Aunque históricamente septiembre es el mes con más lluvias, existe una alta variabilidad climática que obliga a reforzar los sistemas de monitoreo y vigilancia en el país a fin de minimizar riesgos, dice experto.
Aunque históricamente septiembre es el mes con más lluvias, existe una alta variabilidad climática que obliga a reforzar los sistemas de monitoreo y vigilancia en el país a fin de minimizar riesgos, dice experto.
Septiembre y hasta mediados de octubre estará marcado por lluvias intensas en el territorio salvadoreño, aunque con variaciones respecto a los patrones históricos, según las estimaciones meteorológicas del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Marn).
El pasado viernes, el titular del ramo, Fernando López, señaló que este periodo se esperan acumulados de lluvia que podrían superar el promedio histórico de 2,000 milímetros de lluvia.
Hasta la última semana de agosto, el Marn reportó que se había alcanzado el 80% de la lluvia promedio anual en todo el país.
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La Unidad Medioambiental de la Universidad de El Salvador (UES) sostiene estas previsiones.
Danilo Ramírez, ingeniero y meteorólogo, encargado de Protección Ambiental y Servicios Agroclimáticos, de esta Unidad señala que septiembre ha sido climatológicamente el mes más lluvioso, pero en los últimos años también octubre registra máximos de lluvias.
Esta irregularidad obliga a mantener un monitoreo constante de las condiciones atmosféricas, resalta el experto, dado que los pronósticos a mediano y largo plazo resultan cada vez menos certeros.
Durante una entrevista con El Diario de Hoy, explica que dentro de las previsiones actuales se descarta, por ahora, la formación de ciclones tropicales en el Atlántico, aunque el Pacífico se mantiene más activo.
En el país, las lluvias seguirán siendo influenciadas por ondas tropicales y efectos locales como la brisa marina, el ascenso térmico.
Las tormentas también son formadas por el represamiento de aire frío que causa tormentas en las zonas donde hay mayor influencia orográfica, elevaciones y topografía, entre otros, como es el caso del occidente del país, la cordillera volcánica Apaneca- Ilamatepec y El Pital, añade.
«La combinación de ondas tropicales, el ingreso de humedad del Caribe y la zona de convergencia intertropical podrían generar lluvias tipo temporal en septiembre con acumulados de hasta 200 milímetros en pocas horas», ha informado el Marn.
Para el experto, si bien los próximos meses estarán marcados por lluvias intensas, el verdadero reto es la incertidumbre climática, que obliga al país a combinar vigilancia científica, políticas ambientales y acciones de resiliencia en las comunidades frente a fenómenos globales que no se pueden detener.
2,000 milímetros
Es el promedio de lluvia anual en el país, según información del Marn.
Cambios en temperatura y lluvias en los últimos años
Según registros meteorológicos, El Salvador ha experimentado un aumento en las temperaturas, aparición de olas de calor y una disminución en la regularidad de las lluvias.
Estos cambios dicen los expertos están relacionados con la deforestación, el uso inadecuado del suelo y otros factores ambientales que intensifican fenómenos como la erosión y la desertificación.
Ramírez resalta que la zona oriental del país se perfila como una de las más vulnerables a este proceso. «Oriente está amenazado de desertificarse», apuntó.
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«Aquí influye mucho también el equilibrio ambiental. En la medida que se va deforestando, se va disparando la temperatura y van disminuyendo las lluvias también, y consecuentemente también se vuelve más agudo la erosión», apuntó.
Factores globales que influyen en la variabilidad
La variabilidad climática en El Salvador está también influida por fenómenos globales como El Niño, La Niña y la canícula. En su fase cálida, El Niño suele tener temperaturas más altas y una reducción de lluvias, mientras que La Niña genera precipitaciones abundantes y mayor actividad ciclónica.
El entrevistado explica que en la actualidad, el país se encuentra bajo condiciones neutrales, lo que implica lluvias dentro de los rangos normales, aunque los modelos internacionales advierten posibles oscilaciones hacia fases de La Niña en los próximos meses.
La canícula, por su parte, afecta con períodos secos en medio de la temporada lluviosa, y suele ser más fuerte en la zona oriental, en el país la canícula se oficializó a mediados de julio hasta la primera semana de agosto.
Estos patrones, cada vez más irregulares, complican la planificación agrícola y aumentan los riesgos de sequías, inundaciones y pérdidas de cosechas, enfatizó el entrevistado.
Desafíos y riesgos para las comunidades
El académico hace énfasis en que el país es altamente vulnerable al cambio climático. La falta de planificación en el uso del suelo, la deforestación y la degradación de las fuentes de agua, explica, agravan la exposición de las comunidades a tormentas, sequías y deslizamientos.
Estas condiciones amenazan la seguridad alimentaria y obligan a muchas familias a emigrar ante la pérdida de medios de vida.
Ramírez advierte que se requieren mejores sistemas de monitoreo y alerta temprana, coordinación interinstitucional y medidas de adaptación comunitaria para enfrentar los impactos.
«La Organización Meteorológica Mundial ha instado a países como El Salvador a fortalecer sus capacidades técnicas para anticiparse a los escenarios climáticos cada vez más variables», concluye.
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