Reconstruir a Venezuela, una nación que literalmente «tiene de todo», incluyendo una montaña de puro mineral de hierro, no se logrará bajo el empobrecedor y tiránico régimen chavista que aún prevalece.
Reconstruir a Venezuela, una nación que literalmente «tiene de todo», incluyendo una montaña de puro mineral de hierro, no se logrará bajo el empobrecedor y tiránico régimen chavista que aún prevalece.
Pese a la captura de Maduro, Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela y alta figura del chavismo, se mantiene en el poder por ahora con el beneplácito estratégico de Estados Unidos.
Y decimos «beneplácito estratégico» porque Estados Unidos ha preferido dominar y continuar utilizando la maquinaria chavista a control remoto para que Venezuela siga generando petróleo y riqueza mientras se puede preparar una transición, porque no puede hacer tratos ni perpetuar a la narcodictadura. Haber mantenido tropas en el país o haberle entregado el poder a María Corina Machado y Edmundo González hubiera sido un desastre porque los chavistas los hubieran aniquilado de inmediato como los talibanes con los afganos.
La narcodictadura, como ocurre con toda clase de dictaduras, ha «aflojado» un tanto las persecuciones y atropellos, pero sabe perfectamente que las cúpulas tienen las manos bañadas de sangre. Los déspotas nunca quieren soltar el poder porque lo primero que les espera es responder por sus crímenes, prueba de lo cual es que los chavistas se niegan a liberar a todos los presos políticos y van a cuentagotas. A ello se añade el colapso de los servicios públicos, del acceso a los alimentos y el desaforado enriquecimiento de los militares y figurones chavistas.
Reconstruir a Venezuela, una nación que literalmente «tiene de todo», incluyendo una montaña de puro mineral de hierro, no se logrará bajo el empobrecedor y tiránico régimen chavista. La única salida es limpiar toda la casa y recomponer el país. En la mitología griega se menciona una de las tareas que la celosa Juno, esposa de Zeus (el Júpiter romano), impuso a Hércules, hijo de Júpiter: limpiar los establos del rey Augías, lo que el héroe mitológico logró desviando un río. Precisamente eso es lo que se debe hacer en Venezuela para no dejar a medias la intervención estadounidense.
Las «nacionalizaciones» que Chávez hacía literalmente «a dedo» arruinaron la agricultura, las estructuras empresariales, la industria, las artesanías… todo el sector productivo. La generación eléctrica y el tratamiento del agua también sufrieron. El desastre hizo que muchos venezolanos no tuvieran más alternativa que hurgar en basureros para encontrar algo para comer.
El chavismo fue literalmente un cleptorrégimen: un esquema de saqueo que enriqueció a los jerarcas, pero empobreció en una medida mucho mayor a la población.
En los hospitales, los niños prematuros morían —y de seguro todavía siguen muriendo— por la falta de electricidad para mantener las incubadoras. Volver a poner todo eso en pie solo se logrará cuando la mafia chavista haya sido reemplazada por grupos capacitados y profesionales honestos, algo que también tocará hacer en Cuba y en Nicaragua, según el programa anunciado por Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos.
Ahora debe seguir Cuba, por los cubanos y el mundo libre
Por «razones humanitarias», México había continuado enviando petróleo a Cuba, pero por presión directa de Estados Unidos el último envío de Pemex, el consorcio mexicano, no salió del puerto, lo que literalmente —según el viejo dicho— deja al castrismo «colgado de la brocha» al ser retirada la escalera del suministro.
Poner en pie una nación devastada por guerras o catástrofes naturales se logra aplicando la fórmula con que Alemania fue reconstruida: reemplazar la moneda local por una fuerte, en este caso el dólar; permitir la inversión y restaurar el derecho de propiedad, un derecho esencial para liberar pueblos, además de devolver a sus legítimos dueños las propiedades que los castristas incautaron. Solo un esquema de libre mercado y un verdadero Estado de derecho podrán recomponer Cuba.
Hay muchos cubanos y extranjeros con deseos de invertir en Cuba. Esto se logrará reformando las leyes y restableciendo las garantías de todo Estado de derecho, lo que se puede hacer con la colaboración de jueces y magistrados de otros países hispanoamericanos o de naciones con una muy arraigada tradición democrática.
Antes del castrismo, Cuba gozaba del mayor nivel de bienestar individual en Hispanoamérica. El desafío es restituirlo.
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