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Sobrevivientes que perdieron todo en siniestro del Centro Histórico luchan por levantarse

Gerardo, Ana y Marina son solo tres de los afectados del incendio del pasado 13 de febrero en el Centro Histórico de San Salvador donde perdieron todas sus pertenencias en vivienda y negocios. Sin apoyo del Estado, estas personas luchan por volver a salir adelante

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Alicia es una mujer de 52 años de edad. Madre soltera de un hijo que padece de parálisis cerebral, una responsabilidad con la que carga solo ella, además de proveer las necesidades básicas en su casa. Foto EDH/Emerson Del Cid

Don Gerardo, de 68 años, camina por las calles del Centro Histórico de San Salvador como si recorriera la palma de su mano. Nació, creció e hizo su vida en la capital. Actualmente es reconocido por ser electromecánico de oficio, y uno de los pocos que hace reparaciones de motores que combinan componentes eléctricos, mecánicos, neumáticos e hidráulicos. 

Desde 2017 pudo establecer su propio taller en una de las viviendas centenarias que fueron afectadas por el incendio del pasado 13 de febrero. Alquilaba por $100 un cuarto de por lo menos 36 metros cuadrados, lo suficiente para tener toda su maquinaria y herramientas con lo que se ganaba la vida y era muy reconocido en el centro. 

El incendio del 13 de febrero lo dejó sin mayor pertenencia propia, personal, ropa y de trabajo. Gerardo solo tiene vagos recuerdos de que despertó aproximadamente a las 4:15, cuando escuchó el alboroto por las estructuras en llamas y rápidamente fue a llamar a la otra inquilina de la vivienda para que saliera con su hija tras el desastre. 

Su compañera sí logró salir por la entrada principal de la casa, que conecta con la 8a Calle Oriente. Pero, él no pudo, las llamas habían alcanzado esa zona y Gerardo solo recuerda haber salido por la parte de atrás de la casa. Se subió a un techo para luego trepar a un árbol de mangos y bajar unos seis metros de altura. En esa escapada, Gerardo quedó con golpes y marcas en su brazo izquierdo, ya que bajó agarrado del tronco, como si estuviera practicando rappel pero sin una cuerda o sistema de seguridad.

Esto no le permitió sacar ninguna pertenencia: ni mayor ropa, zapatos, menos herramientas.

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Nada del equipo de trabajo de él sobrevivió. Lo poco que ahora tiene en su cuarto ha sido donado por conocidos que conocen de su situación. Foto EDH/Emerson Del Cid

La casa donde alquilaba su cuarto era una de las más llamativas y antiguas de la 8a Calle Oriente: era de dos niveles, con una arquitectura total de madera y lámina troquelada, sus balcones eran forjados de hierro con patrones característicos de principios del siglo XX. La vivienda estaba cerca de otros inmuebles históricos como la Asociación de Artesanos La Concordia, y la casa Samayoa, los cuales fueron comprados por Karim Bukele, hermano del presidente Nayib Bukele, según sus mismas afirmaciones en la red social X.

Esta casa estaba cerca de la famosa “Cuesta de Palo Verde”, donde comenzó a surgir la ciudad capital; fue construida a principios del siglo XX como parte de una serie de elegantes residencias de dos niveles de la zona.

En este grave incendio salieron afectadas al menos 7 propiedades, cinco personas murieron y otras más sufrieron la pérdida total de su vivienda o negocio. Hasta el momento, ninguna autoridad gubernamental o municipal ha detallado el número de personas afectadas.

Don Gerardo tuvo que buscar otra habitación en el centro donde poder “caer”, como se refiere él. Por el incremento de los alquileres en la capital, se hizo más complicado encontrar su nuevo cuarto, asegura. Hasta que consiguió uno en las cercanías del Mercado Central y el ex Cine México, de 7.5 metros cuadrados (casi cuatro veces menos que el anterior) y pagando más por el espacio. 

“Los accidentes pasan. Lo complicado es después (del accidente), porque vine aquí sin nada”, dice escuetamente, mientras está sentado en una base metálica con un colchón delgado que le proporcionó uno de sus hijos. Un ventilador, una cocina de cuatro quemadores, unas bancas plegables que utiliza como organizador para poner sus pertenencias de aseo personal y poco más que tiene en su habitación se las han donado, también como algunas herramientas para intentar comenzar a trabajar nuevamente. 

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Gerardo sobrevivió al siniestro, pero consigo no rescató nada más que unas prendas de ropa. Ahora alquila un pequeño cuarto cerca del mercado central mientras intenta rehacer su vida. Foto EDH/Emerson Del Cid

Los negocios de Alicia y Marina que se quemaron

Tanto Gerardo, como Marina y Alicia hablaron con El Diario de Hoy y contaron su testimonio de sobrevivencia. Pero, más que eso, expusieron la necesidad desde sus situaciones y el nulo apoyo institucional desde la municipalidad y el gobierno central ante la tragedia.

