Trump parece haber olvidado las promesas que hizo en su campaña electoral, como la de bajar los precios de los alimentos.
Trump parece haber olvidado las promesas que hizo en su campaña electoral, como la de bajar los precios de los alimentos.
Este 20 de enero Donald Trump cumplió el primer año de su segundo período en la presidencia de Estados Unidos. El resultado de su gestión en estos doce meses ha sido tan desastroso como alarmante.
Trump parece haber olvidado las promesas que hizo en su campaña electoral, como la de bajar los precios de los alimentos, de las medicinas, de los automóviles y de «todo», recuperar los empleos industriales que se trasladaron a otros países, y llevar a la nación a una «edad de oro». Pero sí ha cumplido su promesa de deportar a inmigrantes en masa.
En este año que Trump lleva en la Casa Blanca, las expulsiones de extranjeros han aumentado considerablemente. En septiembre de 2025, varios informes señalaban que el número de deportaciones forzadas desde enero de ese año era de unos 400.000. A esa cifra hay que sumar 1,6 millones de salidas voluntarias, es decir, personas que prefirieron regresar a sus países antes que vivir en el ambiente de miedo causado por la ofensiva antiinmigrante de Trump. En el año fiscal 2024, durante el gobierno de Joe Biden, fueron deportados poco más de 271.000 extranjeros.
Trump dijo que su campaña de deportaciones se centraría en los inmigrantes que hubieran cometido delitos. Pero según datos de organizaciones como el Cato Institute y el Brennan Center, alrededor del 73 por ciento de los detenidos por los temidos agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) no tenía antecedentes criminales.
Los agentes de ICE, que en muchas ocasiones van enmascarados, utilizan la perfilación racial y hasta el acento de las personas a la hora de realizar arrestos. Nadie está a salvo: han detenido a individuos con residencia legal en Estados Unidos e incluso a ciudadanos estadounidenses, tanto naturalizados como nacidos en suelo norteamericano. La muerte de Renee Nicole Good, una madre, poeta y escritora que nació en el estado de Colorado, es uno de los casos más horribles de la violencia con que ICE lleva a cabo sus operaciones. Good tuvo la desgracia de encontrarse en medio de una redada de los agentes federales en la ciudad de Minneapolis, el pasado 7 de enero, y fue asesinada a tiros por el agente Jonathan Ross. La justificación que el gobierno dio a la brutal acción de Ross fue que Good intentó atropellarlo con su vehículo, una afirmación que los videos tomados en el lugar de los hechos desmienten.
Mientras Trump ha creado un clima de miedo y división en el país, en el escenario internacional sus acciones también han sido amenazantes. Ha revivido la Doctrina Monroe, «América para los americanos», formulada en 1823 por el presidente James Monroe para advertir a las potencias europeas que no intervinieran en América, pero que luego se convirtió en un intento de justificar la hegemonía de Estados Unidos en el hemisferio occidental y permitir invasiones e interferencias en América Latina, considerada por los halcones de Washington como «nuestro patrio trasero».
Con el pretexto de combatir el dudoso «narcoterrorismo», la Secretaría de Guerra de Estados Unidos (antes Secretaría de Defensa hasta que Trump le cambió el nombre) situó una armada frente a Venezuela y dispuso la destrucción de lanchas que salían de las costas venezolanas, y después de las colombianas. Los ataques con drones y misiles en aguas internacionales causaron la muerte de más de cien ocupantes de las supuestas «narcolanchas». El gobierno de Trump afirmó que transportaban drogas hacia Estados Unidos, pero no mostró los presuntos cargamentos ni ofreció pruebas de sus afirmaciones.
Tampoco presentó evidencias al acusar al presidente venezolano Nicolás Maduro de ser el líder de un supuesto cartel del narcotráfico, cuyo objetivo era inundar de drogas las calles norteamericanas. Esa narrativa falaz le sirvió de excusa para lanzar una agresión militar contra Venezuela, violando el derecho internacional, y capturar en una letal operación relámpago a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, actualmente encarcelados en Nueva York. Sorprendentemente, dejó a los chavistas en el poder en Venezuela, solo que ahora Washington ha asumido el control de la venta de petróleo venezolano y la gestión de los fondos generados, mientras la principal líder opositora, María Corina Machado, ha sido desdeñada por Trump. Evidentemente, el objetivo era apoderarse del petróleo, y no colocar a la oposición en el Palacio de Miraflores.
Pasando del Caribe al Ártico, Trump sorprendió al mundo con su amenaza de anexar Groenlandia, alegando razones de «seguridad nacional». La alarma cundió en Europa cuando afirmó que, de ser necesario, usaría la opción militar para ocupar la mayor isla del mundo, una amenaza que puso en vilo la unidad de la OTAN. Este 21 de enero, en la reunión del Foro Económico Mundial en la ciudad suiza de Davos, Trump descartó el uso de la fuerza militar, pero sin renunciar a sus pretensiones de que Groenlandia quede bajo la tutela estadounidense.
En este primer año de su segundo período presidencial, Trump ha llenado de inquietud al mundo con sus acciones, sus bravatas, sus amenazas y sus violaciones de las leyes internacionales. Y ha creado en su propio país un ambiente de división, de discriminación y de miedo, no solo entre la numerosa comunidad inmigrante, sino también entre muchos estadounidenses que se sienten amenazados por las violentas redadas de ICE y la militarización de ciudades, especialmente ciudades gobernadas por demócratas. ¿Qué nos traerán los próximos tres años de Trump en la Casa Blanca?
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