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De hachas y piochas en Liga Mayor

OPINIÓN. ¿Qué tal un onceno con puros futbolistas marrulleros, justicieros y pícaros de la querida Liga Mayor de Fútbol en El Salvador? Advertencia, ponte un casco al leer esto

"Papo" Castro Borja. | Foto: EDH/Archivo

Carniceros, leñeros, hacheros, verg… hay un buen repertorio de calificativos para cada futbolista de Liga Mayor que se afanó por raspar, quebrar, producir hematomas y lesiones importantes contra el prójimo en los pseudoterrenos de juego que existen en el país.

Hubo cada talento quien se encargó de doblegar espíritus, voluntades y hasta las más valientes posturas de soportar y resistir.

¿Qué tal un once ideal de marrulleros, forajidos y temibles talentos de Primera? Como Millenial propongo el siguiente XI:

Osmar Martínez, otrora portero del Once Municipal. | Foto: EDH/Archivo

Osmar Martínez al arco, quien un día le propinara un puñetazo en el rostro al árbitro Vitelio Rivera.

Una línea de tres con sujetos quienes parecían laborar en un rastro durante sus tiempos libres.

Nelson «Piocha» Rojas, temido por el «filo» de sus tacos, con el «Apache» Guevara, rústico como taller automotriz de barrio y Marcelo Messias, quien no prestaba ganas para pasarse de tueste sin abrir mucho la boca.

Cuatro en el medio, un trivote de volantes compuesto por «Oscarito» Navarro, Edwin «Rata» Benítez e Isaac Zelaya con el «Papo» Castro Borja más adelantado como en sus años mozos.

Las historias que cuentan desde Atlético Marte sobre la «Rata», un insaciable de tobillos, tibias y peronés.

Isaac Zelaya, por favor, lo menos que podía pasarte al enfrentarlo era que te rompiera una tus media-calcetín.

Nelson «La Piocha» Rojas. | Foto: EDH/Archivo

Navarro era más sutil, cuanto menos se paraba/saltaba en uno de los pies del contrincante en un córner, o con mucha escuela hacer que el rival mascara grama como remedio inmediato al dolor que él mismo había inflingido.

«Papo» decía: «Mejor que llore tu abuelita y no la mía», por la falta que estaba cerca de propinar (tomando generalmente la justicia por sus manos).

Cerrando adelante con dos de muchísimo cuidado como Alejandro Bentos y Álex Campos.

Bentos de pronto no era sinónimo definitivo de violencia, pero sí de una picardía acérrima que le enfrescaba usualmente en disputas verbales y hasta físicas.

«Papo» Castro Borja. | Foto: EDH/Archivo

Campos no es que fuese un «mala leche» por ‘default’, lo que sucede es que a veces se enojaba y veía como mínimo la roja buscando robar el balón a algún defensor o volante de marca.

A ojo de pájaro cualquiera diría que vio «peores» o más «rudos» y tendrán razón, pero el reto era crear un onceno de grave migraña para cualquier cuarteta arbitral.

Para unos héroes, para otros, auténticos villanos. Ouch.

Alejandro De La Cruz Bentos (Arriba). | Foto: EDH/Archivo

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