Desde el exilio en España, el escritor Sergio Ramírez conversa sobre su histórico ingreso a la Real Academia Española, el desafío de habitar Nicaragua a través de la memoria y el futuro de Centroamérica Cuenta.
Desde el exilio en España, el escritor Sergio Ramírez conversa sobre su histórico ingreso a la Real Academia Española, el desafío de habitar Nicaragua a través de la memoria y el futuro de Centroamérica Cuenta.

Escritor, periodista, político y abogado de origen nicaragüense, se nacionalizó español en 2018. Sergio Ramírez es la voz que clama en el exilio por una Nicaragua que lleva en el alma, la tierra que le vio nacer y que hoy por hoy es dominada por el autoritarismo de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Es el idioma español -entre otras cosas- el que lo mantiene unido a esa cultura nica que tanto añora, y por la que sigue adelante construyendo memoria, promoviendo identidad y denunciando injusticias a través de las letras, a través de cuanta plataforma se lo permita.
Y es precisamente en la tierra de Cervantes, que la vida le ofrece una nueva trinchera desde donde continuar su conexión con la patria de Rubén Darío. Hace solo unos días, fue anunciada públicamente su incorporación a la Real Academia Española (RAE), para ocupar la silla L que dejó vacante Mario Vargas Llosa (1936-2025).
Menudo reto, pero todo un privilegio. Para él, según nota de la agencia EFE, este nuevo capítulo de su trayectoria es un verdadero homenaje para Nicaragua.
«Miles de nicaragüenses están viendo esto como un homenaje a mi país, un homenaje a Nicaragua, a su cultura, a su lengua y sé que me están acompañando en este gran momento de mi vida», expresó en Ciudad de Panamá, el marco de la más reciente edición del festival Centroamérica Cuenta, fundado por él en 2013, en Managua.
Por supuesto, desde que se planteó su llegada a la Academia hubo voces que reprobaron tal decisión, críticas que no causan escozor en el ganador del Premio Cervantes de las Letras 2017, quien tiene ya muy claro a quién dedicará su discurso durante el evento oficial de la RAE.
El autor de Tongolele no sabía bailar y Adiós muchachos respondió a un conjunto de preguntas de eldiariodehoy.com sobre esta nueva etapa de su vida, que se escribe desde el exilio.
Usted ingresa a la RAE en un momento en que vive fuera de Nicaragua. ¿Se puede habitar un país desde el idioma cuando ya no se puede habitar físicamente?
Hay dos maneras de habitar un país al que no se puede regresar: la memoria y la lengua, y ambas están íntimamente ligadas. Pero la lengua es un organismo vivo, y al dejar de oír la propia, la que tiene ese indeleble color local, queda la lengua de la memoria, que no se alimenta ya de la oralidad sino de los recuerdos.
¿El exilio le ha cambiado el español? ¿Ha descubierto palabras, tonos o silencios que antes no estaban en su escritura?
Mi español es ahora el español peninsular, mi instrumento de comunicación, y tras cinco años aún estoy aprendiendo a manejar las expresiones locales, los sinónimos de las palabras que reponen a las mías de Nicaragua. Pero penetrar a fondo en un idioma no es sencillo, aunque sea el mismo. Pasarme del “vos” al “tú”, por ejemplo, o cambiar el “pendejo” por el “gilipollas”…

En su obra, la memoria ha sido central. ¿Cómo se escribe la memoria de un país que sigue ocurriendo, pero al que no se puede volver?
A eso me refería antes. La lengua se renueva cada día, y yo no estoy allá para escuchar como mi español nicaragüense se va alterando, se van renovando los términos, las expresiones; todo eso ocurre en la dinámica de la calle, en la conversación diaria. Siempre me impresiona recordar que los sefarditas expulsados de España por los reyes católicos y que terminaron asentados en Jerusalén, publican aún un periódico escrito en el español del siglo de oro. Así que debo valerme de la memoria, donde quedó ese español mío que dejé de oír hace cinco años.
¿Siente que ahora escribe más para América Latina o más para un lector universal? ¿El exilio amplía o desarraiga la voz?
La amplía, sin duda. La ventaja que tengo es que escribo en un español de centenares de millones de personas, y el exilio no me ha hecho perder mi lengua, sino multiplicar sus posibilidades. Imaginate, poder ser leído en California y en la Tierra del Fuego, en Santo Domingo y San Salvador, en Maracaibo y en Cádiz, en Salamanca y en Cali. Cuando Milan Kundera fue prohibido en Checoeslovaquia perdió su lengua y terminó pasándose al francés.
La silla que ocupa en la RAE perteneció a Mario Vargas Llosa. ¿Qué diálogo —literario o ideológico— siente que se establece entre esa herencia y su propia trayectoria? ¿Con qué expectativas llegar a la RAE?
No deja de ser incomodo sentarse en la silla de un escritor tan poderoso y trascendental. Pero veo a Vargas Llosa como un maestro literario, del que aprendí y seguiré aprendiendo; como voy a dedicar mi discurso de ingreso a su obra, en los meses venideros me dedicaré a hacer un curso intensivo sobre sus novelas, releyéndolas. Un clásico decía, Italo Calvino, es aquel capaz de enseñar algo nuevo a cada nueva lectura. Y Mario es un clásico.
Centroamérica Cuenta ha sobrevivido incluso fuera de Nicaragua. ¿Puede la cultura sustituir, aunque sea simbólicamente, a un país que se cierra? ¿Cuáles son los retos del festival luego de esta edición 2026, con el contexto socio-cultural que enfrentamos en el presente?
Centroamérica Cuenta fue pensado como un festival que diera un escenario a la literatura de la región, desde Managua. Cuando se nos cerraron las puertas allá lo que hicimos fue emigrar y procurar sedes alternas, lo cual se convirtió en una ventaja, porque multiplicamos los focos de atención y también el público; ya van doce años y ahora tenemos un festival de alta calidad, que seguirá creciendo.
Si tuviera que definir hoy a Nicaragua en una sola imagen literaria —no política—, ¿cuál sería?
Estos versos de Allá lejos, el poema de Rubén Darío:
«Buey que vi en mi niñez echando vaho un día
bajo el nicaragüense sol de encendidos oros,
en la hacienda fecunda, plena de armonía
del trópico; paloma de los bosques sonoros
del viento, de las hachas, de pájaros y toros
salvajes, yo os saludo, pues sois la vida mía…»
2026 – Todos los derechos reservados
La realidad en tus manos
Fundado en 1936 por Napoleón Viera Altamirano y Mercedes Madriz de Altamirano.
Facebook-f Instagram X-twitter11 Calle Oriente y Avenida Cuscatancingo No 271 San Salvador, El Salvador Tel.: (503) 2231-7777 Fax: (503) 2231-7869 (1 Cuadra al Norte de Alcaldía de San Salvador)
📞 +503 7854 0662
✉️ anunciate@elsalvador.com