Al margen del sensacionalismo, especialistas explican por qué estas comunidades crecen en la era digital y cuándo es necesario buscar ayuda profesional.
Al margen del sensacionalismo, especialistas explican por qué estas comunidades crecen en la era digital y cuándo es necesario buscar ayuda profesional.

En las últimas semanas los términos therian y furry han pasado de ser palabras casi desconocidas a convertirse en protagonistas de debates encendidos en redes sociales, programas de opinión y titulares digitales. Videos virales de adolescentes realizando «quadrobics» (movimientos que imitan la locomoción de animales) o usando máscaras que evocan lobos, zorros o felinos han despertado curiosidad, alarma y en muchos casos juicios apresurados.
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Sin embargo, cuando el fenómeno se analiza desde la salud mental y no desde el sensacionalismo, la conversación adquiere matices mucho más complejos.
La psicóloga salvadoreña Ana María Salazar insiste en que el primer paso para abordar este tema con responsabilidad es hacer una distinción conceptual clara: therians y furries no son lo mismo. Los furries forman parte de una subcultura que gira en torno a personajes animales antropomórficos, es decir, figuras ficticias con rasgos humanos.
Su participación suele ser artística y social: diseñan ilustraciones, escriben historias, asisten a convenciones y en algunos casos confeccionan trajes que representan a sus personajes. La afinidad con lo animal, en este contexto, no implica necesariamente una identificación profunda con un animal real, sino una conexión creativa y comunitaria.

Los therians, en cambio, describen una vivencia identitaria más intensa. Según la profesional, quienes se identifican como therians no lo viven como un hobby ni como un juego estético. Lo experimentan como una identidad involuntaria, una sensación persistente de conexión psicológica y, para algunos, también espiritual con un animal no humano específico. La diferencia no es solo de grado, sino de naturaleza.
Mientras el fandom furry se mueve principalmente en el terreno de la ficción y la creatividad, la experiencia therian se sitúa en el plano de la identidad personal.
Desde la psicología del desarrollo, este fenómeno no aparece como algo completamente nuevo. La adolescencia es una etapa caracterizada por la búsqueda intensa de identidad, pertenencia y diferenciación. Los jóvenes exploran símbolos, estilos, narrativas y grupos que les permitan responder a la pregunta «¿quién soy?».
Identificarse con los rasgos que se atribuyen a un animal como libertad, fuerza, independencia, lealtad, sensibilidad, puede ser una forma simbólica de expresar aspectos internos que aún están en construcción. Salazar señala que, en muchos casos, estas identificaciones funcionan como metáforas emocionales más que como delirios literales.
Identidad en la era digital
El crecimiento visible de estas comunidades está estrechamente ligado al contexto digital. Aunque la comunidad therian moderna tiene antecedentes en foros de internet desde principios de los años noventa, el cambio abrupto de visibilidad ocurrió alrededor de 2020 y 2021, cuando el algoritmo de TikTok comenzó a amplificar contenidos relacionados con quadrobics o «shifts» (experiencias subjetivas internas donde sienten que sus sentidos o instintos se alinean con los del animal. Por ejemplo, creen tener mayor agudeza auditiva o el impulso de correr de cierta forma).
Las redes sociales actuaron como un catalizador de algo que ya existía, pero que permanecía relativamente invisible.
La necesidad de pertenencia es uno de los motores psicológicos más poderosos en la adolescencia. Sentirse visto, validado y comprendido impacta directamente en la autoestima y en la estabilidad emocional.

