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Chavistas quieren que venezolanos olviden sus crímenes

Los chavistas se han subordinado a Washington, pero internamente protestan por la captura de Maduro

Según organismos internacionales de derechos humanos, más de 300 personas han sido asesinadas en manifestaciones en Venezuela desde 2014 y se han perpetrado más de 15,000 ejecuciones extrajudiciales entre 2000 y 2025.

Por lo anterior resulta redículo y hasta repulsivo que el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, salga ahora abogando por «el perdón, el olvido y la reconciliación» y una ley de amnistía para los opositores presos.

La hipocrecía y la cursilería le rebalsan cuando habla del perdón como «un acto de amor», no para «validar lo que estuvo mal, sino decidir que ese dolor ya no tiene el poder de arruinar nuestro presente».

El tal general, al que como cualquier sirviente Chávez le daba órdenes en sus delirantes reuniones de gabinete, ahora apela a «lograr que el recuerdo ya no duela», como si para innumerables madres fuera fácil olvidar el asesinato de sus hijos o cómo era secuestrados en manifestaciones o apaleados por los guardias «bolivarianos», que les apretaban la bota en el cuello.

¡Cómo pasar por alto cómo hay más de 800 reos políticos injustamente presos desde hace muchos años!

Esperar un «acto de amor», como lo pide Padrino, es una trampa cazabobos, es seguir entronizando la impunidad en menoscabo de la justicia que reclama ese país llevado a la ruina por el chavismo. Y si no lo creen, pregúntenle a la familias venezolanas qué se siente tener que buscar sobras en la basura para comer.

Entre los «opositores» liberados en estos días se informa que hay dos jóvenes con trastorno del espectro autista. ¡Es que estos falsos redentores que proclamaban la igualdad y el socialismo se pasaron de bárbaros y corruptos!

¡Ah! Pero ahora se dice que viven lo que en medios internacionales se define como una especie de «esquizofrenia discursiva», doble personalidad o poder camaleónico para abrazar a Donald Trump mientras fustigan al «imperialismo».

Los chavistas se han subordinado a Washington, pero internamente protestan por la captura de Maduro y el «intervencionismo» para mantener la apariencia de «revolucionarios», probablemente para contener a sus bases y que no los liquiden.

El mismo proceder muestra el tal Cabello, el otrora más férreo impulsor de la mano dura contra la oposición.

«Esquizofrenia revolucionaria»

En las principales vías de Caracas abundan vallas propagandísticas que exigen el regreso de Maduro y su esposa, Cilia Flores, ambos presos en Nueva York acusados de narcotráfico.

«No war, yes peace!» clama el chavismo en canciones de salsa en las radios.

Los militares se declaran «revolucionarios, socialistas, antimperialistas y, hoy más que nunca, profundamente chavistas» y piden la vuelta de Maduro.

Ante las cámaras, estratégica y propagandísticamente los dirigentes chavistas muestran una posición férrea contra Estados Unidos por la captura de Maduro, pero los hechos dicen lo contrario.

La reciente visita del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, termina de contradecir la narrativa antimperialista y más bien anticipa una relación bilateral positiva.

Los analistas consideran que el régimen tiene que mostrar que sigue de pie, aunque sufrió una herida de muerte el 3 de enero con la captura de Maduro y la neutralización de Cuba y otros aliados como Nicaragua e Irán.

«Tienen que fingir cierta continuidad, o cierto continuismo», explica la analista Colette Capriles, profesora de la Universidad Simón Bolívar, citada por la agencia AFP.

Sólo así piensan que podrán mantenerse en el poder por largo plazo, considera el sociólogo Antulio Rosales, profesor de la Universidad York de Toronto.

El reclamo de la liberación de Maduro es un elemento unificador vital para la propaganda, pero el gobierno interino no apunta realmente a eso, dice Rosales a la agencia noticiosa.

«Suena ridículo que Maduro regrese (…) No es algo que está en la cabeza de ninguno de ellos. Es parte de un discurso unificador, así como la imagen de Chávez sirvió para mantener a Maduro», apunta.

Sea como sea, no podrán mantener mucho tiempo esa dualidad («no se puede servir a dos señores al mismo tiempo», dice el buen libro) so pena de tener que enfrentar las consecuencias legales por todos sus crímenes.

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