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Cristiano Ronaldo exhibió su perfil más hosco ante la sola mención de Lionel Messi

Pletórico tras firmar un doblete ante Uzbekistán, CR7 trocó su sonrisa en la zona mixta porque un cronista mentara el nombre de Messi y así el luso clausurara el diálogo de forma abrupta, dejando en claro que su legendaria rivalidad no tolera recordatorios en su hora de gracia

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Foto: AFP

El fútbol de alta alcurnia nos suele regalar estas curiosos pasajes a donde el ego y la gloria se trenzan en un combate singular.

Cristiano Ronaldo venía de edificar una noche de ensueño en la Copa del Mundo 2026, convirtiendo sus dos primeros tantos en el certamen para guiar la victoria de Portugal sobre el combinado uzbeko.


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Aquella descollante actuación le valió ser ungido como el MMVP, una distinción que lo obligaba a comparecer ante los micrófonos en la siempre febril zona mixta.

Allí, arropado por el aura del triunfo, el genio de Madeira se mostró inicialmente predispuesto al juego periodístico e incluso animó con cortesía a un cronista a que le formulara su requisitoria en idioma español.

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Sin embargo, la fisonomía de su rostro mudó hacia la penumbra más severa en el preciso instante en que comprobó el rumbo de la pregunta.

El interlocutor pretendía indagar sobre la descomunal hazaña de Lionel Messi, quien en la jornada del lunes se había trepado a la cima del universo balompédico al convertirse en el máximo goleador histórico de los Mundiales con 18 gritos sagrados.

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Foto: AFP

El peso de una sombra que persigue a la leyenda

El diálogo, breve pero cargado de una tensión eléctrica, desnudó el fastidio que aún le provoca al atacante luso la inevitable comparación con Messi.

Cuando el periodista apenas hilvanaba la frase descriptiva, el delantero cortó la línea discursiva de cuajo con un ademán tajante:

— «Ayer Lionel Messi marcó dos goles…»
— «Dale», interrumpió Ronaldo con desapego, dándole la espalda de forma inmediata para buscar otra mirada en el recinto.

Requerido con insistencia por los cronistas presentes sobre los motivos de semejante desplante y su rotunda negativa a contestar, el capitán portugués se refugió en su lengua materna para lanzar una réplica imbuida de un indiscutible sello de soberbia: «Depende qué preguntas, yo no respondo».

La rabia del depredador que se resiste al olvido

Este amargo episodio en los pasillos del estadio contrasta de manera flagrante con la furia litúrgica que Cristiano había exhibido minutos antes sobre el verde césped.

Siendo el único de los grandes artilleros contemporáneos que llegaba a esta instancia del torneo sin haber podido vulnerar las vallas contrarias, el otrora jugador del Real Madrid y el Manchester United celebró sus conquistas con una teatralidad casi salvaje.

«He vuelto, he vuelto», había bramado con vehemencia en perfecto inglés, clavando sus ojos desafiantes en la lente de la cámara oficial.

Aquella catarsis, justificada desde la fría estadística que lo sitúa como el único futbolista de la historia capaz de marcar en seis ediciones consecutivas de la Copa del Mundo, pareció no ser suficiente para mitigar el recordatorio de que, en la eterna dialéctica por el trono del fútbol moderno, su némesis argentina acababa de rubricar una página dorada apenas veinticuatro horas antes.

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