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¡El gran zurdo de oro!

Una columna de Manuel de Jesús Cañadas sobre la leyenda salvadoreña de Elmer Acevedo

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Foto: EDH/Archivo

Se retiró del fútbol muy temprano debido a una lesión en la cadera izquierda que la medicina de la época no pudo tratar.

Pero su paso por el FAS y por la Selección Nacional fue tan brillante que el recordado cronista Carlos Mangandi lo bautizó como el «Cipote de Oro», que después derivó al «Zurdo de Oro». Debutó con los tigrillos con apenas 16 años y con su zurda prodigiosa dio que hablar.

Tomaba la línea de fondo con suma facilidad, pues gambeteaba en velocidad para habilitar a sus compañeros de avanzada y que salieran gritando. Además le pegaba a la pelota con maestría para meter goles de larga distancia.

Elmer Acevedo hizo de los «Goles Olímpicos» su marca registrada al punto que en los tiros de esquina obligó a los entrenadores a poner hombres de elevada estatura a ambos lados de la portería.

Es que cuando se ubicaba para cobrarlos, una sensación de gol corría entre los aficionados que se relamían del gusto con aquellos lances.

Existen momentos trascendentales en la vida de los futbolistas, que le permiten la inmortalidad y la cruzada de la Selección a los JJ.OO. de 1968 y la Copa del Mundo FIFA México 1970 fueron para Elmer el ascenso a la gloria futbolística, para dejar su nombre escrito en el libro mayor del deporte salvadoreño.

Cuando llegó la competencia en el Estadio Azteca la lesión lo tenía minado y tuvo que ceder su puesto a Ernesto Aparicio.

Elmer Ángel Acevedo Aguilar, nació un 27 de enero de 1949 en Chanmico, Quezaltepeque. Muy luego sus padres lo trasladaron con sus hermanos a Santa Ana donde se convirtió en un ídolo de la afición «Tigrilla».

Fue hermano de César «Piscuchita» Acevedo, otro gran jugador del FAS del 79 y padre de César Elmer Acevedo, figura de Sonsonate y Alianza a finales de los noventas.

Elmer se nos adelantó el 30 de agosto de 2017, un abrazo hasta el cielo mi hermanito, quien le regaló a mis ojos tantas bellas jugadas y goles, además me dejó como herencia un sobrino de lujo mi querido César Elmer.

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