Creció en Ilopango; hoy dirige un emprendimiento dedicado a encomiendas y logística, concebido para brindar apoyo a los connacionales en el exterior
Creció en Ilopango; hoy dirige un emprendimiento dedicado a encomiendas y logística, concebido para brindar apoyo a los connacionales en el exterior

En una entrevista cargada de emoción, Erick Acuña compartió su historia de vida, marcada por la pobreza, la superación y un profundo compromiso con la comunidad salvadoreña en el exterior. Durante la conversación en Milán, narró sus memorias de infancia, su proceso migratorio y el nacimiento de un proyecto pensado para servir a otros salvadoreños lejos de su tierra.
Originario del departamento de San Salvador, creció en la colonia Santa Lucía de Ilopango, en un entorno de extrema pobreza que moldeó su carácter y sus valores. Desde niño comprendió que la vida exige esfuerzo y que, incluso en medio de la carencia, es posible soñar.
Sus estudios comenzaron en la Escuela República de Venezuela, pero la vida le enseñó pronto que nada es sencillo. Junto a su madre y su abuela vivió largos años de mesón en mesón, sin un hogar propio. Solo cuando lograron establecerse en la colonia San José, en Soyapango, pudo concluir el noveno grado. Intentó continuar el bachillerato combinando estudio y trabajo, pero la necesidad económica lo llevó a dedicarse por completo al comercio.
Con el tiempo, vivió un momento decisivo. Relató: «aprendí que las malas decisiones pueden llevarte al fondo, pero también descubrí que no todo termina ahí». Esa experiencia lo impulsó a retomar estudios superiores, obtener una Licenciatura en Teología y ejercer el pastorado durante 25 años en distintas organizaciones cristianas.

Sobre su migración, explicó que no fue un salto al vacío, sino una decisión pensada y organizada con responsabilidad. «Salir del país fue asumir mi historia y el futuro de mi familia», expresó. Reconoció además que muchos compatriotas han vivido procesos migratorios mucho más duros, llenos de riesgos y carencias extremas.
Para Erick, cruzar el océano significó un renacer. Con fe, disciplina y trabajo, decidió construir un futuro distinto y transformar su experiencia personal en un impulso para servir a otros.
De esa experiencia nació Euro Express Peniel, un emprendimiento salvadoreño dedicado a encomiendas y logística, concebido para brindar apoyo a los salvadoreños en el exterior. Dijo que «me duele ver a nuestra gente sufriendo por estafas y malos servicios, y quiero ser parte de la solución». La empresa se ha convertido en un puente que une familias separadas por la distancia, ofreciendo confianza, cercanía y compromiso humano.
Actualmente, Euro Express Peniel tiene oficinas en Nápoles y Milán, desde donde coordinan la recolección de encomiendas enviadas desde Estados Unidos, España e Italia, y próximamente también desde Inglaterra. En España, cuentan con socios estratégicos en Barcelona y Madrid. Todas las encomiendas se envían finalmente a El Salvador, garantizando que los salvadoreños reciban sus envíos de manera segura y confiable.
Durante la entrevista, Erick dejó claro que la prioridad no es solo transportar paquetes, sino ofrecer tranquilidad y seguridad a quienes confían en él. Cada envío es también un acto de servicio y cuidado hacia la comunidad.
Consultado sobre sus planes, Erick habló de crecimiento responsable, ampliación de servicios y consolidación de la empresa como un referente confiable. Su prioridad sigue siendo acompañar a la comunidad salvadoreña y fortalecer el vínculo de confianza con quienes dependen de su trabajo.
Al final de la conversación, envió un mensaje especial a los jóvenes: «nadie debe permitir que su origen determine su destino. Soy prueba de que siempre se puede empezar de nuevo», afirmó. Destacó que la disciplina, la fe, el trabajo y la perseverancia pueden transformar incluso las historias que parecían perdidas y abrir caminos donde antes solo había límites.
En Milán, entre recuerdos de infancia y relatos de servicio, Erick Acuña demostró que la migración, la fe y la perseverancia pueden convertirse en motores de transformación personal y comunitaria.
Su historia es un recordatorio de que los sueños no conocen fronteras y que cada esfuerzo con propósito puede generar un impacto real en la vida de otros.
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