Aunque son clave en la economía salvadoreña, muchas micro y pequeñas empresas evitan solicitar créditos en la banca formal por temor a ser rechazadas, un fenómeno conocido como autoexclusión que limita su potencial de crecimiento.
Aunque son clave en la economía salvadoreña, muchas micro y pequeñas empresas evitan solicitar créditos en la banca formal por temor a ser rechazadas, un fenómeno conocido como autoexclusión que limita su potencial de crecimiento.

Las micro y pequeñas empresas en el país (mypes) representan una de las fuerzas productivas en la dinámica económica, pues a partir de ellas es que se mueve la mayoría del comercio y es un área importante de generación de ingresos, a través de empleos formales, pero también informales.
Según el Observatorio MYPE de la Fundación Salvadoreña de Apoyo Integral (FUSAI), uno de los principales retos que existe para el sector es la autoexclusión del sistema financiero formal, es decir, de esa alternativa de créditos que podrían potenciar el funcionamiento de las microempresas, pero al que no buscan acceder por “temor al sistema”.
Por ejemplo, el informe Estado de la MYPE 2025, publicado el año pasado por la misma fundación, señala que ese temor a no obtener la aprobación de créditos por parte de instituciones bancarias bien reguladas es lo que ha empujada a los micro y pequeños empresarios a depender de créditos informales y, por ejemplo, solo en 2024 este sector obtuvo préstamos informales (con usureros) equivalentes a $1,251.5 millones, lo que implica tasas de interés totalmente agresivos para estos negocios. Según el mismo informe, el promedio de interés bajo el que obtuvieron este préstamo las mypes fue de hasta 1,869%.
Es lo que aportaron las mypes a la economía entre 2020 y 2023
48.8% DEL PIB
“La usura continúa siendo un componente estructural del ecosistema financiero nacional: sostiene el funcionamiento cotidiano de miles de empresas, pero a un costo que erosiona sus márgenes de rentabilidad, restringe la inversión productiva y perpetúa la informalidad”, apunta el informe de FUSAI.
Pero, entonces, ¿por qué los micro y pequeños empresarios siguen acudiendo a esta vía para financiar sus negocios y emprendimientos? la respuesta es sencilla y radica en la rapidez con la que se desarrollan los desembolsos de dinero, algo que según FUSAI no suele suceder en las instituciones financieras reguladas debido a los trámites y documentos necesarios para aplicar a estos créditos.

Ante esto, la institución añade que “más de la mitad del financiamiento usurario corresponde a mypes que se autoexcluyen del sistema financiero regulado, convencidas de que este resulta inaccesible para su realidad operativa”, y explica que la otra mitad de préstamos informales se divide en dos grupos: aquellos microempresarios que se financian tanto de las instituciones formales como de las informales para completar sus necesidades de liquidez, y aquellos que fueron rechazados por no contar con historial crediticio o con garantías, una realidad muy común entre los micro y pequeños empresarios que no han podido salir de la informalidad.
En este sentido, un dato que refleja ese estado de autoexclusión de los micro y pequeños empresarios, así como de los productores o comerciantes por cuenta propia, es lo que recoge el V Censo Agropecuario y I de Pesca que llevó a cabo el Banco Central de Reserva (BCR) el año pasado. En este censo puede observarse que, por ejemplo, de todos los productores y comerciantes del sector pesquero, apenas un 5.2% solicitó algún tipo de crédito con una institución bancaria para operar, mientras que el 95.8% ni siquiera lo intentó.
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En este sentido, el documento del BCR refleja que hasta un 91.2% de todos los créditos que se aprobaron por parte de los microempresarios pesqueros fueron aprobados, lo que denota una alta aprobación de préstamos. Debido a esto, el Observatorio MYPE apunta que “esta brecha evidencia un fenómeno de autoexclusión: el productor y el microempresario por muchas razones se inhiben por sí solos de acudir a los bancos por una percepción de requisitos inalcanzables y de un lenguaje financiero que a menudo se siente ajeno a la realidad del campo y del mercado”.
$1,251.5 MILLONES
Fue el total de los créditos con usureros que obtuvieron las mypes en 2024
Según el informe de FUSAI, entre 2020 y 2023 las mypes aportaron hasta un 48.8% del Producto Interno Bruto (PIB) que registró el país en ese período, lo que representa casi la mitad de toda la producción económica nacional, y según datos de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador (Camarasal), más del 90% del total de todos sus agremiados pertenecen a ese sector, lo que deja en evidencia la importancia que tienen en la fuerza productiva nacional.
Debido a lo anterior es que el Observatorio MYPE señala una serie de medidas que deberían tomarse para poder potenciar al sector y eliminar ese “sesgo de autoexclusión”, un fenómeno que “que impide que el crecimiento microeconómico se convierta en bienestar nacional sostenible”, subraya.
“La usura continúa siendo un componente estructural del ecosistema financiero nacional: sostiene el funcionamiento cotidiano de miles de empresas, pero a un costo que erosiona sus márgenes de rentabilidad, restringe la inversión productiva y perpetúa la informalidad”.
Informe: Estado de la MYPE 2025
Por ejemplo, considera que las instituciones financieras deberían “salir al encuentro del productor”, lo que implica diseñar canales de acercamiento que permitan que los micro y pequeños empresarios puedan tener más conocimiento sobre productos financieros a los que podrían acceder y, de esa manera, eliminar ese sesgo.
Asimismo, desde el lado de las instituciones públicas, apunta que “no basta con enseñar marketing digital” a las mypes, sino que también es necesario un esfuerzo “masivo” de alfabetización financiera en el rubro digital, por lo que reconoce que algunas herramientas ya disponibles como Transfer 365, que permite las transacciones entre bancos de manera inmediata, es algo clave para dinamizar y formalizar la forma en que las microempresas hacen negocios.
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