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Inseminación artificial en cerdos impulsa la producción porcina en El Salvador

La técnica permite mejorar la genética, aumentar la producción y reducir enfermedades

Cerdos
Estudiantes, hacen uso del caliper, aparato que sirve para medir la condición corporal de la cerda reproductora. Foto EDH/Cortesía Wilfredo Díaz.

La inseminación artificial en cerdos se posiciona como una de las principales técnicas para fortalecer la producción porcina en El Salvador, al mejorar la eficiencia reproductiva, la calidad genética y las condiciones sanitarias de los animales.

El cerdo, un mamífero domesticado hace más de 13,000 años y originario de Asia, ha evolucionado en su crianza desde métodos tradicionales hacia prácticas tecnificadas. Introducido en América en 1493, este animal —conocido también como chancho, cochino o puerco— se ha adaptado a distintos entornos y hoy representa una importante fuente de alimento y actividad económica.

En los últimos años, productores han dejado atrás la crianza doméstica o silvestre para adoptar técnicas como la inseminación artificial, que consiste en la extracción de semen del verraco mediante estimulación física, para luego ser introducido en la cerda a través de un catéter. Este proceso permite obtener mejores crías, aumentar la productividad y disminuir el riesgo de enfermedades.

Especialistas señalan que este método requiere condiciones estrictas de higiene, control sanitario, alimentación adecuada y seguimiento constante del estado reproductivo de las hembras. Los verracos seleccionados para este proceso deben contar con buena condición física, piel resistente y características genéticas favorables.

El ingeniero y docente Ernesto Marín da indicaciones a los futuros profesionales en el área de gestación, de cómo manejar las cerdas individualmente. Foto EDH/Cortesía Wilfredo Díaz.

Formación académica y práctica profesional

La tecnificación del sector también se fortalece desde la academia. En la Universidad de El Salvador, estudiantes de Ingeniería Agronómica realizan prácticas en la Estación Experimental y de Prácticas de la Facultad de Ciencias Agronómicas, donde adquieren experiencia en manejo porcino.

Bajo la guía del docente Ernesto Marín, quien imparte la materia «Ganado Porcino», los futuros profesionales desarrollan actividades como evaluación de condición corporal, pesaje y caracterización de instalaciones. Estas prácticas incluyen estrictos protocolos de bioseguridad, como procesos de sanitización antes de ingresar a las áreas donde se alojan los animales.

Las instalaciones están organizadas por módulos que separan lechones, cerdos en crecimiento y hembras reproductoras, además de áreas destinadas a reproducción, gestación y maternidad. El control de estas condiciones es clave para garantizar la productividad y la seguridad alimentaria.

Como parte de su formación, los estudiantes también visitan granjas especializadas donde observan el proceso de extracción de semen. En una de estas prácticas, guiados por un técnico del Ministerio de Agricultura, Mario González, conocen de cerca el procedimiento aplicado a verracos seleccionados, lo que les permite comprender la importancia de la técnica en la reproducción asistida. Los lechones se crían hasta el engorde, luego se venden para el consumo.

El técnico del MAG, Mario González, realiza el proceso de extracción de semen al cerdo Wilbur. | Foto EDH/Cortesía Wilfredo Díaz.

Un rubro en crecimiento

El docente e investigador David Ernesto Marín Hernández destacó que la carne de cerdo es uno de los productos más importantes en la dieta nacional, solo por detrás de la carne de res y pollo. Además, subrayó que el consumo ha ido en aumento, impulsando la modernización de las granjas.

“Su crianza y cuido se está tecnificando muy bien”, afirmó, al señalar que existen cada vez más explotaciones porcinas que incorporan tecnología y mejores prácticas de manejo.

“En el país, ya hay granjas tecnificadas sobre el tema. Esto permite a los estudiantes de las carreras de Ingeniería Agronómica, Veterinaria y Zootecnia y Agro industrial, que puedan romper esquemas del manejo de cerdos de granjas. Su carne, es un rubro importante a nivel nacional, le sigue la de res y pollo. Es criado de forma domestica comercial”, añade.

La vida reproductiva de una cerda alcanza aproximadamente seis partos, tras lo cual es retirada del proceso sin afectar la calidad de su carne. Asimismo, la genética ha mejorado significativamente gracias al uso de inseminación artificial.

Desde la Facultad de Ciencias Agronómicas también se impulsan investigaciones sobre cerdos criollos y nuevas prácticas de alimentación y reproducción, en coordinación con la Secretaría de Investigaciones Científicas. Estos estudios incluyen temas como inmunocastración, uso de subproductos alimenticios y suplementación energética.

Más allá de su valor productivo, el cerdo es considerado uno de los animales más inteligentes, con capacidades cognitivas comparables a las de delfines, elefantes y niños pequeños. Puede reconocer su reflejo, aprender con rapidez y comunicarse mediante diversos sonidos.

En conjunto, la combinación de conocimiento científico, formación académica y adopción de nuevas tecnologías posiciona al sector porcino como un rubro con alto potencial de desarrollo en el país.

Además, de su grasa, se tiene manteca comestible y de su carne se elabora jamón, salchichas y chorizos. Pueden utilizarse en granja hasta 3 años.

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Estudiantes verifican la movilidad de espermatozoides en fresco desde el microscopio. Foto EDH/Cortesía Wilfredo Díaz.

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