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Cruz Roja teme menos huracanes pero igual o más riesgo en Latinoamérica

Así alertó que «los pronósticos son críticos» para actuar «antes de que los desastres sucedan, pero además de saber cuántas tormentas habrá, es indispensable reducir la vulnerabilidad de las personas, ampliar la cobertura de los sistemas de alerta temprana, y desarrollar, financiar y probar protocolos interinstitucionales que las protejan de las múltiples amenazas a las que están expuestas»

Existe el temor de que Melissa provoque una devastación comparable a la de huracanes históricos en 2017 y 2005. Foto AFP/EDH

La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) instó este lunes a los países latinoamericanos expuestos a ciclones tropicales a mantenerse preparados, porque una temporada prevista con menos huracanes en el Atlántico frente a una actividad alta en el Pacífico no significa un menor riesgo.

“Lo repetiremos una y otra vez: una tormenta basta para destruir comunidades, colapsar servicios públicos y desplazar y poner en peligro a cientos de miles de personas», señaló el director regional adjunto de la IFRC para las Américas, Cristian Torres.


Así alertó que «los pronósticos son críticos» para actuar «antes de que los desastres sucedan, pero además de saber cuántas tormentas habrá, es indispensable reducir la vulnerabilidad de las personas, ampliar la cobertura de los sistemas de alerta temprana, y desarrollar, financiar y probar protocolos interinstitucionales que las protejan de las múltiples amenazas a las que están expuestas».

La temporada de huracanes comenzó este lunes con previsiones optimistas en el Atlántico, pues los expertos prevén una actividad inferior al promedio, lo que contrasta con lo previsto para el Pacífico a causa de ‘El niño’ con un mayor número de ciclones, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés) de Estados Unidos.

Según las estimaciones, mientras que la región Atlántica recibiría hasta 6 huracanes y 14 tormentas con nombre en el Pacífico pueden surgir entre 15 y 22 tormentas, de 9 a 14 huracanes en su parte oriental y entre 5 y 13 ciclones tropicales en la región central, desde hoy hasta el 30 de noviembre, cuando concluya la temporada ciclónica.

Ante ello, la IFRC informó que ya tiene almacenada en Panamá, República Dominicana y otros puntos en la región «suficiente ayuda humanitaria» para asistir de forma inmediata hasta 60.000 afectados por una emergencia de gran magnitud.

Las provisiones incluyen paquetes de higiene y de cocina, mosquiteros, lonas, herramientas de limpieza y construcción, además de lámparas solares, plantas potabilizadoras e insumos para la purificación de agua, entre otros, según la información de la organización.

“El preposicionamiento de ayuda humanitaria, los simulacros y los protocolos de acción anticipatoria permiten proteger vidas, reducir pérdidas económicas y acelerar la recuperación tras el desastre”, explicó el director regional de la IFRC.

Pero, advirtió, «las normas también pueden salvar vidas y construir resiliencia comunitaria, por eso hacemos un llamado a todos los países de la región a impulsar el tratado internacional para la protección de las personas en situaciones de desastre, que se encuentra en consulta en las Naciones Unidas».

Cuba prevé una temporada de ciclones «menos activa de lo normal», pero pide no confiarse

Las autoridades cubanas prevén una temporada de ciclones «menos activa de lo normal» de acuerdo a los pronósticos meteorológicos, pero pidieron a la población no confiarse, informaron medios oficiales.

El Instituto de Meteorología (Insmet) estima un 40 % de probabilidad de que Cuba sea directamente afectada por al menos un huracán en el ciclo vigente, que se prolonga hasta el 30 de noviembre. Para el caso de las tormentas tropicales, la posibilidad de un impacto directo aumenta a un 75 %.

En total prevén la formación de once ciclones tropicales, ocho de ellos con desarrollo en la cuenca del océano Atlántico tropical, dos en el mar Caribe y uno en el golfo de México. Para cinco de los ciclones anticipan que podrían alcanzar la categoría de huracán, y dos clasificarían como de gran intensidad (a partir de 3 sobre 5 en la escala Saffir-Simpson).

Sus conclusiones apuntan a una actividad ciclónica por debajo del promedio histórico, principalmente por el enfriamiento registrado en la temperatura superficial del mar en la franja tropical atlántica durante las últimas semanas.

Como factor «clave» de esta temporada señalan la presencia del fenómeno El Niño que según indican los modelos meteorológicos se desarrollará entre junio y julio y hasta finales de 2026. Si es moderado o fuerte esto suele reducir significativamente la actividad ciclónica en el Atlántico, de acuerdo al histórico.

Pese al pronóstico, la Defensa Civil (DC) de la isla aprovechó el arranque de la temporada ciclónica en el Atlántico para alertar en las redes sociales a la población y pedir que no se confíen ante el riesgo que implica un de esos eventos meteorológicos.

Recalcó que en ese período se forman ciclones tropicales, huracanes y tormentas que pueden impactar directamente al archipiélago cubano.

La DC, encargada de la prevención, preparación, respuesta y recuperación ante desastres naturales, entre otras misiones, recordó que en los últimos años, intensas lluvias, tormentas locales severas y huracanes de gran intensidad ocasionaron importantes daños en viviendas, infraestructuras y servicios básicos en Cuba.

Por ello, considera que se refuerza «la necesidad de mantener actualizados los planes de reducción de riesgos y respuesta inmediata».

Entre los huracanes que han afectado Cuba en los últimos años destacan Melissa (2025), Óscar y Rafael (2024) e Ian (2022).

Cuba todavía no se ha recuperado de los estragos de Melissa, que golpeó las provincias orientales de Guantánamo, Granma, Holguín y Santiago de Cuba con categoría 3 a finales del pasado octubre, con vientos de 200 kilómetros por hora y precipitaciones de hasta 400 milímetros en algunos puntos del país.

De acuerdo con el Gobierno cubano, su impacto no dejó víctimas mortales, pero sí cuantiosos daños materiales a más de 116.000 viviendas, también 600 infraestructuras médicas estatales, más de 2.000 centros educativos, unas 100.000 hectáreas de cultivos e infraestructuras de transporte, telecomunicaciones, electricidad y abasto de agua. 

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