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Besnik Mustafaj : “Escribo para que no se pierda el sentido del tiempo”

Con su estilo poético, entre realismo y simbolismo, ironía y sutileza, Besnik Mustafaj se erigió en una voz intelectual de los Balcanes, transmitiendo un pasado olvidado por los cambios drásticos de las épocas

Besnik Mustafaj nació en 1958 en la ciudad de Bajram Curri, en Albania, país de los Balcanes, en Europa. A raíz de una vida comprometida por la defensa de la libertad, se volvió escritor, diplomático y político, llegando a ser canciller de su país (de 2005 hasta 2007). El hilo rojo de su vida siempre ha sido la voluntad de transmitir su experiencia durante los años de plomo del líder comunista y estalinista Enver Hoxha, que gobernó su país de 1941 hasta su muerte el 11 de abril de 1985, cuatro años antes de la caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989), anunciando el desmantelamiento de la ex-URSS en 1991.

Con su estilo poético, entre realismo y simbolismo, ironía y sutileza, Besnik Mustafaj se erigió en una voz intelectual de los Balcanes, transmitiendo un pasado olvidado por los cambios drásticos de las épocas, acelerados por la tecnología y una modernidad a través de un trabajo constante contra los mecanismos autoritarios que finalmente parecen ser parte de la naturaleza humana. Guerra entre Ucrania y Rusia, tensiones en contra de Europa que sigue siendo para los países de los Balcanes y de Europa Central y Oriental la mejor protección contra las ambiciones de influencia y expansión rusas: el trabajo realizado llama a la conciencia y a la responsabilidad de cada uno.


Sr. Besnik Mustafaj, ¿será el escritor que usted es ligado al político, responsable gubernamental que ha sido? ¿Serán dos personajes diferentes?

No creo que sean diferentes. He llevado 20 años de mi vida hacia la política, participando en la creación del Partido Democrático al final de los años 1980, mientras se estaba desmayando la presencia e influencia soviética, desapareciendo la URSS en 1991. Diputado a principios de los años 1990, fui el embajador albanés en Francia entre 1992 y 1997, bajo las presidencias de François Mitterrand (1981-1988 / 1988-1995) y Jacques Chirac (1995-2002 / 2002-2007). En el Partido Democrático albanés fui encargado de las relaciones internacionales, responsabilidades importantes para un país atravesando una época de transición. Salíamos de la dictadura de Enver Hoxha, que gobernó más de 40 años Albania, siendo el último estalinista del “bloque del Este”, creando una forma de “modelo albanés” autoritarista y absolutista.

El escritor que siempre he sido ayudó mucho al político que volví a raíz de estos años. Esta fase dio al actor político una cierta distancia con el poder, para no estar prisionero y para no cometer errores a causa del deseo de guardar a todo precio responsabilidades que dan un cierto poder. En mi país he sido el único en llevar estos dos pilares que finalmente se comunicaban. Existía una interacción. Soy un escritor muy enfocado en la historia de mi país. No ha sido muy alegre en su época contemporánea, prisionera de un sistema que controlaba no solamente al ser humano, sino la mente y finalmente hasta el futuro. Quise contar en mis libros cómo el individuo, frente a la Historia, con una gran “H”, parece impotente, siendo ella decidida por otros. En este sentido, la política me ayuda a entender el juego de los poderes de los que deciden sobre el destino, revelando la Historia la impotencia del ser humano común. Desresponsabilizar forma parte del proceso de control de las masas.

¿Se trata de la historia contemporánea de Albania? Usted está conocido como un militante anticomunista, ¿cierto?

No solamente. Hablo de la historia del siglo XX. Por cierto, mi compromiso va más allá de Enver Hoxha. Él era el dictador que reinó en el país en el cual vivía. Pero el “mal” político no empieza con Hoxha. Viene de más lejos: el fascismo, el Imperio otomano y otros, que participaron en la creación de la cultura de la violencia.

Su forma de escribir aparece como una mezcla entre realismo y simbolismo. ¿Cómo se traduce?

El simbolismo ayuda a condensar el tiempo de acción del mal. En este sentido, el simbolismo es útil para decir el número más grande de verdades con el mínimo de tiempo, de páginas y de volumen de escritura. Ahora bien, se debe encontrar el lenguaje del simbolismo. Es una escuela literaria que proviene del siglo XIX.

También se habla de ironía en sus obras. ¿Qué será?

