plano. El #COVID_19 nos apartó del foco de la realidad cuando ya se encaminaba la aprobación de la ley contra la lucha contra el cáncer; por un momento, los reflectores apuntaron hacia un virus con múltiples hipótesis de que fue creado, y el cáncer quedó relegado a un segundo lugar. Parece que la sociedad no se viera afectada, pero cada día nos damos cuenta de familiares, amigos, conocidos y conocidos de conocidos con diagnósticos de cáncer en fases avanzadas: mujeres jóvenes muriendo de cáncer de mama y de cérvix; hombres menores de cincuenta años padeciendo cáncer de próstata. Y es una lista que no termina.

El cáncer rompe el tejido de la sociedad: una familia sufre, llora; hay demasiado dolor involucrado. No dudo que por cada persona que padece cáncer, se lleve de encuentro a un grupo muchísimo más grande. Es por tal razón que escribir y poner el dedo en el renglón no es ni por cerca una satisfacción personal, sino un deber como ciudadano, como hijo y como trabajador de la salud.

Mientras escribo estas líneas, tenemos al hospital Benjamín Bloom dando lo mejor de sí: personas en las afueras esperando poder ver a sus seres queridos, sabedores de que niños luchan contra la muerte; muchísimas familias contando monedas para aguantar pasar días y noches cerca de pacientes que apenas caminan. Así de duro es el cáncer.

Vale la pena viajar al pasado y revisar la historia detrás del cáncer, y a qué viene destacar una fecha que, para muchísimas personas, jamás sabrán la importancia de resaltar cómo el cáncer nos tiene aún contra las cuerdas.

¿Cómo se originó el Día Mundial contra el Cáncer?
La iniciativa surgió en el año 2000, en la Cumbre Mundial contra el Cáncer para el Nuevo Milenio, celebrada en la ciudad de París. El evento contó con la participación de oncólogos, dignatarios de distintos países y organizaciones internacionales, entre ellos el Director General de la UNESCO de aquel entonces, Kōichirō Matsuura, y el Presidente de Francia, Jacques Chirac. Allí firmaron la Carta de París contra el Cáncer, un documento en el cual los participantes se comprometían a adoptar distintas medidas para el manejo de la enfermedad: promover una mejor comprensión de la misma para erradicar estigmas, fomentar la investigación de nuevos tratamientos y brindarle un trato de calidad al paciente.

El cáncer nos ha quitado a personas maravillosas que, lamentablemente, quedan expuestas ante un sistema de salud que se está reinventando y fortaleciendo, y que seguro llevará a darle vida a una ley de la que tanto se insiste en su creación: volverla ley de la república y ponerla en funcionamiento. Pues entre más temprano se detecte el cáncer, el margen de vencerlo es más grande. Lamentablemente, el cáncer aún se cubre de un estigma social, donde personas prefieren verlo o lo ven como «algo malo». Sin duda, el cáncer es tan democrático que no tiene consideración para nadie, y solo a través de la información es que podemos derrotarlo: visitar un centro de salud donde empiece esa lucha, donde se gana o se pierde.

«El Salvador enfrenta un aumento significativo en los casos de cáncer, especialmente en mujeres. En 2023, se registraron 12,739 atenciones por cáncer, un aumento de más de 30 % en comparación con años anteriores. La tasa de mortalidad por cáncer ha aumentado, con un incremento en la mortalidad por cáncer de mama y cáncer cervicouterino. La detección temprana y el acceso a tratamientos adecuados son fundamentales para mejorar el pronóstico de los pacientes».

Como vemos, el cáncer nos sigue quitando a nuestros seres amados. Vale la pena recordar el fallecimiento reciente de la nieta de un ex presidente de los Estados Unidos de América para que entendamos que nadie está exento de padecerlo. Nuestro país atiende a un promedio de 170,000 personas que padecen algún tipo de cáncer, informó el Ministerio de Salud. De acuerdo con los datos de la institución, cada año dan 69,048 atenciones oncológicas, mientras que el ISSS brinda 101,000. Desde 2021 hasta 2024, el MINSAL reportó 276,191 atenciones oncológicas, y desde 2020 hasta 2024 el Seguro Social brindó 504,544. Salud registra que el país tiene priorizados seis tipos de cáncer, entre los que se encuentran el cáncer de mama, cervicouterino, próstata, colorrectal, estómago, pulmón, leucemias y linfomas (que asiste, en atención a niños).

Este reflexivo mensaje debe hacernos ver, en primer lugar, que el cáncer no respeta clase social, cuentas bancarias ni fama o belleza. Sin embargo, debemos saber y ver que todos tenemos derecho a la luz: a un diagnóstico oportuno, a un tratamiento oportunísimo y a dar oportunidad de tener esperanza. Que la batalla que puede estar por iniciar es una batalla que se puede ganar. Que el 4 de febrero no solo sea una fecha más, sino que sea el alto en el camino para retomar fuerzas y fortalecer la lucha contra esta enfermedad.

Médico.

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