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República de Guinea apuesta por la estabilización institucional para un desarrollo duradero

Tras la adopción de un referéndum constitucional y en cumplimiento de compromisos asumidos ante organismos internacionales, la organización de las elecciones en Guinea constituye un logro tanto a nivel nacional como regional, y un mensaje positivo hacia la comunidad internacional.

Las elecciones del 28 de diciembre de 2025 concluyen esta fase de transición. | Fotos EDH/Pascal Drouhaud

En el marco de las actuales tensiones internacionales, los cambios en África adquieren hoy más importancia que nunca. Este continente, compuesto por 54 países y que, en quince años, alcanzará los dos mil millones de habitantes, ocupa una posición estratégica tanto en términos de nuevas formas de cooperación Sur-Sur como de gobernabilidad y diálogo internacional.

Las relaciones con América Latina aún no son muy amplias, pero cada vez más actores comienzan a pensar en términos de nuevas oportunidades comerciales. Las llamadas “Nuevas rutas de los elefantes” entre ambos continentes podrían favorecer un desarrollo conjunto entre dos regiones emergentes, con necesidades similares, por ejemplo, en la administración de ciudades y zonas urbanas. También comparten desafíos y peligros comunes, entre ellos el tráfico de drogas.

Desde América Latina —Colombia, Ecuador, México o Venezuela—, las drogas, principalmente cocaína y marihuana, llegan a través de África por el golfo de Guinea, atraviesan la región del Sahara y alcanzan posteriormente África del Norte y el Mediterráneo, con destino final al mercado europeo.

Por esta razón, la estabilidad política en países clave como la República de Guinea, cuya capital es Conakry, resulta esencial. Con una superficie de 245,857 km² y una población de 14.4 millones de habitantes, este país se encuentra en una posición estratégica, con salida al océano Atlántico, en África Occidental. Limita con Guinea-Bisáu, Senegal, Malí, Costa de Marfil, Liberia y Sierra Leona.

La República de Guinea se ha convertido en un símbolo de independencia y de voluntad de seguir un camino propio. Tierra secular, habitada por pueblos como los susu, malinké y peul, formó parte de grandes imperios, como el de Malí, hasta el siglo XVI. Durante el período colonial (siglos XVIII, XIX y mediados del XX), integró el África Occidental Francesa y fue el primer país en decir “no” a la propuesta del general Charles de Gaulle, en 1958, de integrarse a una comunidad francesa similar al Commonwealth británico.

Con su independencia, asumida el 2 de octubre de 1958 bajo el liderazgo de Ahmed Sékou Touré, Guinea emprendió un camino autónomo en medio de la Guerra Fría, pese a su acercamiento a la entonces Unión Soviética. Tras su muerte en 1984, Lansana Conté buscó un reequilibrio internacional. A partir de 2009 se abrió un período de inestabilidad: el capitán Dadis Camara y posteriormente el general Sékouba Konaté encabezaron un país sin democracia hasta la elección de un presidente civil, Alpha Condé, en noviembre de 2010.

La voluntad de Alpha Condé de buscar un tercer mandato en 2021, en contradicción con la Constitución, explica el golpe de Estado de septiembre de 2021, llevado a cabo por el general Mamadi Doumbouya, comandante de las fuerzas especiales.

Las elecciones del 28 de diciembre de 2025 concluyen esta fase de transición. Mamadi Doumbouya buscó restablecer un marco constitucional y, como jefe del Consejo Nacional de Transición, convocó a sus compatriotas a elecciones en las que nueve candidatos solicitaron el voto popular.

En este contexto se celebraron las elecciones presidenciales del pasado 28 de diciembre. La directora general de Elecciones, señora Djenebou Camara Touré, llamó a votar a los 6,768,458 electores inscritos. Con una participación del 80.95 %, el pueblo de Guinea salió de la transición y devolvió al país instituciones estables. En menos de 48 horas se conocieron los resultados, gracias a un sistema de coordinación regional, tanto físico como digital, implementado por la Dirección General de Elecciones.

En pocos países de África los resultados electorales se conocen tan rápidamente y sin disturbios. Mamadi Doumbouya, al frente del movimiento Construir juntos, un proyecto a favor de una nueva unidad nacional, ganó en primera vuelta con el 86.72 % de los votos. Abdoulaye Yero Baldé, del Frente Democrático de Guinea, obtuvo el segundo lugar con el 6.6 %, seguido por Faya Lansana Milimouno, del Bloque Liberal, con el 2 %.

No parecía evidente que estas elecciones pudieran llevarse a cabo sin violencia. En el país vecino, Guinea-Bisáu, tras sus propias elecciones presidenciales, se produjo un golpe de Estado el 26 de noviembre de 2025. Umaro Sissoco Embaló fue destituido de sus funciones por el jefe del Estado Mayor, interrumpiendo un proceso electoral en un país clave en materia de seguridad, considerado una de las principales puertas de entrada del narcotráfico procedente de América del Sur hacia Europa.

Asimismo, el 7 de diciembre pasado se produjeron tensiones en la República de Benín, a pocos meses de sus próximas elecciones presidenciales. Todo ello refleja la febrilidad existente en la región y en buena parte de África Occidental. A esto se suma la presión integrista en el Sahel y la fragilidad de los procesos electorales en países que viven o retoman dinámicas democráticas.

Por estas razones, tras la adopción de un referéndum constitucional y en cumplimiento de compromisos asumidos ante organismos internacionales, la organización de las elecciones en Guinea constituye un logro tanto a nivel nacional como regional, y un mensaje positivo hacia la comunidad internacional.

El presidente electo, Mamadi Doumbouya, tomará posesión el 17 de enero de 2026, una fecha que se vuelve histórica para Guinea y que envía un mensaje de esperanza a una parte significativa de África.

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