La economía global entra en 2026 en un escenario radicalmente distinto al de la última década. El informe de J.P. Morgan, publicado a finales de 2025, identifica a la Inteligencia Artificial (IA) como la fuerza más transformadora del nuevo ciclo económico.
«Su impacto ya es visible en la inversión, la productividad y el crecimiento del PIB, especialmente en Estados Unidos», advierte el documento.
El informe detalla que las grandes empresas tecnológicas han triplicado su gasto en inversión de capital, al pasar de unos $150,000 millones en 2023 a una cifra que podría superar los $500,000 millones en 2026. Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft, Oracle y Nvidia concentran cerca del 25 % del capex total del mercado estadounidense, según el documento.
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Este auge ha sido tan significativo que la inversión vinculada a la IA aportó más al crecimiento del PIB de EE. UU. en 2025 que el propio consumo.
Para 2026, J.P. Morgan prevé que este impulso se mantenga, incentivado por centros de datos, semiconductores, energía y computación en la nube.
Un ejemplo emblemático es OpenAI, que ha anunciado planes para construir centros de datos con más de 25 gigavatios de capacidad.
Transformación laboral
Uno de los debates centrales gira en torno al impacto de la IA en el mercado laboral. El informe estima que alrededor del 60 % de los empleos en economías desarrolladas son vulnerables a algún grado de disrupción tecnológica.
En Estados Unidos, unos 71 millones de trabajadores, con salarios promedio de $85,000 anuales, conforman un mercado laboral potencialmente afectado por la automatización.
Sin embargo, J.P. Morgan descarta escenarios extremos de desempleo masivo y recuerda que, históricamente, las grandes revoluciones tecnológicas han creado más empleos de los que destruyen.
La IA, señala el informe, automatizará tareas específicas dentro de los puestos de trabajo; pero también fortalecerá otras funciones y generará nuevos roles.
«A corto plazo, el balance sería positivo, aunque el reto clave será gestionar la transición y cerrar la brecha de habilidades», dice el documento.
La segunda gran fuerza estructural identificada por el documento es la fragmentación global.
El informe advierte que «el mundo ha dejado atrás la era de la globalización basada en eficiencia y bajos costos, dando paso a un sistema de bloques económicos rivales», cita.
«Guerras, aranceles, controles tecnológicos y tensiones geopolíticas están redefiniendo el comercio y las cadenas de suministro. Actualmente, los aranceles afectan cerca del 70 % de las importaciones de bienes de Estados Unidos, con una tasa efectiva de entre 15 % y 20 %, una señal de que estas barreras han llegado para quedarse», según J.P. Morgan.
En este contexto, la resiliencia y la seguridad estratégica pesan más que el costo. La revisión del acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá en 2026 podría reforzar reglas de origen más estrictas para sectores clave como baterías, energía y manufactura avanzada, indica el documento.
China y el poder económico
El informe destaca el papel de China en este nuevo orden económico. Mientras busca ampliar su influencia en el llamado «Sur Global», la inversión extranjera directa hacia China se ha vuelto negativa por primera vez en décadas.
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En los últimos tres años se han presentado más de 300 casos de comercio antidumping contra productos chinos, reflejo de tensiones crecientes.
«El dumping (cuando un productor exporta un bien a precios artificialmente bajos) puede perjudicar a los productores locales y aumentar el desempleo, un proceso que ha afectado a la manufactura estadounidense durante décadas», advierte del documento.
Al mismo tiempo, los controles de exportación de Estados Unidos han acelerado los esfuerzos de China por desarrollar capacidades tecnológicas propias, aunque aún enfrenta rezagos en semiconductores de alta gama.
Pese a ello, la economía digital china ya genera más ingresos que los sectores inmobiliario y de construcción, un cambio estructural que seguirá ganando peso, explica el documento.
El valor de Latinoamérica
En este escenario, América Latina emerge como una región estratégica.
El informe de J.P. Morgan indica que la abundancia de recursos naturales —cobre, litio, petróleo, hierro y productos agrícolas— convierte a Suramérica en un actor clave para la transición energética y la expansión de la Inteligencia Artificial.
La región produce el 40 % del cobre mundial y concentra el 38 % de las reservas globales. Chile, Perú, Argentina y Brasil destacan por su peso en minerales, energía y alimentos, mientras las inversiones en infraestructura logística, como puertos y ferrocarriles, facilitan nuevas rutas comerciales entre América y Asia, detalla el informe.
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Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Aunque Brasil tiene menos reservas, es el principal productor de petróleo de América Latina, y el segundo mayor productor y exportador de mineral de hierro.
Además, Brasil es un exportador clave de productos agrícolas como soja, café, azúcar y carne de res, así como de minerales críticos como aluminio, níquel y manganeso.
Perú tiene las mayores reservas de plata del mundo, mientras que México es el principal productor de ese metal. En cuanto al litio, Chile y Argentina ocupan el primer y tercer puesto mundial de reservas económicamente extraíbles
Esta abundancia de recursos es especialmente relevante a medida que la revolución de la IA acelera la demanda de energía y semiconductores, agrega el documento.
Este potencial de la región, abre grandes oportunidades para que se puedan ampliar sus alianzas económicas, en especial en el tema de la Inteligencia Artificial.
De allí que el interés de países asiáticos y del propio Estados Unidos hacia la región latinoamericana se mantendrá vigente este 2026.
El tercer eje del informe es la inflación, que deja atrás los efectos previos a la pandemia. J.P. Morgan prevé que en 2026 los precios serán más persistentes y vulnerables, impulsados por déficits fiscales, fragmentación global y factores estructurales como el cambio climático.
Aunque no se anticipa un repunte como el de 2022, el riesgo obligará a gobiernos e inversionistas a replantear estrategias.
«Los inversionistas deben tener en cuenta una inflación más elevada, cambios en los patrones comerciales y la posibilidad de una mayor volatilidad de mercado. Si el riesgo geopolítico y la volatilidad de las divisas aumentan en un mundo fragmentado—y se considera que así será—el oro y las materias primas relacionadas con la energía pueden servir como coberturas valiosas», dice el informe.
Pese a la fragmentación, el informe concluye que el dólar mantendrá su papel como principal moneda de reserva mundial. Representa cerca del 60 % de las reservas internacionales y alrededor del 90 % de las transacciones cambiarias.
No obstante, crece la competencia de activos digitales. La capitalización del mercado de criptomonedas ya supera los $4 billones, en un entorno regulatorio más favorable en Estados Unidos.
En síntesis, J.P. Morgan define 2026 como un año de oportunidades relevantes, pero condicionado por profundos cambios estructurales.
La IA promete un salto histórico en productividad, la fragmentación redefine el mapa económico y la inflación obliga a inversionistas a pensar en nuevas estrategias comerciales.