En ese sentido, estas comunidades pueden ofrecer un espacio de aceptación similar al que en décadas anteriores brindaron subculturas como el punk, el emo o los fandoms del anime. Para muchos jóvenes que se sienten distintos, incomprendidos o marginados en su entorno inmediato, encontrar una comunidad en línea puede convertirse en un factor protector.
No obstante, la licenciada Salazar advierte que la lógica de las plataformas introduce una tensión inevitable. Lo que para algunos es una vivencia íntima puede transformarse en tendencia estética para otros.
La cultura de lo viral convierte identidades complejas en clips de pocos segundos, simplificando y, a veces, trivializando experiencias profundas. Esa mezcla entre identidad y espectáculo contribuye a la confusión pública y alimenta estereotipos.
Rompiendo mitos
Entre los mitos más extendidos está la idea de que todos los therians tienen un trastorno mental. Desde el punto de vista clínico, esto es incorrecto. La psicología no clasifica la identidad therian como un trastorno en sí mismo.
Una creencia o identificación solo se considera patológica cuando produce angustia significativa, pérdida de contacto con la realidad o deterioro funcional en áreas como la escuela, el trabajo o las relaciones sociales. En ausencia de estos indicadores, la identificación no es, por definición, una enfermedad.
Otro mito frecuente es que el fandom furry es inherentemente sexual. Investigaciones internacionales con decenas de miles de participantes señalan que el principal motivador para integrarse a esta comunidad es social y creativo. Reducir todo el fenómeno a una dimensión sexual no solo es inexacto, sino que contribuye al estigma.
Ahora bien, diferenciar entre exploración identitaria y señal de alerta es fundamental. Salazar subraya que la mayoría de los casos pueden entenderse como parte de un proceso normal de autodescubrimiento.
No obstante, hay indicadores que sí requieren atención profesional: aislamiento social progresivo, deterioro académico significativo, autolesiones, pérdida de contacto con la realidad o cuando la identificación animal sustituye completamente la interacción social humana.
En el plano clínico, la clave no está en la etiqueta, sino en el funcionamiento. Si un adolescente mantiene vínculos saludables, cumple con sus responsabilidades y no presenta angustia severa, la identificación puede formar parte de su proceso evolutivo. Si, por el contrario, se observa sufrimiento intenso o conductas de riesgo, el acompañamiento psicológico es indispensable.
La relación entre estas identidades y la salud mental merece un análisis cuidadoso. Algunas investigaciones señalan que existe una correlación entre comunidades alterhumanas y mayores índices de ansiedad, depresión o neurodivergencia.
Sin embargo, correlación no significa causalidad. En muchos casos, la identidad therian puede actuar como factor protector, ofreciendo sentido de pertenencia y autonomía a jóvenes que ya experimentaban dificultades previas.
De hecho, el malestar psicológico suele estar más vinculado al estigma social que a la identidad en sí. El rechazo, la burla y la ridiculización pueden generar un impacto emocional más profundo que la propia identificación. Cuando un joven encuentra en una comunidad un espacio donde no es objeto de juicio, esa validación puede aliviar sentimientos de soledad.
El rol de los padres
Para los padres que descubren que su hijo se identifica como therian o furry, la recomendación principal de Salazar es clara: no reaccionar desde el miedo. La ridiculización, el castigo o las prohibiciones estrictas tienden a reforzar el conflicto y a cerrar el diálogo.
En cambio, propone escuchar sin prejuicios y formular preguntas abiertas: ¿Qué significa esta identidad para ti? ¿Qué encuentras en ella? ¿Cómo te hace sentir? Este tipo de conversación no implica validar todo sin discernimiento, sino comprender antes de intervenir.
También aconseja informarse adecuadamente antes de sacar conclusiones apresuradas, observar si existen señales de alerta reales y, en caso de preocupación genuina, buscar orientación profesional. El acompañamiento psicológico no debe plantearse como castigo, sino como espacio seguro de reflexión.
Para la psicóloga panameña, Jennyfer Vásquez, es esencial que los padres de familia establezcan límites sociales sin avergonzar. Es común que los jóvenes quieran realizar conductas animales (como aullar o usar accesorios) en contextos inapropiados. La clave es la contextualización, no la represión.
En ese sentido recomienda a los padres decir: «entiendo que sentirte como un (animal) es importante para tu identidad. En casa y en espacios privados puedes expresarlo libremente, pero en la escuela o en eventos formales, necesitamos seguir las normas de convivencia humanas para que todos estemos cómodos. ¿Cómo podemos encontrar un equilibrio que te haga sentir respetado?»
La experta panameña aclara que todo lo anterior es una idea, lo primordial es «ser genuino y honesto en tu lenguaje con tu hijo, que se sienta aceptado, comprendido y tratado como ser humano, pese a lo que está sintiendo es importante para la relación».
Asimismo señala que el adolescente puede usar la identidad para autorregularse. Muchos therians practican quadrobics (correr o saltar en cuatro patas) para liberar energía.
En ese caso recomienda a los padres de familia intervenir positivamente: «veo que estás haciendo quadrobics. Parece que tu cuerpo necesita descargar mucha energía hoy. ¿Te ayuda esto a sentirte más tranquilo o preferirías que saliéramos a correr juntos?».
Como educadora en disciplina positiva y especialista en adolescentes, la licenciada Vásquez, asegura que la conexión entre padres e hijos precede a la corrección.
Hablar de therians y furries desde la salud mental exige equilibrio, concluye la psicóloga salvadoreña. De acuerdo a la profesional, no todo lo que no entendemos es patológico, pero tampoco todo lo que se viraliza es necesariamente saludable.
La clave, señala Ana María, está en el discernimiento informado, la empatía y la disposición a escuchar. En un mundo donde la identidad se construye cada vez más en entornos digitales, comprender estos fenómenos con rigor psicológico es una tarea urgente.
Si usted o alguien que conoce necesita orientación profesional puede contactar a Ana Salazar, psicóloga y consejera bíblica, al 7957-4342 o escriba al correo @anasalazartupsicologa
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