Dicen que la juventud pasa como una tormenta: intensa, breve, impetuosa. La vejez, en cambio, se instala con el ritmo lento del verano. Uno no envejece de golpe, sino de a poco: cuando se hacen más comunes los “¿a qué vine?”; cuando el cuerpo protesta al subir o bajar gradas; y cuando los hijos también …