Alicia es una mujer de 52 años de edad. No es originaria de San Salvador, en realidad nació en Sonsonate, pero hace 26 años se trasladó a la capital por mejores oportunidades de vida. Durante dos décadas se dedicó al trabajo doméstico y el comercio informal, esto fue su principal ingreso. Desde 2019, pudo comenzar a pagar un local frente al Centro Escolar República de Costa Rica, cercano a la Plaza Libertad, y establecer su negocio que le permitía estar más pendiente de su hijo. Ellos viven en los Condominios Libertad, a un costado de esta escuela y frente al negocio.

En 2005 nació su hijo, José, con parálisis cerebral. Desde su llegada, Alicia fue quien lo crió y cuidó de él, fue madre soltera y, con dificultad por sus escasos recursos económicos y la discapacidad de su niño, asumió todas las responsabilidades. 

La madre perdió el negocio que había logrado establecer desde hace años en el centro. El incendio del 13 de febrero consumió todo su producto, equipo, refrigeradoras, planchas, frutas, verduras; una inversión que ronda los $3,000, asegura.

Cuando se dió cuenta del siniestro, las llamas estaban por alcanzar su local. Solo pudo sacar unas mesas y unos tambos de gas nada más.

Su principal preocupación ahora es la forma de generar ingresos para pagar el arrendamiento de su pequeña vivienda y cubrir las necesidades básicas de su hijo. En diversas ocasiones ha intentado gestionar una casa con el Fondo Social para la Vivienda (FSV) y hasta ha llevado cartas a Casa Presidencial para pedir ayuda. En Capres le indicaron que debía avocarse al FSV, y en este último le dijeron que no es apta para recibir un crédito.

“La última vez que fui, como soy del sector informal, me dijeron que si tenía un ingreso de cuatro salarios mínimos, y cómo comprobarlos” cuenta, mientras también detalla que sus ingresos llegan como mucho a un salario mínimo. 

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Su principal preocupación son ingresos escasos para pagar el arrendamiento de su apartamento para vivir con su hijo. Foto EDH/Emerson Del Cid

Marina, su hermana, también tenía un comercio aledaño e igualmente perdió toda su inversión. Ella calcula que alrededor de $6,000 es el total entre dos cámaras refrigerantes, unas refrigeradoras y producto variado que tenía entre alimentos, golosinas y entre otros.  

Las tres personas aseguran que la Alcaldía de San Salvador Centro les tomó datos a ellos y otras personas más que se vieron afectadas, entre dueños de negocios, viviendas y otros. Anotaron sus nombres, DUI, lo que se incendió y cuánto es el valor que estiman en sus pérdidas personales. Sin embargo, 13 días después no han recibido ninguna notificación o información de si serán apoyadas. 

“Ahí con la gente conocida nos hemos apoyado. Me han regalado unas ollas, me vendieron una refri usada, tenía un poco de mercadería guardada en mi casa. Pero volver a comenzar sin apoyo es difícil” cuenta Marina. 

El Diario de Hoy consultó con Julio Rosales, encargado del área de comunicaciones de la Alcaldía de San Salvador Centro, sobre cuál es la cantidad de personas afectadas por el incendio en el Centro Histórico del 13 de febrero y si desarrollan acciones para apoyar a estos afectados por el siniestro. Hasta la publicación de esta nota, no hubo respuesta.

El desplazamiento de los habitantes del Centro Histórico

La arquitecta especializada en temas de vivienda, Yolanda Vaquerano, comenta que este siniestro ha evidenciado tres fenómenos que se han repetido con la transformación actual del Centro Histórico de San Salvador: El desplazamiento de la pobreza, arraigo de las personas al territorio donde han formado su proyecto de vida y la importancia de la comunidad que se pierde por el desplazamiento. 

“Hay una resistencia de la gente a retirarse del territorio. Es donde conocen, saben cómo moverse, dónde trabajar. Esta comunidad se va perdiendo” comenta Vaquerano en referencia a cómo las personas se dispersan posterior a un desplazamiento. 

“Un segmento poblacional que ha quedado invisibilizado. El desarrollo (de una ciudad o un país) debería de verse como algo que incluye las dinámicas y perspectivas de actores que no están vinculadas con empresa privada, ni con el gobierno: los habitantes que se han visto afectados por esta dinámica”, explica. 

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«Lo que más deseo es una vivienda digna para estar con mi hijo, y espacios accesibles para trabajar» comenta la mujer, quien dedicó alrededor de 26 años de su vida al comercio informal. Foto EDH/Emerson Del Cid

La especialista enfatiza que, con el incendio del pasado 13 de febrero, se evidencia la falta de medidas por parte de las autoridades para proteger estos inmuebles históricos que se perdieron. “Inmuebles centenarios que utilizaban técnicas de construcción que ya no se implementan. Hay una pérdida de conocimiento fuerte y que ha conectado diversas generaciones”.

Por último, Vaquerano resalta que estas personas que sobreviven de lo que ganan durante el día en el sector informal están restringidos a acceder a una vivienda digna, lo que los obliga a alquilar cuartos pequeños en mesones. 

“El sistema no les permite acceder a espacios dignos. La gente no elige vivir en un mesón, el sistema los desplaza a que esta sea la alternativa más accesible para ellos” finaliza. 

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