Light
Dark

Costa Rica anuncia la construcción de una mega-cárcel

Es claro que las «megacárceles», como cualquier enorme complejo de lo que sea, presentan graves y con frecuencia casi irresolubles problemas

El Gobierno de Costa Rica ha anunciado que iniciará la construcción de una megacárcel en el país. Esto coincide con la situación que actualmente prevalece en Guatemala, donde el enorme presidio ha dado lugar a motines internos, el asesinato de policías y huelgas permanentes.

Es claro que las «megacárceles», como cualquier enorme complejo de lo que sea, presentan graves y con frecuencia casi irresolubles problemas, lo que ha generado situaciones propias y peculiares, como ha ocurrido en El Salvador con la llamada «red de gulags».

El problema se da particularmente en países del Segundo Mundo hacia abajo, aunque también en Estados Unidos se sufren graves anomalías en las cárceles, pese a que muchas de ellas son manejadas por empresas privadas contratadas con tal propósito.

Para manejar cárceles sin que se conviertan en máquinas de moler carne humana, en honor de Nelson Mandela —el activista contra el apartheid (separación de negros y blancos), que pasó más de treinta años encarcelado para luego convertirse en el primer presidente negro de Sudáfrica— se han establecido normas para regular el trato hacia los presos. Éstas buscan no deshumanizarlos al punto de considerarlos seres sin posibilidad de rehabilitación, tanto moral como física, ni hundirlos sin esperanza en un infierno, como lo describe el inmortal poeta italiano Dante Alighieri al retratar la situación en el infierno, donde los condenados, como reza la entrada, «deben abandonar toda esperanza»: quien entra aquí no saldrá jamás.

Lo que, a nuestro juicio, debe intentarse son dos cosas: darle al reo la oportunidad de «salvar su alma» en alguna medida y permitirle ser útil a otros, elaborando pequeños bienes que pueda vender o que contribuyan a hacer el presidio más tolerable. Actualmente se dice que muchos de ellos están ayudando a reconstruir escuelas, ojalá que recibiendo alguna remuneración.

En El Conde de Montecristo, Alejandro Dumas narra cómo Edmundo Dantés «se pierde en el sistema carcelario». Su caso se olvida y, de ser un «preso político» por haber participado en las luchas a favor y en contra de Napoleón Bonaparte, prácticamente queda como reo sin esperanza, pues ni siquiera tiene un compañero de celda con quien hablar, hasta que sonidos rítmicos le llegan desde otra celda: la del exabate que le revela dónde enterró sus tesoros.

Es obviamente prematuro conocer bajo qué clase de esquema la megacárcel de Costa Rica será construida y si no caerá en los mismos problemas que el país comparte con sus vecinos: burocracias casi inamovibles y papeleos sin fin. Lo que debe evitarse bajo todo punto de vista es lo que sucede en nuestro suelo: los reos, a los que se suman los presos políticos, se «pierden»; sus familiares no saben nada de ellos, ni de su condición de salud. A esto se agrega la acusación internacional contra el país de que sufren torturas y que muchos mueren cautivos y van a parar a fosas clandestinas.

Es esencial que tanto en Costa Rica como en El Salvador se cumplan los lineamientos de Mandela.

Guatemala ha comprendido la lección

El vecino país ha entrado en emergencia por la masacre de 10 policías la semana anterior, por lo cual procedió a decretar de inmediato el estado de sitio para combatir a las maras, equivalente al «régimen de excepción» en El Salvador, que de excepcional no tiene nada, sino que es una fatídica regla para la gente inocente a la que se lo aplican.

Como se sugirió en estas páginas hace unos días, las autoridades guatemaltecas se cuidaron de hacer una serie de aclaraciones y salvedades en el decreto, entre ellas que no se puede capturar y procesar a nadie por su filiación política ni se pueden suspender actos sociales y culturales.

Un estado de sitio o «régimen de excepción» no deben utilizarse como armas para sacrificar a inocentes, acabar con la democracia, el pluralismo, la libertad de expresión e información, la capacidad de cuestionar y criticar, pues esto se vuelve en contra de la misma sociedad que inicialmente puede aplaudir las medidas, y en contra de las mismas autoridades que a la postre tendrán que rendir cuentas de sus actos.

Patrocinado por Taboola