Orgullosamente digo «SOY SANTANECO», pero, actualmente, cada vez que voy «a mi pueblo», me invaden los recuerdos y la nostalgia de aquella Santa Ana de mi tiempo, y regreso con tristeza y el corazón oprimido. No hay derecho que mantengan a la «LA CAPITAL DEL MUNDO Y LA SUCURSAL DEL CIELO» en esas paupérrimas condiciones.