La ironía ayuda en este caso a no caer en el abismo del odio. Es muy fácil desaparecer en él. Cuando uno es llevado por el odio, es muy difícil salir de este hoyo, provocando espíritu de vergüenza y revanchismo. Es muy peligroso en sociedades frágiles como lo pudo ser la de Albania. La ironía ayuda a expresar el dolor que proviene del pasado sin volver rehén del pasado.

¿Cuál era su primera obra?

Empecé por la poesía. He publicado tres libros de poemas siendo adolescente, en los años 1970 y principios de los 1980, además de unos de prosa. Publicados, por cierto. Lo que quiero decir es que era un ciudadano que estaba dispuesto a pagar “el impuesto” sobre el sistema. Era encarnado por el conformismo. Escribía mucho, pero pocas de mis obras salían publicadas. Sufrían de la censura, que era muy inteligente. Dejaba pasar algunos de mis poemas que aparecían a la mente como tantas victorias, en un proceso en el cual, pagando el impuesto (el control de la mayoría de las obras), lograba sacar al público algunas. Victorias que me aparecían enormes en medio de una sociedad bajo control.

¿Se puede decir que se inscribe en la lógica de los disidentes, como hubo en la ex-URSS, como lo fueron Alexandre Soljenitsyne, Boris Pasternak y Andréi Sájarov, entre otras grandes figuras? ¿Cómo se consideraba?

Estaba joven. Me considero como un anticonformista que hubiese sido encarcelado por años si el comunismo no se hubiese caído. La historia me adelantó. Los eventos me empujaron a entrar en la política luego: los estudiantes que manifestaron alimentaban una lógica de cambio radical del sistema en el cual vivíamos. ¡De oxígeno! ¡De vida! Se necesitaba de intelectuales y fui uno de los primeros en ayudar a formular ideas que volvieron programa de alternancia, iniciando una transición política histórica. En pocos días se dio un giro completo en Albania. Fundamos el primer partido de la oposición, el Partido Democrático.

Creamos el Comité de Helsinki para liberar a los prisioneros políticos. He sido director del periódico “Drita”, cofundador del “Pen Club” para la libertad de expresión. Creamos todas estas estructuras en una semana, ubicando el movimiento popular en una perspectiva política que se dirigía hacia elecciones, por primera vez, libres. Entre diciembre de 1990 y marzo de 1991 logramos dar este rumbo a Albania.

De manera paralela, se estaba cayendo la URSS. Pero nosotros empezamos antes, porque se debe entender que Enver Hoxha había creado un sistema absoluto autónomo, siendo estalinista cuando la ex-URSS había roto con esta línea desde el 24 de febrero de 1956 durante el XX Congreso del Partido Comunista soviético, con Nikita Kruschev.

La Albania comunista quedó estalinista hasta el final. No existían relaciones fuertes con la URSS porque éramos el último foco de Stalin. Existía un comunismo albanés, como hoy en día existe uno de tipo coreano.

¿Varios intelectuales surgieron en esta época. ¿De cuál se siente más cercano?

Sin duda, me inscribo en los pasos de Vaclav Havel (escritor húngaro, participó en la “Revolución de Terciopelo”, restaurando la democracia en Hungría en 1989. Fue presidente de Hungría de 1989 hasta 1992). Me inscribo entre los que transforman un sistema para crear una democracia, partiendo de una dictadura. Siempre me impactó ver el proceso que consiste en seguir debilitando a los más frágiles para lograr mantener su poder. Es por esto que mi escritura es universal y no trata solamente de la historia de Albania. Es lo que quise mostrar en varios de mis libros: “Tambor de papel / Daullja prej letre”, presentación irónica sobre la burocracia y el temor en la dictadura; “Un verano sin regreso / Vera pa kthim”, haciendo prevalecer la esperanza y la desesperación; “Las cigarras de la ola de calor / Gjinkallat e vapës” o “El vacío / Boshtu”, sobre la alienación.

Observador de los traumas de los sistemas autoritarios tanto como del siglo XX, para mostrar cómo dichos sistemas destruyen a los individuos, quiero demostrar que siempre existe una esperanza para reconstruirse y pensar en el porvenir. Escribo para que no se pierda el sentido del tiempo y la memoria. Para que la tecnología, que puede ser un acelerador de independencia, no vuelva todos los ingredientes que hacen del ser humano un ser único, último guardián de su libertad.

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