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La perspectiva crediticia de El Salvador mejora, pero persisten problemas estructurales, según Moody’s

La firma calificadora señaló en su más reciente reporte que la calificación crediticia de El Salvador pasó de estable a positiva, sin embargo, hizo hincapié en que la situación fiscal sigue siendo vulnerable por los altos niveles de endeudamiento.

Deuda publica
La deuda pública total de El Salvador supera los 32,500 millones de dólares, equivalente a cerca del 89% del Producto Interno Bruto (PIB), según datos oficiales de 2024

La agencia de calificación crediticia Moody’s Ratings mejoró las perspectivas de la nota soberana de El Salvador, la cual pasó de “estable” a “positiva”, reafirmando la calificación en B3, la nota más baja en el rango “altamente especulativo”.

¿Pero qué significa que la firma haya mejorado las perspectivas crediticias? Según el reporte divulgado el pasado 6 de febrero, la mejora refleja las expectativas de que haya “una consolidación fiscal sostenida, mayores amortiguadores de liquidez y menores necesidades brutas de financiación”, algo que podría mejorar “gradualmente las métricas fiscales y crediticias de El Salvador”.

Esta calificación que otorgan las firmas como Moody’s, Standard & Poor’s o Fitch Ratings, es un parámetro que indica cuál es el nivel de confianza que existe en la capacidad que tienen los países para pagar una deuda, es decir, entre más alta es la calificación (por ejemplo, Aaa), más alta es la posibilidad de que un gobierno soberano pueda honrar sus compromisos financieros y evite el impago.

En este sentido, El Salvador actualmente se encuentra en el rango de B1 a B3 (altamente especulativo), ocupando este último escalón antes del siguiente inferior, el cual es el de “riesgo sustancial” y, si bien es cierto que esta nota significa una mejora con respecto a las calificaciones que tuvo entre 2021 y 2023, sigue siendo baja dentro de la escala total.

Según Moody’s, esta nota (B3) “refleja la carga de deuda aún elevada y la baja asequibilidad de la deuda de El Salvador, que siguen siendo limitaciones para la solidez fiscal y aumentan la vulnerabilidad a los shocks, a pesar de las mejoras recientes”.

Básicamente, el reporte de la firma indica que la perspectiva, aunque positiva, todavía implica que la situación financiera del país está a expensas de cualquier escenario que podría significar un riesgo para las finanzas públicas, por ejemplo, una crisis económica a partir de factores externos, lo que podría limitar esa capacidad de cumplir sus compromisos.

“La alta dependencia del Gobierno de los Estados Unidos para exportaciones y remesas, y la exposición del país a desastres naturales aumentan la sensibilidad de El Salvador a los choques”, sugiere la calificadora.

Asimismo, el reporte apunta que otros factores que inciden en que la nota mejore sus perspectivas, pero no así su nivel, incluyendo su capacidad de absorción de impactos, es “el tamaño relativamente pequeño de la economía y su limitada diversificación”.

US$32,562.7 millones

Es la deuda pública Según los datos oficiales más recientes del Ministerio de Hacienda de El Salvador (a diciembre de 2024).

Con respecto al estado de la deuda, Moody’s también apunta al alto ratio de la deuda con respecto al Producto Interno Bruto (PIB), el cual equivale 88.3% del PIB que, traducido, significa que por cada $100 que general país, ya se deben un poco más $88.

Asimismo, añade que el pago de intereses por esa deuda con respecto a los ingresos también se mantiene alto, alrededor del 18.4% durante el 2025, lo que “está muy por encima de los homólogos (países) con una valoración similar”.

Por otro lado, otros factores que también inciden en la valoración actual que hace Moody’s son los relacionados con la institucionalidad en el país, la cual desde 2021 se encuentran en un estado de “débiles controles y equilibrios institucionales”, indica el reporte, por lo que la gobernanza se ve limitada, todo en un contexto de régimen de excepción (vigente desde 2022) y un nulo sistema de contrapesos, aunque la firma considera que “las recientes mejoras en la coherencia de políticas y la capacidad técnica proporcionan un contrapeso emergente”.

Lo positivo de la valoración

A pesar de los desafíos estructurales, como la deuda o la institucionalidad, que inciden directamente en las notas crediticias del país, la firma evaluadora señala que el acuerdo que logró el país el año pasado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y que consiste en una asistencia financiera por $1,400 millones, han ayudado a que la perspectiva pase de estable a positiva.

Lo anterior debido a que “el desempeño fiscal de El Salvador se fortaleció significativamente en 2025 y esperamos mejoras adicionales. El ajuste fiscal estuvo impulsado por recortes en la masa salarial y controles actuales de gasto más estrictos”. En este sentido, Moody’s estima que, hasta noviembre del año pasado, el déficit fiscal del país (diferencia entre lo que se gasta con respecto a los ingresos) se redujo al 3% del PIB, es decir, 1.5% menos que en 2024. Para este 2026, la calificadora prevé que ese déficit disminuya hasta el 2.3%, mientras que para el 2027 proyecta una reducción hasta el 2.2% del PIB.

Otro punto que ha colaborado a la mejora en la previsión es el crecimiento económico que reportó el país el año pasado, el cual “se aceleró al 4% en 2025 desde el 2.6% en 2024 y prevemos que se mantendrá por encima de la tendencia, situándose en un 3.1% en 2026”, añade el informe, el cual también agrega que este crecimiento ha sido influenciado por “el aumento de la inversión pública que ha estimulado el sector de la construcción”.

En este sentido, los mismos compromisos adquiridos con el FMI, que incluyen reformas clave para hacer que el sector público sea más eficiente y que la situación fiscal sea más sostenible, también han contribuido en esta mejora, indica el reporte, lo que, sumado a una estrategia de gestión de pasivos “están reduciendo las necesidades de financiamiento”. De acuerdo con Moody’s, “las necesidades de financiación caerán al 9.1% del PIB en 2026, desde el 9.8% en 2025 y el 18.3% en 2024. El progreso continuo en este ámbito reducirá los riesgos de liquidez del gobierno”. Debido a esto, proyecta que el ratio de la deuda con respecto al PIB podría llegar al 84.2% en 2028.

A pesar de este escenario positivo para el perfil crediticio salvadoreño, existe la posibilidad de que la nota vuelva a bajar si se dan distintos escenarios, por ejemplo, “si la ejecución de la política se debilita o si el deslizamiento en los compromisos fiscales o estructurales bajo el programa del FMI socava la confianza y eleva los costes de financiación”, sin embargo, aclara que una vez la perspectiva se mantiene en estado positivo, “es poco probable un cambio hacia la baja”.

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