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Calidad del aire en el país se ha mantenido en niveles «aceptables»

El país no ha experimentado un escenario de crisis en la calidad del aire,
según los datos del MARN de los últimos años. El Ministerio mantiene diferentes puntos de monitoreo, entre estos uno en la Universidad don Bosco.

Cortesía.
Cortesía.

La calidad del aire que se respira en El Salvador se ha mantenido en niveles satisfactorios y buenos en los últimos 10 años, de acuerdo a datos recogidos por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).

La calidad del aire se refiere a la pureza del gas que se inhala y está determinada por la cantidad de contaminantes presentes en la atmósfera.

Estos contaminantes pueden ser el dióxido de carbono, óxido de nitrógeno o el hollín que son expulsados del escape de los vehículos, el humo de las fábricas, el polvo de alguna zona en construcción o el proveniente desde el desierto de Sahara, en el norte de África; y factores climáticos como la velocidad y dirección del viento, las temperaturas, entre otros.

Según los registros, el país no ha llegado a una situación de crisis ambiental en cuanto a la calidad del aire.

Según el ranking mundial de contaminación del aire del IQAir, un instituto de monitoreo de la calidad del aire en Estados Unidos, El Salvador se ubicó en la posición 56 de 138 países para 2024.

Con datos del anuario estadístico ambiental de 2019 elaborado por Medio Ambiente, entre 2015 y 2019 los registros de calidad del aire oscilaron también entre “buena y satisfactoria” y fue esa última clasificación la que más prevaleció en el ambiente en esos años. Niveles que el MARN calificó como “aceptables para la vida”.

Medio Ambiente utiliza las medidas del Índice Centroamericano de Calidad del Aire (ICCA) para calificar las condiciones del aire entre buena, satisfactoria, no satisfactoria, dañina, muy dañina y peligrosa. 

Calidad del aire
El ingeniero Carlos Pacas muestra los registros de uno de los sensores de monitoreo en instalados en el país. | Foto EDH / Moisés Rivera.

Estas están determinadas por la concentración de material particulado, pequeñísimas partículas como polvo, hollín, humo o suciedad suspendidas en el aire (PM10, PM2.5 y hasta PM1) existente en los elementos contaminantes. 

PM2.5 se refiere a partículas del diámetro de 2.5 micrómetros (llamados también micrones o micras), es decir, 20 veces más pequeño que el diámetro de un cabello humano. Mientras que los PM10 son equivalentes a 10 veces menor al grosor del cabello de una persona. 

Debido a su diminuto tamaño son invisibles a simple vista, pueden permanecer en el aire durante largo tiempo y entrar en el torrente sanguíneo o al sistema respiratorio, causando daños graves a la salud.
Infográfico que contribuye a comprender los rangos de calidad del aire y la comparación de materiales particulados con un cabello humano.

Calidad del aire y pandemia de COVID-19

Durante la pandemia de COVID-19, desde marzo de 2020, el Gobierno salvadoreño decretó cuarentena obligatoria por cinco meses. Hubo restricciones a la movilidad, a la circulación del transporte público y vehículos no necesarios. Pese a todo esto, la calidad del aire reflejó niveles similares a los períodos pre pandemia.

Con base a datos que compartía el MARN, desde los últimos meses de 2019 hasta los primeros de 2021, la calidad del aire se mantuvo entre los índices de buena y satisfactoria. 

A más de cinco años de esa emergencia sanitaria mundial, la calidad del aire en el país se ha mantenido en estas condiciones, sin una drástica variación, de acuerdo con los registros del Ministerio. No obstante, ha habido algunos episodios en que la calidad del aire ha caído a “no satisfactoria” y “dañina” debido a la presencia de polvos del Sahara y por el humo de pólvora en festividades de diciembre. 

“No podemos decir que la calidad del aire está bien o está mal, porque todos los días puede cambiar, no es que los 365 días se mantiene de una forma o de otra. El tema de la calidad del aire es muy dinámico y depende de factores atmosféricos como la lluvia, el viento y elementos contaminantes”, explica el director del Instituto de Energía de la Universidad Don Bosco (UDB), Carlos Pacas.

«Los datos de los años posteriores a la pandemia no cambiaron con los de pre pandemia y durante la pandemia. No se puede decir que antes estábamos mejor y ahora estamos peor o viceversa; no, se ha mantenido», indica el científico.

El campus de la UDB en Soyapango es la sede donde está instalada una de las unidades de monitoreo de calidad del aire del MARN. En el Área Metropolitana hay dos más, pero existen otras en Santa Ana y en San Miguel. Además, en el país hay otros sensores secundarios que no son del MARN repartidos en diferentes puntos del país.

“Entre más centros de monitoreo podamos tener va a ser más fidedigna la información, por eso es bueno contar también con métodos alternativos para tener mayor cantidad de mediciones en la mayor cantidad de zonas del país”, dice.

Como iniciativa, esta casa de estudios forma parte del Sistema Integral de Monitoreo de Alerta (SIMA) el cual observa y analiza diferentes condiciones climáticas en el país y en el istmo centroamericano para futuros aportes.

“La información es poder. Para que una institución y las personas puedan tomar decisiones adecuadas se necesita información”, reflexiona Pacas.

Estación de monitoreo en la Universidad Don Bosco, la cual mide la calidad del aire de 5 kilómetros a la redonda. | Foto EDH / Moisés Rivera.

Interés por cuidar la calidad del aire

Aunque el país no ha experimentado un episodio crítico en cuanto a la calidad del aire, cada día se dan grandes cantidades de emanaciones de humo, sobre todo de vehículos y en las zonas más transitadas del territorio.

En 10 años, el parque vehicular en El Salvador se ha duplicado, llegando en 2025 a una cantidad de 2 millones 8 mil 256 vehículos, en comparación a los 925 mil 448 que circulaban en 2015. Entre 2024 y 2025, ha habido un crecimiento de más de 133 mil automotores. 

“El problema no es que haya contaminantes, lo que nos debe preocupar son las concentraciones. Es más preocupante el material particulado (PM2.5) porque aquí no hay mucho control, como sí lo hay en países como Estados Unidos”, señala Pacas. “Con solo que se cumplan las leyes existentes sería de gran valor para el cuidado de la calidad del aire”, añade.

El especialista recomienda que las autoridades y los conductores estén pendientes del tema de combustión de los vehículos para reducir la emanación de material particulado y también cuidar la calidad del aire al interior de los hogares, las oficinas y espacios cerrados.

Uno de los objetivos del MARN, contemplados en su Plan Nacional del Cambio Climático 2022 – 2026, es impulsar una transición energética basada en el uso de energías renovables y fomentar la movilidad sostenible que ayude a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

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